<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777</id><updated>2012-02-10T09:57:07.963+01:00</updated><title type='text'>ciruelas pasas</title><subtitle type='html'>"Es peligroso inventar cuentos. Si resultan buenos terminan por hacerse realidad, después de un tiempo se trasmiten, y entonces ya no importa si fueron inventados, porque siempre habrá alguien que después los haya vivido".
Edgardo Cozarinsky</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>96</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-315229984480691810</id><published>2011-12-12T17:59:00.014+01:00</published><updated>2011-12-13T00:45:00.268+01:00</updated><title type='text'>Rumbo sur</title><content type='html'>En la mañana del 15 de junio de 1923, el médico Edward Murphy, hijo de Nevil Murphy, quien fuera miembro distinguido del Ejército Republicano Irlandés en la guerra anglo-irlandesa (1919-1921), y  nieto por vía materna, del Dr. Liam Kilkenny, celebrado autor de “Principles of Anesthesia for Toraxic Surgery” llegaba a Buenos Aires a bordo del buque mercante “King George”, tras una travesía iniciada en Plymouth, y ralentizada por las inclemencias del tiempo, y el inesperado óbito del capitán de la nave. Los motivos de su arribo a orillas del Plata siempre quedaron empañados por la bruma y la especulación, barajándose hipótesis de lo más variado. De éstas, quizás la de mayor arraigo sea aquella que le atribuye un amor imposible con una prima hermana suya quien, según se cuenta, terminaría casándose con el hijo de un parlamentario británico y trasladándose a vivir a Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edward, como buen irlandés, era un tipo alto y cargado de hombros, tenía una cara chata salpicada de pecas en la que destacaba una nariz puntiaguda, y peinaba un rebelde cabello  pelirrojo mate. Sin embargo, y por razones que originariamente se escapan, de aquí en los sucesivo sería coloquialmente conocido como “el polaco” aún cuando, a modo de mimetizarse con el nuevo paisaje, mutara su nombre por el de Evaristo Mondragón, y tiñera el pelo de negro. De poco le valió adornarse con un espeso y oscuro bigote, aunque esto lo hiciera siguiendo los criterios de la moda imperante, y no para aparentar lo que no era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se supone que “El polaco” debió de llegar de Irlanda con algún buen dinero porque, a las pocas semanas de su desembarco, compró una casa en el barrio de Balvanera en la que habilitaría un consultorio. La propiedad era relativamente grande, de estilo francés, y constaba de dos puertas de acceso: una primera que daba a la calle, y otra a la que se accedía a través de un zaguán. De este modo, uno podía ingresar en la casa sin pasar por la consulta, y viceversa. &lt;br /&gt;La modesta barriada, a dos pasos de la calle Corrientes,  estaba por aquel entonces conformada por gente sencilla, por inmigrantes de todas las procedencias, desde armenios hasta judíos, pasando por eslavos, alemanes, italianos o españoles, que continuaban llegando a la Argentina escapando de persecuciones o atraídos por las oníricas perspectivas de un rápido enriquecimiento. En semejante contexto, de vida dura y ganancias exiguas, costaba mucho progresar. Por eso, o tal vez por razones más oscuras y que tienen que ver con la compensación de sus sufrimientos pasados, el Polaco se comenzó a relacionar con gentes de pésima reputación; con polacos de veras, que se habían asociado en torno a una organización llamada Varsovia, y que más tarde sería conocida con el nombre de Zwi Migdal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien no queda del todo claro el papel del Dr. Mondragón en los inicios de su colaboración con esta banda de proxenetas, resulta aceptable razonar que debió ocuparse de la interrupción de embarazos no deseados y demás aspectos relacionados con la profilaxis sexual de las pupilas. De lo que caben pocas dudas, es de que debió ser muy eficiente en su tarea porque, ya a mediados de 1924, la policía maneja un importante dossier sobre el personaje, resaltando dos hechos singulares: que en tan breve espacio de tiempo se granjeara la estima del mismísimo Noé Trauman, con quien se le veía frecuentemente por los Cafés de Talcahuano, Junín y Libertad, y que, le llamaran el Polaco, cuando su documentación lo identificaba como Evaristo Mondragón, médico de profesión y nacido en Buenos Aires de padres vascos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Dr. Mondragón, o el Polaco si se prefiere, se enriqueció muy deprisa. En el transcurso de pocos años, adquirió varios inmuebles en la ciudad, una quinta a las afueras,  y le gustaba pasearse a bordo de un Ford último modelo manejado por un chófer filipino (las malas lenguas les llegaron a vincular sentimentalmente). Se tiene también constancia de que realizó numerosos viajes al interior del país, a Rosario y otras localidades de la provincia de Santa Fé, donde el grupo regentaba una red de burdeles, e incluso hubo quiénes lo vieron asistiendo al “remate” de mujeres en algún hotel de mala muerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así siguieron las cosas hasta que, en 1929, una prostituta, Ruchla Laja Liberman “la polaquita”,  denunció a la Zwi Migdal ante la justicia. A pesar del enorme poder de la organización, y los pagos que realizaba desde mucho tiempo atrás a policía y miembros de la judicatura, el juez Manuel Rodríguez Ocampo investigó la denuncia ordenando el allanamiento de la sede de la banda, el 30 de mayo de 1930, y decretando el  ingreso en prisión preventiva de numerosos miembros del clan mafioso. Para entonces, el Polaco llevaba varias semanas huido en Uruguay, de donde ya no regresaría, y donde su cadáver sería descubierto, cuatro meses más tarde, sobre la arena de la playa de Carrasco, cosido a puñaladas, y con documentos falsos a nombre de Norberto Varela, natural de la provincia argentina de Córdoba &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notificadas sin premura las autoridades argentinas, éstas identificaron al finado como el Dr. Evaristo Mondragón, dirigiendo las investigaciones hacia un seguro ajuste de cuentas a cargo de sus antiguos socios. De su parte, la policía uruguaya se decantó por la teoría de una acción de la mafia marsellesa, que veía como una amenaza el desembarco, en aquella orilla del Plata, de sus competidores porteños. Sea como sea, el crimen nunca fue esclarecido, y el cadáver fue enterrado en una fosa anónima, sin honores, flores ni asistentes, en un cementerio del que hoy ha nadie se acuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-315229984480691810?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/315229984480691810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/12/rumbo-sur.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/315229984480691810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/315229984480691810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/12/rumbo-sur.html' title='Rumbo sur'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2817619730624447577</id><published>2011-12-07T13:07:00.052+01:00</published><updated>2011-12-12T00:51:32.134+01:00</updated><title type='text'>Una historia romana</title><content type='html'>Hará unos cuatro años, mi amigo Sebastián Liuzzi, descendiente de los generales Guido y Giorgio Liuzzi, me escribió de París, anunciándome el envío de una primera edición de “Sociologia delle Religioni”, de Umberto Cassuto (Turín, 1929). Por aquél entonces, yo apenas sabía nada del autor, y mis únicas referencias se reducían a su origen florentino y a que, durante un tiempo, había coincidido con Scholem en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Por encima de estas consideraciones y el interés que me suscitaba el título, lo que me fascinó de inmediato, fue la presencia física del libro: cosido a mano, y encuadernado en cuero negro y oro, con una delicadeza de artesano hoy fatalmente desaparecida. Esta atracción visual me empujaba irremisiblemente a acariciarlo, a palpar la suavidad de su piel y notar en la punta de los dedos la depresión de las letras de la cubierta y el lomo. Según me contó Sebastián, lo había adquirido en una librería del distrito XVI, regentada por un viejito de nombre Moïsse Gabbay, y que le fuera recomendada por su primo Michel. Más tarde supo, conversando con el anciano, que el local era frecuentado por gente como Pierre Vidal-Naquet o Maurice Molho, y observó, sobre la gran mesa que utiliza de escritorio, una foto enmarcada en la que el viejo posa sonriente junto a Erwin Panofsky. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de manosearlo un rato por fuera, finalmente abrí el libro y empecé a hojearlo, al azar, yendo y viniendo de atrás para adelante y de adelante hacia atrás. Algunas hojas estaban pegadas, supuse que a efectos de la humedad contenida durante décadas, y me entretuve en separarlas, cuidadosamente, con miedo a rasgarlas. Cuando casi estaba acabando, me topé con un grupo de unas ocho o diez que me dieron un mayor trabajo y que encerraban una sorpresa del todo inesperada. En el interior de las dos últimas (las del centro), apareció un papel, pequeño, contenido en medio de ellas como dentro de un sobre. Lo tomé en mis manos y lo examiné. De inmediato comprobé que era una breve carta, doblada en dos sobre una cuartilla, y escrita, en italiano y a lápiz rojo (ahora presentaba un aspecto amarronado) por ambas caras. Estaba fechada en Fossoli el 28 de mayo de 1944, y al dorso presentaba la rúbrica de un tal Vittorio Pacifici. La caligrafía era esmerada, y presagiaba un alto grado de instrucción en quién la había escrito, pronóstico que quedaría confirmado en cuanto comencé a leerla. Con pulcra sintaxis, Vittorio Pacifici reiteraba su amor hacia su amada, Adela, y se despedía ante la eminencia de su involuntario traslado hacia algún lugar del Este de Europa, y ante la más que probable imposibilidad de poder hacerlo en el futuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Releí la carta varias veces, sin conseguir despegarme del cierto ánimo metafísico que me había provocado la primera lectura. Quedé pensativo y callado, quieto, con la mente retrocediendo a un tiempo pasado que no viví, y empatizando con desgracias ajenas que pudieron ser mías. A fin de cuentas, mi familia escapó por lo pelos de similares destinos. Al irse diluyendo estas sensaciones, me entregué a la pragmática tarea de averiguar todo lo que pudiera sobre Vittorio y Adela. Llamé a mi amigo Sebastián (albergaba la paranoica hipótesis de que la inclusión de la carta en el libro hubiera sido idea suya), visité numerosas páginas de Internet, y pregunté en mi entorno familiar, tanto en Argentina como en Italia. De todas estas indagaciones no saqué nada en claro. Apenas algún recuerdo vago sobre alguien de apellido Pacifici pero que no coincidía con Vittorio. Finalmente, me puse en contacto con la Comunidad Judía de Roma donde, tras diversas comprobaciones respecto a mi identidad y los motivos de mi consulta, accedieron a compartir la información de la que disponían. Así conseguí saber que Vittorio Pacifici había nacido en Roma el 5 de enero de 1910, ejerció como abogado hasta la instauración de las Leyes Raciales, y murió en Auschwitz en una fecha sin determinar (es viable suponer que allí conociera a Primo Levi). Referente a  Adela, no figuraba nadie con ese nombre en sus registros de la época. “Seguramente fuera católica”, me dijeron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo cuando al año siguiente viajé a Roma, y mostré la carta a uno de los principales dirigentes de la colectividad, tuvieron a bien a darme un dato adicional de suma importancia: en la ciudad, aún vivía una prima hermana de Vittorio. A petición mía, el propio Dr. Sereni la telefoneó al momento, concertándome un encuentro para aquella misma tarde. La nonagenaria señora, hija de un hermano del padre de Vittorio, residía en el Prati, en una distinguida vivienda de principios de siglo, que compartía con su hijo, notario como el difunto padre, y su nuera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiel a mis costumbres, llegué puntual a la cita, toqué el timbre, y una persona del servicio me escoltó hasta el salón, donde la familia me estaba esperando. Me saludaron con cordialidad, invitaron a tomar un té, y sin mucho más preámbulos, leyeron por turnos la carta que les ofrecí. Se emocionaron, y la nonagenaria comenzó a narrarme la historia de los suyos, siguiendo su propia jerarquía de recuerdos. Mientras lo hacía, me iba mostrando antiguas fotos en blanco y negro, y por primera vez pude ver cómo había sido Vittorio, su primo favorito, siete años mayor que ella y a quien siempre consideró como un hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con renovadas lágrimas en los ojos, doña Natalia no dejaba de apretarme repetidamente las manos y de darme las gracias por lo que estaba haciendo. Los demás se sumaron al agradecimiento, y yo tuve que esforzarme en no sucumbir a lo emotivo del momento. Consciente mi incomodidad y con el propósito de desdramatizar el instante, el hijo, Arnaldo, propuso que fuéramos a cenar al viejo ghetto, a un restaurante casi pegado al Portico D’Ottavia. No tenemos que ponernos tristes, dijo, añadiendo que yo era su invitado de honor, y no podía negarme a las excelencias de la cocina judía romana. Lejos de oponerme, acepté encantado, disfruté de una velada entrañable, y terminé ganando tres nuevos amigos en la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El año pasado, mediante un llamado telefónico, Arnaldo me comunicó el fallecimiento de su madre. Cumpliendo con una de sus últimas voluntades, la carta del primo pasó a formar parte de los fondos del Museo Ebraico de Roma, donde aparece expuesta junto a una tarjeta informativa en la que se lee: “Donazione di Guido Finzi”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Adela, nunca nada se supo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2817619730624447577?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2817619730624447577/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/12/una-historia-romana.html#comment-form' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2817619730624447577'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2817619730624447577'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/12/una-historia-romana.html' title='Una historia romana'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3119742327439801976</id><published>2011-11-25T02:16:00.023+01:00</published><updated>2011-11-25T03:31:52.566+01:00</updated><title type='text'>Green tea</title><content type='html'>Bernardo levantó suavemente la sábana y la miró con detenimiento. El pelo rubio desteñido, la pintura de los labios saliéndose de sus bordes y unos muslos que exhibían celulitis bastaban para no acordarse de lo que más le llamó la atención cuando la conoció, hacía escasamente ocho horas: la protuberancia de los pezones y su cara de viciosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntaba, asombrado, cómo podía seguir durmiendo; con la incómoda luz matutina entrando sin vergüenza por la ventana, los pajaritos trinando endemoniados y los jardineros de la urbanización recortando setos y podando ramas ,sierra mecánica en mano, con más entusiasmo que el protagonista de La Matanza de Texas. Apenas eran las nueve y diez de la mañana de un sábado, y sólo faltaba que llamaran al timbre los  Testigos de Jehová para hablarle de Dios y la salvación del mundo. Como no era una posibilidad del todo descartable, y tampoco que su ocasional pareja se despertara con la idea de ducharse juntos, Bernardo buscó sus calzoncillos y se encaminó a la cocina a preparar café y meterse bajo el agua antes de que sus temores se cumplieran. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Activado por la ducha caliente y la cafeína, volvió a su cuarto para ver las evoluciones oníricas de la marmota. Ésta continuaba roncando, emitiendo extraños sonidos y moviéndose con una leve agitación, igual que hacen los cachorros de perro. “Esto va para largo” pensó, y decidió bajar a comprar el periódico. &lt;br /&gt;Repasadas las necrológicas, la programación de las distintas cadenas televisivas, y resuelto los dos crucigramas; el fácil y el difícil, Bernardo permaneció un buen rato mirando a la hembra, que más que dormir parecía haberse muerto sobre su cama. Anoche la había imaginado más delgada y sonrió al pensar que tal vez se estaba convirtiendo en un hombre de gustos “más amplios”. Pero llevaba tantos meses sin sexo que se decidió darle de comer a la nutria como fuera. Además, siempre podía justificarse diciendo que había poca luz o que el Jack Daniel’s era de garrafón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, pasadas las diez y media, la  bella durmiente abrió los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me encanta que me miren mientras duermo, es tan romántico…-  fueron sus primeras palabras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso era más de que él podía resistir, así que le dedicó una falsa sonrisa y fue a buscarle un café, a ver si tenía el buen gusto de tomárselo rápido y largarse. Regresó enseguida, con una taza humeante y la esperanza de que entendiera que el romanticismo estaba sólo en su mente, y que no iban a compartir un desayuno con jugo de naranja y tostadas mientras se acariciaban las manos y miraban a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Café?  Ahgggg, yo tomo té verde; es que es bueno para perder grasas y mantener la línea – dijo mientras pasaba sus manos por las caderas con supuesta sensualidad&lt;br /&gt;- Aahhh, pues yo sólo tengo café&lt;br /&gt;- Entonces podríamos desayunar fuera ¿no? ¿O vos querés que juguemos otro poquito?- propuso con picardía la musa de Botero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que él no quería jugar, pero llevaba tanto tiempo sin desahogarse, que no tuvo espíritu para negarse. Un rato después, ya satisfechos y aseados, bajaron a la calle a desayunar en una de esas cafeterías modernas, con mucha formica e iluminada como un laboratorio, donde se suelen citarse las minas con sus amigos gays para charlar de trapos, bolsos y de lo cabrones que son sus novios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas ocho meses más tarde, Bernardo y Claudia se casaron, y al año y medio tuvieron su primer hijo: Adriáncito.  Tal vez hoy en día los dos se quieran, e incluso coman  perdices pero Bernardo, de tarde en tarde, todavía se pregunta en cómo habría cambiado la historia si, aquella mañana de sábado, hubiera tenido té verde en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3119742327439801976?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3119742327439801976/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/green-tea.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3119742327439801976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3119742327439801976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/green-tea.html' title='Green tea'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6066871006663582305</id><published>2011-11-21T18:54:00.004+01:00</published><updated>2011-11-21T18:58:40.050+01:00</updated><title type='text'>Chau, flaco</title><content type='html'>Era uno de esos días calurosos de febrero, en los que el sol pegaba como si le debieran dinero, la camisa se adhería a la espalda y los calzoncillos se arrugaban con terquedad en torno a la parte alta de los muslos. Por las calles apenas transitaban vehículos, el asfalto exhalaba un ligero humo con tufo de alquitrán, y el género humano se protegía tras las persianas de sus casas o al amparo del aire acondicionado de cualquier bar.  Así pintaba la tarde cuando mi amigo Enrique Sabán abandonó su domicilio, indiferente a los inhóspitos rigores veraniegos, y con su típico andar de mano derecha en el bolsillo y sus pies marcando las dos menos diez.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Yo a esas horas estaba sentado en el Café Saigón, que a pesar del nombre pertenecía a un vasco, tomando cerveza, escribiendo cualquier cosa en una libreta y, sobre todo, mirando por la ventana. Cuando Enrique pasó por delante por el ventanal al que daba mi mesa, choqué mis nudillos contra el vidrio y le hice señas de que entrara. No es que fuéramos amigos del alma pero, nos conocíamos desde chicos. Vivíamos en el mismo barrio, fuimos compañeros en el colegio judío, aunque el iba un grado adelantado, y coincidíamos a menudo en la sinagoga con nuestras familias. Éramos un par de buenos muchachos de la Cole a los que la vida y la vida habían tocada de manera desigual. Enrique, no sólo había heredado la fábrica textil de sus padres sino que también ganó, seis años atrás, una importante suma en la lotería. Para compensar, como si alguien allá arriba o muy abajo se sintiera celoso, perdió a su mujer en un accidente automovilístico, con el agravante de que se encontraba embarazada de siete meses. Desde entonces, y ya iba para casi medio lustro, Enrique parecía regodearse en la autocompasión y en una resignada soledad no exenta de resentimiento, pero no hacia la gente, sino hacia D-os y la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿qué hacés con este calor en la calle? – le pregunté cuando lo tuve delante&lt;br /&gt;- Nada, salí a pasear….- contestó desganado, levantando los hombros&lt;br /&gt;- Andá, sentate y tomá algo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obedeció y pidió lo mismo que yo, una cerveza&lt;br /&gt;- Hace mucho que no te veía. Bueno, en realidad, hace mucho que no veo a nadie……..¿seguís escribiendo? – me preguntó&lt;br /&gt;- Sí, qué remedio……estoy ultimando un artículo para el diario, dándole duro a mi próxima novela y colaborando con un guión de cine…..también me salió una cosita para televisión….&lt;br /&gt;- Eepa, vas a morir de éxito, flaco&lt;br /&gt;- De éxito no, de agotamiento&lt;br /&gt;- ¿Y a vos? ¿cómo te va con la fábrica?&lt;br /&gt;- Pse, los coreanos nos están jodiendo……a la gente sólo parece importarle el precio y no la calidad….todo lo que ellos fabrican es schmate pero les da lo mismo…..fijate cómo va la gente vestida y decime si no da pena….ahora hasta los que tienen plata van como crotos…..es un desastre&lt;br /&gt;- Y, sí………- respondí por empatía y comprobando aliviado que, casualmente, ése día me había vestido con cierta elegancia&lt;br /&gt;- De todas formas…..poco me importa…….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió un silencio breve y difícil hasta que de repente me preguntó: &lt;br /&gt;- ¿seguís con Sandra?…………se llamaba Sandra ¿no? &lt;br /&gt;- Sí &lt;br /&gt;- ¿Les va bien?&lt;br /&gt;- Sí – respondí casi avergonzado&lt;br /&gt;- No tienen hijos ¿no?&lt;br /&gt;- Estamos esperando el primero&lt;br /&gt;- Te felicito&lt;br /&gt;- Gracias - le dije, sintiendo una punzada de culpa &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temí que me dijera algo del tipo: “el mío ahora tendría casi cinco”, así que decidí cambiar de tema, por temor a sus palabras o a la falta de ellas. Fue justo entonces que sonó su celular. Se levantó de la mesa y caminó hacia el fondo del local para hablar. Cuando regresó, apenas un minuto después, se despidió de mí con un enérgico apretón de manos.&lt;br /&gt;- Me tengo que ir…….me alegro de haberte visto – me dijo &lt;br /&gt;- Yo también&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través del cristal lo vi parar un taxi y saludarme con la mano y una sonrisa franca antes de montarse al vehículo. No sé quién le llamó ni hacia dónde se dirigía pero nunca llegó a destino; su taxi fue embestido lateralmente por un camión en un cruce a cuatro cuadras, y Enrique murió en el acto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando pienso en ese día, no puedo abstraerme de un halo místico presente en todos mis pensamientos, preguntándome cómo pude yo influir en la pauta seguida por los acontecimientos hasta el fatal desenlace, y el significado de habernos encontrado precisamente aquella tarde, tras años sin vernos. No tengo respuestas. Sólo preguntas, y la imagen de su sonrisa y su mano, despidiéndose de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6066871006663582305?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6066871006663582305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/chau-flaco.html#comment-form' title='26 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6066871006663582305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6066871006663582305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/chau-flaco.html' title='Chau, flaco'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3992799148854040585</id><published>2011-11-02T22:35:00.023+01:00</published><updated>2011-11-17T03:12:33.547+01:00</updated><title type='text'>Courage</title><content type='html'>Se llamaba Jean Bourriaud. Algunos lo conocieron como Pierre Roche y otros, como Michel Dusautoir, Roland Clerc o “André” o “Henri”, o por cualquiera de los alias que utilizó. Había nacido en 1919, en Cergy (Val-d’Oise), localidad cercana a París donde sus padres poseían una imprenta. Tuvo una infancia normal y, a los 18, ingresó en la Sorbona para estudiar Derecho. A finales de 1940, abandona sus estudios e ingresa en la Resistencia, dedicando todos sus esfuerzos en la lucha contra los nazis. Según cuentan quienes le trataron en aquella época, Borriaud era un tipo alto y delgado, enérgico, tosco, desconfiado y dueño de un carisma que hacía estragos entre la gente. Por eso a nadie extrañó que, pese a su juventud, muy pronto se convirtiera en líder regional del movimiento. Él y sus hombres se ocupaban no sólo de actos de sabotaje cada vez más temerarios sino, también, de la ejecución de colaboracionistas, la falsificación de documentos para los judíos, la organización de vías para que pudieran escapar, o la búsqueda de escondites para eludir las redadas. Sin in más lejos, mi tío-abuelo Carlo, Carlo Finzi, quien en esos años vivía en París y pretendía ser pintor, pudo salvar su vida gracias a un falso pasaporte argentino, a nombre de Juan Carlos Olgiatti, que le había sido proporcionado la red que dirigía Borriaud. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue precisamente gracias a él, a mi pariente, que yo supe de la experiencia de este héroe francés. Según nos contaba  (aprovechaba cualquier reunión familiar para retomar el tema), al acabar la II Guerra Mundial, le dedicaron una calle en el distrito XVII, muy cerca del Parc Monceau, y fue condecorado por el general De Gaulle con la Cruz de la Liberación. En los siguientes años, Bourriad llevó una vida tranquila, compaginando su actividad profesional de abogado, con el mantenimiento de la imprenta fundada por sus padres. Y así continuó hasta mediados los cincuenta, en que colaboró activamente en la organización de Henri Curiel de asistencia al FLN argelino, convirtiéndose en su mano derecha. Con motivo de ello, fue tachado de traidor, su nombre se retiró de la calle que le habían dedicado, y se exilió secretamente en Bélgica, desde donde continuó con la lucha. A pesar de que Argelia logró su independencia en 1962, Borriaud no regresó a Francia hasta 1964. Sabía que su vida estaba en peligro, que las amenazas de muerte de la OAS seguían vigente, y que las fuerzas de seguridad del Estado no iban a tomarse demasiadas molestias por protegerlo. De ahí que su vuelta se redujera a unas pocas semanas; lo suficiente para liquidar sus bienes y largarse a otra parte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un tiempo nadie volvió a saber de él, hasta que aterrizó en Buenos Aires. Transcurría el año 1967, y Bourriad se instaló como fabricante de pinturas bajo la identidad de Roland Clerc, natural de Lyon. Las cosas le fueron bien. El negocio prosperaba, se casó con una argentina de ascendencia armenia, y tuvieron dos hijos: Michel y Carina. En 1976, con la llegada de la Junta Militar presidida por Videla, Roland Clerc y su familia parten para Francia. La idea era permanecer en París durante un tiempo, a ver cómo evolucionaban los acontecimientos. Pero las noticias que llegaban eran malas, y Roland se impacientaba. Si en su juventud había luchado contra el nazismo, y después contra el colonialismo, no iba a quedarse ahora de manos cruzadas contra una dictadura de corte fascista en el país de su mujer e hijos. Por desgracia, en ésta ocasión no pudo hacer nada: dos días antes de retornar a la Argentina, fue asesinado al salir de una farmacia de la rue Copernic. De acuerdo a los testimonios de testigos presenciales, un par de tipos, con pasamontañas, bajaron corriendo de un Peugeot, y le dispararon un total de seis tiros antes de escapar en el mismo vehículo. La acción duró apenas unos segundos, y la víctima ingresó ya cadáver en el hospital. Nadie se atribuyó la autoría del atentado, y aunque nunca se detuvo a los culpables, las sospechas recayeron sobre la OAS o un grupo perteneciente a los servicios secretos franceses, y denominado “La Main Rouge”. &lt;br /&gt;Menos de dos años más tarde, su amigo Henri Curiel corrió idéntica suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, cuando ya pasó más de un cuarto de siglo de su muerte, todavía me sorprendo cada vez que paso en el auto por Juan B. Justo y Warnes, y veo el apellido Borriaud pintado en rojo sobre la pared blanca de la fábrica de pinturas. Pienso en todos los que transitan por allí a diario y ése nombre no les dice nada, en aquellos que salvaron la vida gracia a su valentía y, sobre todo, en sus clientes que a buen seguro se preguntan: ¿Por qué carajo se llamará Pinturas Borriaud, si el dueño es un pendejo que se llama Michel Clerc?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.youtube.com/watch?v=vRzrwcVhhzw&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3992799148854040585?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3992799148854040585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/je-sais.html#comment-form' title='31 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3992799148854040585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3992799148854040585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/11/je-sais.html' title='Courage'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>31</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4712489141253536647</id><published>2011-10-25T18:26:00.027+02:00</published><updated>2011-10-29T15:13:08.970+02:00</updated><title type='text'>Solo</title><content type='html'>Como cualquier boludo, pensé que la mejor forma de olvidar la reciente ruptura con mi novia, era encamarme con todas las minas que pudiera. Para ello, recuperé el contacto con antiguos compañeros crápulas que hacían de la noche su forma de vida, visité sombríos tugurios donde las conversaciones eran cortas y las preguntas mínimas, y abusé del alcohol sin conciencia. Y no es que estuviera enamorado de Natalia, pero era la única mujer que tenía, y no me gustó nada perderla. “Vos no querés compromisos, Guido. Ni siquiera tenemos un perro en común…”, me reprochaba a menudo. Pero yo no atendía a esos avisos, y me dejaba llevar por la placidez de una relación que no me apasionaba pero tampoco daba quebraderos de cabeza. Pensaba que era yo quién tenía la sartén por el mango, y que todo terminaría cuando yo lo decidiera. Me equivoqué. Así que un día me dejó, y ni siquiera podía reprochárselo. Sólo le repliqué con un poco convincente “¿lo pensaste bien?”, al que ella ni siquiera se tomó la molestia de contestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé, exactamente, qué fue lo que me sacó de aquél pozo de excesos en el que me iba hundiendo. Quizás el remordimiento, o el miedo a traicionar los valores que me habían inculcado en mi familia, o acaso la mala conciencia por haber dejado escapar a una muchacha buena, alegre y sencilla, que no pedía demasiado a la vida. Que la quisieran, y poco más. No sé. El caso es que un buen día, sin nada aparente que lo diferenciara de los anteriores, me duché, afeité, y plantado ante el espejo decidí serenarme, volver a mis rutinas de sueño y comidas, abandonar los malos hábitos, las pocas recomendables compañías y, en definitiva, reencontrar mi equilibrio. Afortunadamente no me resultó difícil. El tiempo de desbarajustes no había sido excesivo como para crear una dinámica y, en consecuencia, mis vicios seguían siendo controlables. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debía llevar apenas una semana de vuelta a la normalidad cuando, una noche, recibí una inesperada llamada. Nadie me llama a esas horas (pasaban de las doce) así que, lo primero que pensé, fue en alguna desgracia familiar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Holá? –  atendí temoroso &lt;br /&gt;- Habla Susana, Susana Vélez ¿Cómo andás, che? ¿te acordás de mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que me acordaba, aunque no entendía porqué carajo me llamaba un día de entresemana, a medianoche, y después de más de tres años de habernos visto por última vez. También me preguntaba quién le habría dado mi número de teléfono. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Guido? ¿estás ahí? - preguntó, impaciente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No, boluda, estoy en Sebastopol”, me dieron ganas de decirle. En vez de eso, contesté que claro, que cómo iba a olvidarme de alguien como ella. Y era verdad. Cómo no acordarme de una mina que, aparte de estar muy buena, pasó conmigo la noche previa a su casamiento. Hasta me acordaba del novio: un rico estanciero de Santa Fe que se había enriquecido con el cultivo de la soja. No era gran cosa: petisito, medio pelado, adicto a las camisas hawaianas, al oro (cargaba no menos de medio  kilo de oro entre su Rolex, una gruesa pulsera con el nombre grabado y un collar del ancho de un dedo meñique), y a los autos y mujeres grandes (como buen petiso). Un tipo tan poco atractivo, que su anacrónico bigote apenas hacía mella en su lucha a muerte contra el ideal de Apolo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Imagino que te sorprenderá mi llamada ¿no?…&lt;br /&gt;- ¡ No sabés cuánto ¡ – exclamé en tono cínico&lt;br /&gt;- Te explico: es que hace un año me separé de mi marido, y entonces, como no sabía qué hacer, me vine a vivir a Buenos Aires con mi hermana Blanca..&lt;br /&gt;- ¡ Qué interesante ¡ - la interrumpí con simulado interés&lt;br /&gt;- ¿Víste? bueno el caso es que justo ayer me dieron el divorcio…y como esto es algo que a una no le pasa todos los días…decidí celebrarlo haciendo una flor de fiesta en una quinta&lt;br /&gt;- Aahh, ¿así que esas cosas se celebran? Mirá vos…¡ qué cosas ¡&lt;br /&gt;- Y claaaro, ¿no sabés que es de lo más “in”? Ay, Guidito, que me parece que vos estás totalmente “off”&lt;br /&gt;- Debe ser eso – consentí &lt;br /&gt;- La fiesta va a ser el próximo sábado…¿Tenés para apuntar la dirección?&lt;br /&gt;- Sí – mentí – decime&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dictó una dirección de Ramos Mejía, que olvidé incluso antes de despedirnos. Lógicamente no iba a ir, pero me daba menos trabajo decirle que sí y no aparecer, que explicarle porqué tenía por costumbre acudir a fiestas, y mucho menos si la organizaba una tarada con motivo de su divorcio. &lt;br /&gt;Tras colgar, me quedé pensando en lo perdido. Comparé lo estúpido y banal de la reciente conversación con las que mantenía habitualmente con Natalia. La frivolidad de una, y el sentido común de la otra. El olvido de aquella noche de hace tres años, víspera a un casamiento, y las compartidas hasta hace escasas semanas. “Con razón se dice que las comparaciones son odiosas” pensé, y agarré el teléfono para llamar a Natalia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, ya lo sé, tal vez no fuera amor, pero... se le parecía bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4712489141253536647?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4712489141253536647/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/ausencia.html#comment-form' title='26 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4712489141253536647'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4712489141253536647'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/ausencia.html' title='Solo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7544374128846238776</id><published>2011-10-19T02:12:00.007+02:00</published><updated>2011-10-20T18:36:59.644+02:00</updated><title type='text'>Aparecido</title><content type='html'>Era uno de esos grises y abúlicos domingos por la tarde, donde no queda otra que escuchar los partidos, quedar con alguien, o sucumbir al tedio. Para colmo, caía una fuerte tormenta sobre la ciudad, originando destellos eléctricos en el cielo, y un fuerte viento que silbaba por las calles buscando a quien golpear en la cara, lo que convertía en temerario el socorrido acto de dar un paseo. Serían las cinco y diez o cinco y cuarto, cuando mi amigo Pablo Szwarc entró en el Café Lombardo acompañado de otro tipo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdoname, Guido, pero ya sabés cómo se pone el tráfico cuando llueve – se disculpó por el retraso – Mirá, te presento a Carlo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El acompañante era el actor de cine y televisión, Carlo Romanelli. Un flaco cincuentón que iba vestido de punta en blanco, repeinado como si llevara peluca y con unos pequeños anteojos con montura de oro. Nos estrechamos las manos, y me quedé mirándolo unos instantes. Era igual a como salía en las pantallas, con la única diferencia de que la cara le brillaba menos, seguramente por la ausencia de maquillaje. Hasta el traje azul que llevaba parecía el mismo que lucía en su papel de abogado en la serie “Abogacía letal”, donde interpretaba  a un picapleitos que se ponía sus mejores pilchas para salir de noche a ajusticiar a delincuentes absueltos por negligencias judiciales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romanelli me dijo que tenía ganas de conocerme desde que se enteró que era amigo de Pablo, y le pidió a éste que nos presentara. Yo no sabía que decir, así que sonreí con fingida modestia y musité un “muy amable” que sonó poco convincente. A pesar de que a mí no me entusiasmaba sus dotes artísticas (esto no se lo dije), le comenté cuánto me había gustado su papel (esto sí era cierto) en una película de 1997 dirigida por Adrián Rovira titulada “Un hombre sutil para dos mujeres”; una especie de tragicomedia que apenas tuvo éxito de público, pero sí de una crítica que destacó, no sólo la calidad del guión sino, también, las interpretaciones de Romanelli y de una de las protagonistas femeninas, la lindísima y hoy casi olvidada Laura Terán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos a una mesa más grande de la que yo ocupaba. Bebimos y charlamos de nuestras respectivas actividades, minas, fútbol, viajes, perros y vinos hasta que, pasado un buen, Carlo me preguntó, poniéndose serio, si quería saber de un extraño suceso que él había vivido quince años atrás, justo en el mismo local en el que nos encontrábamos. Le contesté que sí, y se quedó callado unos instantes. Supe, por cómo le cambió el semblante y por esa pausa dramática, que fuera lo que fuese lo que le había ocurrido aquél día, le había calado hondo, lo que quedó confirmado por el tono dolido con que me lo narró y que ahora paso a compartir con ustedes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una tarde, pero no domingo sino un día cualquiera de la semana, acaso un martes o miércoles. Él había quedado para cenar con su novia de entonces y, como llegaba con adelanto, entró a tomarse un café. Al no tener apuro, buscó sitio donde sentarse, y encontró libre una pequeña mesa pegada a la pared desde la que se veía la calle. Mientras le traían el café se puso a fumar, y a dibujar cubos en una servilleta de papel, algo que acostumbraba a hacer desde que era un pibe. Enseguida se cansó de geometrías  y empezó a beberse el café a pequeños sorbos, haciendo tiempo y dejándolo reposar para que se enfriara. Justo cuando estaba dándole el último trago, sus ojos se encontraron con los de un hombre que le miraba desde el otro lado de la ventana. Un hombre idéntico a su padre, vestido con el mismo estilo, y que le dedicó una generosa sonrisa, igual a esa tan característica que él tenía y que le marcaba dos profundos hoyuelos en las mejillas. Carlo se quedó tan sobrecogido, que instintivamente cerró los ojos, como un acto reflejo de negación ante lo ilógico de aquella visión. Era imposible que fuera su padre, porque éste había partido cinco días antes hacia Roma y no tenía que volver hasta tres semanas más tarde. El viejo era romano de nacimiento pero no había regresado desde que Mussolini obligó a su familia a abandonar el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque Carlo apenas mantuvo los ojos abiertos unos segundos, cuando los abrió aquél hombre ya no estaba, lo que le dejó más confundido. Pensativo, dejó un billete sobre la mesa, y salió a la calle a buscarlo. Miró a derecha y a izquierda, pero no lo volvió a ver. Encendió entonces un cigarrillo, exhaló una larga calada, más con intención de sosegarse que de disfrutar del tabaco, y echó a caminar hasta el restaurante donde estaba citado. Cenó con su novia, y después fueron a dormir a casa de ella. Durante toda la noche apenas se acordó de lo sucedido en el Lombardo. Sin embargo, sentía una inquietud latente que no le dejaba descansar del todo. Tanto es así que, en cuanto llegó a su domicilio, por la mañana, lo primero que hizo fue acercarse al teléfono. Descubrió con aprensión el parpadeo de la lucecita naranja le indicaba que tenía un mensaje nuevo y levantó el auricular con temor. Escuchó entonces la voz apesadumbrada y entrecortada de su hermano Daniel: “Hola, Carlo, soy Dani…papá murió en Roma…de un infarto…mientras paseaba cerca del Pórtico d’Ottavia, ayer, a eso de las ocho…por favor, llamame lo antes posible”.&lt;br /&gt;Horas más tarde, mientras compartía vuelo de Alitalia con su hermano Daniel y su hermana Rita, Carlo no podía quitarse de la cabeza la reciente imagen de su padre sonriéndole a través del cristal. No sabía explicarlo, tampoco le importaba, pero una cosa le sigue pesando de aquel día: no haberle podido dar un último abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7544374128846238776?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7544374128846238776/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/aparecido.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7544374128846238776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7544374128846238776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/aparecido.html' title='Aparecido'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6989906181452559520</id><published>2011-10-13T18:27:00.009+02:00</published><updated>2011-10-20T18:38:28.674+02:00</updated><title type='text'>Al destino le gusta insistir</title><content type='html'>Si la memoria no me trampea, diré que lo vi por primera vez allá por 1990 ó 1991, en un restaurante italiano del centro, entre Corrientes y  Pasteur, a mano derecha según se va desde el Obelisco. Lo que no consigo recordar es el nombre, aunque sí acierto a ver sus manteles a cuadros blancos y rojos, sus pintorescas botellas de chianti expuestas sobre estanterías de madera sobre las paredes blancas, y los globos colgados del techo que expandían una luz limpia por toda la sala, y que acentuaban el contraste lumínico con la insuficiencia de watios que reinaba en la calle. &lt;br /&gt;Recuerdo que cenaba con mi amigo Leo, y no nos percatamos, hasta el segundo plato, de que en una de las mesas del fondo, en un rincón de la estancia casi pegado a los baños, Martín Smilansky comía acompañado de un adolescente de poco más de quince años, picado de acné, y con una pelusilla tipo piel de durazno que le sombreaba el labio superior. Ver a semejante personaje de la literatura argentina, sentado a una mesa a poco más de seis o siete metros de donde estábamos, me provocó un inmediato estado de excitación y nerviosismo. No en vano, Smilansky era uno de mis tres escritores favoritos por aquel entonces y, en consecuencia, uno de los motivos por los que yo pretendía adentrarme en el mundo de las letras. Me había leído y releído todos y cada uno sus libros, desde su primera novela; “Un hombre aparente” y publicada cuando contaba apenas 20 años, hasta la última; “Monsergas y estilismos”, y siempre que leía algún suplemento literario, o las páginas culturales de cualquier diario, ansiaba toparme con la noticia de alguna nueva entrega suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mirá quién está allá atrás, al fondo– le dije a Leo&lt;br /&gt;- ¿Adónde? – me inquirió volviéndose&lt;br /&gt;- No mirés, no mirés&lt;br /&gt;- ¿En qué quedamos, che? &lt;br /&gt;- Bueno, mirá, pero con disimulo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ambos, la sorpresa era tan grande, que sólo hubiera sido mayor en caso de haberse tratado del mismísimo Borges. Durante lo que nos restaba de cena, lanzamos furtivas miradas a la otra mesa, sabiendo que nuestra timidez, educación y apocado carácter juvenil nos iba a impedir acercarnos allí para charlar con él. A lo más que llegamos, fue a demorarnos con el postre para así verlo atravesar el salón y observarlo más de cerca, aunque no fuera más que de un modo fugaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro segundo encuentro tuvo lugar unos cinco años más tarde, y en un escenario insospechado, ya que era la primera vez en mi vida que yo acudía al Café Virginia (bautizado así en honor de su primera propietaria; la célebre cantante de tangos de origen gallego Virginia Lou, allá por los años 30). Era un caluroso mediodía de marzo, y yo estaba tomándome un Cinzano y hojeando un libro de cara al gran ventanal que daba a la calle Varela. No terminaba de concentrarme en la lectura, y el sol que atravesaba el cristal y me daba en la cara, amenazaba con potenciar los efectos del vermouth, y adormilarme del todo. En eso estaba cuando una voz, ronca y cercana, me sacó del sopor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me daría usted fuego, joven?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardé unos segundos en reaccionar y cuando me volví, no lo reconocí a primera vista. Su cara me sonaba, pero no lograba identificarlo. Estaba más demacrado y ojeroso que la otra vez que lo había visto, iba vestido de forma descuidada, y su aspecto en general denotaba cansancio o alguna enfermedad, lo que acentuaba aún más sus ya de por sí duras facciones. Mientras le prendía su cigarrillo con mi encendedor, sus ojos se detuvieron en la portada del libro: “Parajes inhóspitos”, de Gustavo Sermoneta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Le está gustando? – me preguntó tras dar la primera calada &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién en ese momento caí en la cuenta de su identidad. Tragué saliva, y apenas atiné a balbucear un torpe:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo escribió un amigo mío&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Smilansky asintió con la cabeza y me ofreció un amago de sonrisa, dejándome la duda si me tomaba por un idiota, o comprendía que le había reconocido y me sentía intimidado. A fin de cuentas, su talante mordaz era legendario y su nombre representaba un mundo que me fascinaba y del que yo quería formar parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Una ópera prima interesante, sumamente interesante…¿vos también escribís, pibe? – se interesó pasándose al tuteo&lt;br /&gt;- Lo intento, pero mi talento no da más que para cuentos, relatos de pocas páginas&lt;br /&gt;- Bueno, Borges nunca escribió novela, y mirá vos a lo que llegó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ve que el tipo tenía ganas de charlar, porque me pidió permiso para sentarse a mi mesa, y me invitó a tomar lo que quisiera. Pedí otro vermouth, y nos pasamos la siguiente hora haciendo un repaso de la literatura en general, y la argentina en particular. Cuando se despidió, me estrechó la mano con fuerza y accedió a firmarme un autógrafo en un pañuelo de hilo, de esos que mi madre me acostumbró a llevar en el bolsillo desde chico y que todavía conservo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de 1995 y 1996, coincidimos unas cuantas veces en lugares tan dispares como el Parque Lezama, en la pizzería Banchero de la calle Corrientes, a la salida de la cancha de Ferro en un partido contra San Lorenzo, y a la entrada de un concierto de Yehudi Menuhin en el Teatro Colón. Siempre me trataba con afecto, e invariablemente iniciaba la conversación con un: “¿Cómo va la novela, Finzi?”, para enseguida pasar a tratarme de vos y recordarme su promesa de escribirme el prólogo a cualquiera de mis libros cuando yo se lo pidiera. Nunca lo hice. Supongo que por un desmesurado respeto, por miedo a defraudarlo y porque, desgraciadamente, murió aquél mismo año a consecuencia de un cáncer. Desde entonces, todo lo que publico sale sin prólogo. “¿Por qué?”, me pregunta el editor de turno. “Es una larga historia”, contesto, pero no me queda más remedio que volver a contarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6989906181452559520?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6989906181452559520/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/al-destino-le-gusta-insistir.html#comment-form' title='20 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6989906181452559520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6989906181452559520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/10/al-destino-le-gusta-insistir.html' title='Al destino le gusta insistir'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5181895523996006914</id><published>2011-03-26T12:21:00.004+01:00</published><updated>2011-03-26T12:45:54.689+01:00</updated><title type='text'>Tres escenas con Graciela</title><content type='html'>- Graciela, así no podemos seguir.... - declaré&lt;br /&gt;- no te entiendo - dijo ella con una asomo de miedo en los ojos&lt;br /&gt;- así....es que siempre pasa lo mismo....estoy en la cocina preparando algo y aparecés vos sin ropa a rondarme y claro, yo no soy de piedra, y terminamos siempre acá, en esta cama.....&lt;br /&gt;- ah, era eso - respiró aliviada - andá vení, que como te gusta decir: "no sólo de pan vive el hombre".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como de costumbre, me había despertado antes que Graciela, asi que aproveché para salir a la calle. Compré el diario, una docena de facturas y esas palmeritas de chocolate que a ella tanto le gustaban. Regresé a casa y ella me oyó nada más entrar: &lt;br /&gt;- ¿Sos vos, Guido? - voceó desde el cuarto &lt;br /&gt;- sí, soy yo.....ahora voy &lt;br /&gt;Cerré la puerta de la calle con dos vueltas de llave, dejé las compras sobre la mesada de la cocina y acudí al dormitorio. Descolgué el teléfono de la mesita de luz y comencé a desnudarme. Ante la mirada curiosa de Graciela, me anticipé a su previsible pregunta y contesté: &lt;br /&gt;- compré factura y el diario, cerré la puerta de la calle y acabo de descolgar el teléfono.....te quiero en exclusiva para mí durante las próximas horas &lt;br /&gt;Graciela sonrió y apartó la sabana para que contemplara su cuerpo desnudo &lt;br /&gt;- Soy toda tuya&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Graciela se subió al stepper,  yo me fui a la cocina. Sabía que tenía para media hora allí arriba, subiendo y bajando, así que me puse a leer el Clarín. Digo a la cocina porque desde allí, sentado en la mesa, tendría una visión directa de ella ejercitándose en mitad del comedor.&lt;br /&gt;Cada tanto, la observaba, y ella me devolvía la mirada.&lt;br /&gt;Luego de veinte minutos Graciela empezó a transpirar. Como siempre le ocurre, al cabo de ese tiempo de ejercicio, comenzó a quitarse la ropa: la parte de arriba del equipo de gimnasia, luego la remera, hasta quedarse en corpiño (son las ventajas de hacer gimnasia en casa). Yo miraba su streap tease casual, y seguía leyendo.&lt;br /&gt;A la media hora, ya estaba exhausta. Se bajó, estiró los músculos de las piernas, y se dirigió al baño a darse una ducha. No pudo alcanzar su objetivo, porque yo la intercepté en el camino &lt;br /&gt;- Ni loco te dejo escapar así, en corpiño y toda transpirada - y le pasé la lengua por el cuello- estás salada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, la probé toda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5181895523996006914?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5181895523996006914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/tres-escenas-cotidianas.html#comment-form' title='35 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5181895523996006914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5181895523996006914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/tres-escenas-cotidianas.html' title='Tres escenas con Graciela'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>35</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2255832689165972418</id><published>2011-03-17T20:34:00.003+01:00</published><updated>2011-03-17T20:37:26.754+01:00</updated><title type='text'>Débil</title><content type='html'>Si en aquella ocasión engañé a Ester con su mejor amiga, no fue porque no estuviera enamorado de ésta sino, simplemente, porque pude hacerlo. Amaba a mi esposa y el sexo con ella, cálido y amparado en una comodidad carente de presiones, me excitaba más que con ninguna otra. Sin embargo, mi cordura y fidelidad sucumbían ante la visión de Graciela; una imponente cuerentona de formas curvilíneas y mórbidamente femeninas ante la que ningún macho sexualmente activo podía permanecer impasible. Mis veteranos amigos sentían debilidad por las lolitas pero yo, siempre poniendo la discordancia en todo, me sentía atraído por las mujeres maduras. Quería el cuerpo de una mujer con historia, esculpido por el pasado y los conflictos, encajarme entre unas caderas que hubieran parido, sentir el tacto y el sabor de unos senos amamantados por hijos deseados, quería que me comparara triunfante con su ex marido y quería escuchar mi nombre susurrado entre gemidos por una mujer que no fuera la mía. Y sobre todo, quería que ésta, fuera Graciela.&lt;br /&gt;Comencé entonces a boludear por su barrio para hacerme el encontradizo, y darle a la historia un toque casual y azarístico, pero no hubo manera. El azar no se deja tentar y, al final, tuve que mirar su número de teléfono en la agenda de mi esposa y llamarla, con la inventada y poco creíble coartada de una cita con un agente literario en un Café a cuatro cuadras de su casa. Aún así, me invitó a visitarla, aprovechando que su ex marido había llevado al hijo común al cumpleaños de un amiguito, y terminamos  revolcándonos en el sofá cama y la alfombra como dos adolescentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de este primer encuentro, nos vimos otras cinco o seis veces, hasta que Ester tuvo que ser operada de un tumor en el pecho y yo asumí que era un castigo divino por culpa mía. Encendí velas en casa, rapé mis cabellos y acudí a la sinagoga a prometer a D-os que si se salvaba, no sólo iba a dejar de verme con Graciela sino que abandonaría cualquiera afán donjuanesco en lo que me restara de vida. Incluso dejaría de mirar con lascivia mamífera a cualquier mujer con talla de sostén superior a 100 y jamás de los jamases volvería a navegar por las páginas porno de Internet. Por suerte, mis súplicas fueron atendidas, y el tumor resultó ser benigno. De esto hace poco más de año y medio y en todo el tiempo transcurrido fui fiel a la palabra empeñada. Al menos hasta hoy, que mi mujer se fue con nuestra hija a visitar a sus padres en Entre Ríos y yo me encuentro paseando por Tucumán al 2000, a escasas cuadras de la casa de Graciela, con un calentón que no se me va y el celular pesándome en el bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2255832689165972418?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2255832689165972418/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/debil.html#comment-form' title='30 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2255832689165972418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2255832689165972418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/debil.html' title='Débil'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>30</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5721617184368977323</id><published>2011-03-12T16:54:00.010+01:00</published><updated>2011-03-13T14:48:24.196+01:00</updated><title type='text'>Lo tuyo es teatro</title><content type='html'>Me había acostado a ver la tele y terminé durmiendo toda la tarde. Al despertar, me asomé al balcón y advertí, con asombro mesurado, cómo la exigua luz del ocaso apenas sobrevivía entre nubes oscuras que presagiaban tormenta y que se extendían hasta el horizonte en una infinita gama de grises. La inminencia de lluvia me animó de inmediato, como me ocurría desde aquel día lluvioso y otoñal en que nací. Así que, ansiando que se desatara el previsible fenómeno atmosférico, salí de casa para tomarme una copa en un Café cercano e intentar escribir algo. La serena contemplación de la lluvia siempre suponía un momento propicio para la inspiración y si a esto sumamos el variopinto elenco que constituía la clientela del Ombú, no es raro imaginar que en mi interior creciera la idea de perfilar un buen cuento.&lt;br /&gt;Debía llevar apenas media hora garabateando frases en mi cuaderno rojo cuando Mirta entró por la puerta, casi a la carrera y mesándose sus empapados cabellos. Al principio, no reparó en mí y tomó asiento a una mesa bastante alejada de donde yo estaba. Fue recién mientras revolvía su café con leche cuando, por fin levantó la vista y me reconoció. Sonrió con amplitud y se acercó, haciendo equilibrios con la taza y el platito.&lt;br /&gt;- ¿qué hacés acá? – preguntó antes de darme un beso en la mejilla&lt;br /&gt;- vivo en el barrio, ¿y vos?&lt;br /&gt;- andaba por el barrio&lt;br /&gt;- Ah - exclamé por decir algo…&lt;br /&gt;Se produjo un breve y embarazoso silencio entre ambos. Hacía una década que no nos veíamos y la última vez que lo hicimos fue en un café parecido a éste, dónde ella me dijo que necesitaba tiempo para ella misma y que nuestra relación la estaba asfixiando. En realidad lo que quería decirme y no pudo, fue que se estaba encamando con un pedante director de teatro y que me dejaba por él. Mirta fue la primera mujer que me hizo sufrir y quien me demostró, con empírico dolor, que mis dotes de enamorador no eran infalibles.&lt;br /&gt;- ¿te casaste? – preguntó rescatándome del pasado&lt;br /&gt;- no…..¿y vos?&lt;br /&gt;- Dos veces&lt;br /&gt;- ¿con…..? – inquirí sin atreverme a nombrar el nombre de él&lt;br /&gt;- nooo, con ése no – contestó decidida, sabiendo que me refería al tipo por el que me había dejado y de cuya existencia yo supe apenas diez días después de que me abandonara, cuando mi amigo el turco Ohayon los vió pasear de la mano por Parque Rivadavia – primero lo hice con un actor y después con un médico del Hospital Italiano….eso fue antes de irme a vivir a Nueva York y divorciarme de él, claro…&lt;br /&gt;- claro….¿y ahora a qué te dedicás?&lt;br /&gt;- soy actriz – exclamó con indisimulado orgullo – justo en estoy días estamos representando una obra en el Paseo La Plaza…..¿no me viste en los carteles publicitarios?&lt;br /&gt;- no, no sigo mucho la cartelera…&lt;br /&gt;- tenés que venir…..es una obra bárbara, un poco existencialista ….de pensar ¿viste?&lt;br /&gt;- claro….de pensar (“de pensar en no volver nunca más al teatro” fue lo que pensé en ese instante)&lt;br /&gt;- che, ¿por qué no venís esta noche a vernos y después cenás con mi novio y conmigo? Ya verás lo bien que te va a caer….es un tipo divino….¡tan inteligente, tan culto…¡ además, es el director de la obra….dále, vení ¡ vení ¡ &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sabía que responder, no porque no estuviera seguro de no querer ir, sino porque ninguna excusa viable acudía a mi mente. Sin embargo, esta falta de entusiasmo por mi parte, lejos de detenerla, la alentó más en su empeño, a todas luces excesivo, porque la viese en escena y conociera a su novio.&lt;br /&gt;- ¿tenés celular?&lt;br /&gt;- no, me lo dejé en casa – mentí, imaginando nada bueno&lt;br /&gt;- es que el mío se quedó sin batería….¿acá tienen teléfono?&lt;br /&gt;- sí, al fondo…junto a los baños&lt;br /&gt;- bueno, esperáme que llamo a Darío y digo que no haga planes para después de la función, y que reserve mesa en un restaurante…hay cerca del teatro uno armenio, que te va a encantar&lt;br /&gt;- dale, andá tranquila…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No bien Mirta desapareció de mi campo visual, me levanté a toda prisa y aboné las consumiciones al mozo antes de encarar la calle. Llovía copiosamente y un aire fresco soplaba con escasa piedad, levantando hojas del suelo y obligándome a caminar pegado a pared. Pero nada de esto importaba. Sólo quería llegar a mis dos ambientes y tirarme en el sofá a ver la tele, olvidar la conversación reciente y no dejar que el tiempo lluvioso me trajera nostalgias. Porque si hacía tiempo que dejé de ser boludo, de ser sentimental, nunca terminé de curarme&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5721617184368977323?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5721617184368977323/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/lo-tuyo-es-teatro.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5721617184368977323'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5721617184368977323'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/03/lo-tuyo-es-teatro.html' title='Lo tuyo es teatro'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2098622603682144049</id><published>2011-02-21T17:42:00.001+01:00</published><updated>2011-02-21T17:43:55.388+01:00</updated><title type='text'>H. (de histérica)</title><content type='html'>Como ya viene siendo un hábito en estos tiempos, nos conocimos por Internet. Ella tenía un blog, yo otro y, una tercera persona hizo de mensajero del azar. Desde entonces, desde aquella tarde en que Elena me dejó un primer comentario en no recuerdo qué post mío, no dejamos de comunicarnos casi ni un solo día. Al principio, comentábamos nuestros textos pero, casi de inmediato, y ante la insuficiencia que nos provocaba ese simple intercambio, nos pasamos también al chat y, poco después, al teléfono. Recuerdo que fue ella quien me pidió mi número, y yo no dudé ni un instante en dárselo. Llegados a este punto, los blogs y el chat perdieron automáticamente protagonismo, y el móvil se convirtió en una herramienta indispensable para ambos. Sobre todo, porque nos separaban 600 kilómetros, y cada día teníamos más cosas para contarnos; desde qué comíamos o leíamos, hasta temas de mayor intimidad, como describir las manías que arrastrábamos, nuestras filias y fobias, o confesar sin pudor nuestras realidades cotidianas y nuestros anhelos más personales. Así, en el transcurso de poco más de un año, supe de ella que tenía treinta y seis años, estaba separada pero no divorciada, su color favorito era el azul marino, le gustaba el vino blanco, el té verde y el cine negro, los perros mestizos, las azaleas, los Rolling y los bolígrafos Bic. Por el contrario, detestaba a los que comían los croissants con cubiertos, a los que escupían en la calle, a los maltratadores (de género y de animales), el café, y a los moralistas. Podría ofrecer muchos más detalles, pero correría el riesgo de minar su misterio y caer en la vulgaridad de exhibir sus singularidades sin su permiso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que Elena y yo nos contábamos prácticamente todo, y de que sentíamos una dependencia creciente de escucharnos a diario y saber el uno del otro, íbamos dilatando el momento de encontrarnos cara a cara, como si temiéramos las consecuencias de un hecho, del que sabíamos, no saldríamos impunes. Hizo falta un suceso, en apariencia inocuo, como un viaje que hice a Italia con mi amigo Marcelo, para que cayéramos en la cuenta de que nos necesitábamos más de lo que creíamos, y que la separación y el déficit de nuestras comunicaciones evidenciaba una inesperada vulnerabilidad. No hice más que regresar, y nuestras conversaciones se volvieron mucho más intimistas. La revelación mutua, de cuanto nos habíamos extrañado en esos días, nos provocó una incontenible efervescencia emocional y Elena, más decidida que yo, tuvo la feliz idea de invitarme a su casa para a pasar el fin de semana. Esperé ansioso el paso de los días y, el sábado a las 6 en punto de la madrugada, estaba subido en mi coche rumbo hacia el sur, con Calamaro sonando a todo volumen, y el ánimo estimulado por gozosas especulaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas pasaban de las once cuando estacioné frente a su edificio; una de esas construcciones de finales de los ochenta en las que se combinaba sabiamente el mármol con el ladrillo, los balcones tenían un tamaño decente y los portales eran tan amplios, que albergaban sillones y cuadros en las paredes revestidas de madera. Llamé al timbre, y subí por el ascensor hasta el 9º desde, como descubriría al rato, se divisaba el estadio de fútbol, la catedral, y casi toda la ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres igualito que en la foto de tu blog – fue lo primero que me dijo, con la puerta entreabierta, y mirándome con una amplia sonrisa dentífrica&lt;br /&gt;- Es que yo engaño poco… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hizo pasar, y me condujo al salón, donde había dos grandes sofás de cuero blanco haciendo una ele. Nos sentamos, y nos observamos unos instantes con atención y simpatía, confirmando que la imagen que teníamos delante se correspondía con la que guardábamos en la mente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te has lavado el pelo hace un rato, ¿no? – pregunté fascinado por la esponjosidad con que se balanceaba su cabellera cada vez que se movía, y por decir algo que me permitiera distraer el cosquilleo que sentía en la boca del estómago&lt;br /&gt;- ¿Se nota muchos? &lt;br /&gt;- Nooo, sólo si uno mira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intercambiamos unas cuantas frases más sobre cómo había sido el viaje, las previsiones meteorológicas para las próximas horas, y una película de Scorsese que pasarían esa tarde por tv antes de que me mostrara el resto la casa: aquí está la cocina, un baño, otro baño, mi habitación, ésta que tengo para guardar los libros y que uso de despacho, y ésta otra que es donde vas a dormir tú, sentenció antes de regresar al salón de nuevo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ajá – asentí - muy lindo todo, lo tenés decorado con mucho gusto – añadí, sin quitarme de la cabeza la posibilidad de dormir en el cuarto de invitados en vez de en su cama, pero sin alarmarme, ya que lo consideré un comentario fruto de la timidez y no del convencimiento &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de bajar a la calle, a comer a un cercano restaurante italiano, me di una ducha, cambié de ropa, y tomamos un Martini en el balcón, donde hablamos como si nos hubieran dado cuerda, evitando caer en silencios peligrosos y eludiendo mirarla a los ojos más de lo imprescindible, no fuera que no pudiera controlar mis impulsos y termináramos demorando el almuerzo. “Ya habrá tiempo después”, pensé convencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la salida del restaurante ya estábamos mucho más relajados. No sólo habíamos hablado largo y tendidos sino que también el Chianti nos había dado un empujoncito para quitarnos la vergüenza de encima. Pero sin excesos, porque yo pensaba que a la hora de la siesta nos daríamos nuestro primer revolcón, y no quería que el alcohol me dejara en mal lugar. Sin embargo, las cosas no salieron como yo pretendía y, mientras yo me metía en el baño para cepillarme los dientes, ella se quedaba dormida sobre uno de los sofás. La tapé con una mantita de viaje que tenía al lado, y me fui a echar una cabezadita al cuarto de invitados, con la esperanza de que se despertaría antes que yo, y vendría a hacerme una visita. Desperté a la hora y media, y ella seguía durmiendo como un lirón, roncando ligeramente y completamente destapada. Volví a taparla, y salí al balcón. Me puse a mirar el paisaje urbano y me animé pensando que con lo descansada que quedaría, iba a rendirme luego por la noche.&lt;br /&gt;Por suerte, no tardó mucho en abrir los ojos y al hacerlo, me invitó a sentarme junto a ella. &lt;br /&gt; - Uy, casi se nos pasa la película – exclamó en cuanto estuve a su lado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió el televisor, y pasamos las siguientes dos horas viendo las evoluciones mafiosas de R. De Niro, Joe Pesci y Sharon Stone. “Menos mal que no es una película española”, me consolé mientras la tarde languidecía y todavía no habíamos tenido sexo. &lt;br /&gt;Sin darnos cuenta, llegó la hora de la cena, y preparamos una ensalada y una pizza de esas congeladas, que enriquecimos con mozzarella extra, orégano, guindilla rallada y unas anchoas. Cenamos en la cocina, y regresamos al salón para tomarnos un té verde. A esas alturas, yo miraba disimuladamente mi reloj a cada rato, preguntándome con aprensión si esto iba a continuar en esta dinámica de amigos. Fue justo cuando ella se recostó apoyando su cabeza sobre mis rodillas mientras el equipo de música reproducía un cd de Paul Mc Cartney. Comencé entonces a acariciarle el cabello, con suavidad, deslizando mis dedos por su cuero cabelludo desde la frente a la nuca, aguardando una reacción de ella que desatara la pasión. No se cuánto tiempo estuvimos así, pero yo ya estaba más que harto del inglés, y de esperar que Elena me diera pie a algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando tengas sueño, me avisas, y te doy las sábanas para que te hagas tu cama – me dijo de pronto&lt;br /&gt;Me quedé pasmado al oírla y una corriente de súbito pavor se apoderó de mí. Para remediarlo, mandé a mi cerebro una serie de frases que me tranquilizaron de inmediato:   “¿Me lo estará diciendo en serio?” “No, boludo, no te preocupés, que ahora es cuando añade: pero si lo prefieres, puedes dormir conmigo…” “esperá un poco, que seguro que no es lo que parece” “escuchaste mal, flaco”…&lt;br /&gt;- Debes estar cansado del viaje, así que avísame cuando te quieras ir a dormir – volvió a la carga jodiéndome mi fugaz terapia de autoengaño&lt;br /&gt;- Sí, sí, yo te aviso – respondí como un autómata, sin saber exactamente qué es lo que estaba diciendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Me estaría poniendo a prueba, o de verdad es que no íbamos a echar un polvo esa noche?”. Me asustaba la pregunta y, sobre todo, la falta de una respuesta certera, por lo que no sabía muy bien que hacer. Lo único que se me ocurrió, fue seguir con el masajeo de su cabeza con una mano y deslizar la otra por el resto de su cuerpo, a ver qué pasaba. &lt;br /&gt;- Eh, eh, esa mano – me advirtió cuando llegué a uno de sus pechos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La retiré sin rechistar, y dejé de pasar unos pocos minutos antes de inventarme que estaba reventado y quería irme a dormir. &lt;br /&gt;- Ay, chico, no encuentro las sábanas - me gritó desde el pasillo, donde se afanaba en buscar dentro de un armario - ¿Sábes lo que te digo?, que duermas conmigo, que es tarde y no tengo ganas de ponerme a sacar cosas&lt;br /&gt;- Vale, vale - respondí a su propuesta, pensando en lo rebuscadas que son algunas minas, sobre todo las histéricas. “Parece porteña esta flaca”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acosté en calzoncillos y con una camiseta de mangas cortas mientras ella entraba en el cuarto de baño. Imaginé que saldría con alguna sugerente lencería pero volví a equivocarme. Se metió en la cama con un pijama que la tapaba desde el cuello a los tobillos, apagó la luz, y se abrazo a mí, apoyando su cabeza sobre mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No me jodas que empezamos otra vez con las mariconadas del hombre sensible y todo eso” “No, esto no me puede estar pasando a mí” “Esto es mi mente que me está jugando una mala pasada”. Pero no, no era mi mente sino la jodida realidad. Y sí, justo eso es lo que quería porque enseguida me soltó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesito mimos…que me abracen, y me digan que soy guapa, y lista y…&lt;br /&gt;- Está bien, flaca, ¿te lo digo y echamos un polvo?&lt;br /&gt;- Yo no echo polvos, yo hago el amor&lt;br /&gt;- Lo que vos digás&lt;br /&gt;- Es que no puedo…ya se que te parecerá una tontería, porque llevo más de un año separada,  pero me siento como si le estuviera poniendo los cuernos a mi marido ¿sábes? Yo necesito que me des tiempo, no puedo hacerlo con alguien a quien acabo de conocer&lt;br /&gt;- Te recuerdo que nos conocemos desde hace un año, y en este tiempo hemos hablado más que la mayoría de los matrimonios que conozco…&lt;br /&gt;- Ya, sí, pero no nos habíamos visto hasta hoy…&lt;br /&gt;- Ajá – dije, por decir algo, porque yo no quería hablar ni fomentar su representación histérica &lt;br /&gt;- Podemos besarnos y acariciarnos si quieres – planteó mientras se desprendía de la parte de arriba del pijama&lt;br /&gt;- Ajá – repetí sin pensar, y en un afán de no analizar sus palabras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, me desperté tarde, tomé una ducha y desayuné rápido, esbozando forzadas sonrisas que no evidenciaran mi frustración. Aparte de eso, de disimular, tenía ganas de agarrar el coche y regresar Madrid así que no me demoré en discutir lo sucedido durante la noche. Ella insistía, pero yo no estaba para coloquios. Hice unas cuantas bromas al respecto de lo ridículo de la situación, y me despedí. Para mi sorpresa, se despidió de mí besándome en el ascensor en lo que parecía un arranque de pasión más propio de un preámbulo que de una despedida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Llámame cuando llegues, así me quedo tranquila&lt;br /&gt;- Claro – contesté&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía está esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2098622603682144049?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2098622603682144049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/02/h-de-histerica.html#comment-form' title='27 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2098622603682144049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2098622603682144049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/02/h-de-histerica.html' title='H. (de histérica)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>27</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5750757962352225063</id><published>2011-01-09T20:45:00.002+01:00</published><updated>2011-01-09T20:46:30.600+01:00</updated><title type='text'>¿Será ésta?</title><content type='html'>Todavía no me explico cómo me reconoció porque, hasta hace unos días, sólo me había visto en la pequeña foto que figuraba en el perfil de mi blog, con el que además acompaño mis comentarios en mi propio espacio y en otros. Debe ser que hay gente muy fisonomista y que, más allá de encontrar parecidos a los recién nacidos, es capaz de ver una pequeña imagen tuya en Internet, y luego reconocerte con la calle, como así me ocurrió.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era sábado, y conforme a mis hábitos, me había levantado temprano, desayunado en un bar y acudido a comprar libros a la Cuesta de Moyano, a pesar de que el cielo, encapotado y nuboso, traía seguros presagios de lluvia. Cuando llegué, apenas unos pocos puestos estaban instalados, y el número de curiosos o potenciales compradores a la vista no superaba la decena. Esto último me reconfortó, ya que soy alérgico a las muchedumbres, así que comencé animado la subida de la pendiente, recreándome tranquilamente en encontrar lo que ni siquiera tenía en mente andar buscando. Acababa de llegar al segundo de los tableros, donde de inmediato me concentré en una hilera de libros pertenecientes a la colección Etiqueta Negra de la editorial Júcar, cuando escuché como alguien pronunciaba mi nombre a mi espalda:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Guido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me volví al instante, y me encontré frente a una chica, cuyo rostro me resultaba vagamente familiar pero que no acertaba a identificar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No me digas que no sabes quién soy? – me preguntó con una amplia sonrisa – soy Natalia – aclaró, ante mi cara de incertidumbre&lt;br /&gt;- Aaah, sí, claro, ahora ya sí te reconozco  – respondí, cayendo en la cuenta de que era una de las habituales de mi blog con la que tenía muy buena onda, llegando incluso a intercambiarnos mails de vez en cuando - ¿qué hacés por acá?&lt;br /&gt;- Venía a ver si compraba algunos libros…bueno, y también porque tenía ganas de conocerte &lt;br /&gt;- ¿Por ese orden?&lt;br /&gt;- O no…- contestó enigmática, si no fuera porque había utilizado dos palabras a las que yo recurría con demasiada frecuencia en las respuestas a los comentarios de mi blog&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonreí ante su respuesta y la observé con atención. Si bien a través de las fotos que colgaba en su blog saltaba a la vista que estaba muy buena, tenerla delante confirmaba esa impresión, aparte de evidenciar que era ella misma la de esas instantáneas, y no una prima suya o una modelo australiana. Sin embargo, por encima de su atractivo físico, me seducía su forma de ser. Como dije, nos habíamos mandado mails varias veces y esto, sumado a sus posts y comentarios que hacía, proyectaba una imagen que me atraía: muy educada, con clase, y un modo de expresarse cada día más excepcional en estos tiempos y esta parte del globo terráqueo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si me hubieras avisado con tiempo, habría puesto más esmero a la hora de vestirme…incluso me habría afeitado, no sea que luego andes diciendo por ahí que Guido Finzi no anda aseado por la vida real &lt;br /&gt;- Así no vas mal &lt;br /&gt;- No, no voy mal, pero puesto al lado tuyo, parecemos la señora y el jardinero &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, aparte de no haberme afeitado en varios días ni peinarme, llevaba unos Levi’s gastados y una camiseta que, aunque era de Custo estaba muy dada de sí, sobre todo en el cuello y la parte de abajo. Para compensar, las Adidas Superstar (negras con tiras blancas) que calzaba, estaban casi nuevas y tampoco estaba muy mal la campera de cuero que me había traído recientemente de Argentina. Ella, por su parte, iba impecable: con una falda y chaqueta negra a juego, y una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados. Los zapatos eran de marca, su pelo lucía suelto y esponjoso, y de las orejas le colgaban unos étnicos pendientes con lapislázuli que supuse de origen afgano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos un largo rato paseando arriba y abajo, conversando de cualquier cosa y revisando con esmero las ofertas exhibidas.  Al final, conseguimos hacernos con un nada modesto botín que incluía: “La capital del olvido”, de Horacio Vázquez-Rial, “Los milaneses matan en sábado”, de Giorgio Scerbanenco y “Era el cielo”, de Sergio Bizzio, que yo compré para regalárselos, “Kiebitz”, de André Kaminski, “Cuentos de la montaña”, de Miguel Torga, y “Reunión de bachilleres”, de Franz Werfel, que ella compró para sí misma, y “Monsieur Shoshani: el enigma de un maestro del siglo XX”, de Salomon Malka, “Los papeles de Casa Velha”, de Machado de Assís, “El ángel azul”, de Heinrich Mann, y “Las máscaras”, de Jorge Edwards, que adquirí para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién pagadas las últimas adquisiciones, se desató la lluvia. Una lluvia intensa, en forma de gruesas gotas, que nos obligó a cobijarnos bajo un frondoso árbol pegado al muro del aledaño Ministerio de Agricultura. Por fortuna, y como acostumbra a suceder con las tormentas, no tuvimos que esperar más de cinco minutos a que escampara y pudiéramos abandonar nuestro refugio. Echamos entonces a andar, sin rumbo fijo y guardando silencio, como si el reciente fenómeno atmosférico nos hubiera tornado callados y metafísicos.&lt;br /&gt;- ¿Adónde vamos? – preguntó ella mientras aguardábamos a que un semáforo se pusiera en verde&lt;br /&gt;- No sé. ¿Querés comer la mejor carne de Madrid? – improvisé &lt;br /&gt;- Si me estás invitando, corres el riesgo de que te diga que sí…&lt;br /&gt;- Y si no me contestás pronto, te arriesgás a que no te repita la invitación&lt;br /&gt;- Vale, acepto. Otro día te invito yo&lt;br /&gt;- Sí, no te preocupés que, para la próxima, busco un sitio caro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comimos en La Cabaña, en un ambiente a media luz, donde sonaba música romántica del tipo Leonardo Fabio y una trémula vela apenas iluminaba lo que había más allá de nuestra mesa. Como presentía, la charla resultó de lo más animada, y ante la ausencia de prisas por ambas partes, prolongamos la comida repitiendo postre, café y copa. A esas alturas, con timidez diluida en Cabernet-Sauvignon y oporto, nuestras miradas y gestos nos traicionaban de continuo, manifestando sin equívocos la atracción que nos iba uniendo. Pero, lamentablemente, todo tiene su fin, y ante el temor de ser pesados, decidimos abandonar el local cuando ya no quedaban más que otras dos mesas ocupadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me gustó conocerte, eres estupendo – me dijo ella a la puerta del restaurante&lt;br /&gt;- Me alegro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dimos dos besos en las mejillas y me quedé con su promesa de que me llamaría en los próximos días para invitarme a cenar. Ahora sólo me queda esperar, como lo llevo haciendo toda la vida. Lástima que, como siempre, nunca sepa exactamente si es a ésta, o a cualquier otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5750757962352225063?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5750757962352225063/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/01/sera-esta.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5750757962352225063'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5750757962352225063'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2011/01/sera-esta.html' title='¿Será ésta?'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6920375789824972740</id><published>2010-12-17T23:08:00.008+01:00</published><updated>2010-12-17T23:24:52.934+01:00</updated><title type='text'>Berta</title><content type='html'>Apoyado contra la barra, con un Cinzano a mi diestra y disfrutando del analgésico ruido provocado por el chaparrón que caía afuera, me entretenía buscando apellidos fonéticamente interesantes en las esquelas de La Nación. Para no variar, había encontrado un par que me parecieron idóneos para fantasear algún personaje, movido por la creencia tan judía de que los nombres son importantes. Y es que yo soy de esos que jamás iría a un psicoanalista (esa cosa de rusos y de putos, como diría mi abuelo materno) que se llamase José García, ni escrituraría mi departamento ante un notario que firmara como Juan Pérez, por mucho Ilustrísimo que le colocaran delante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de anotarlos en la pequeña agenda que siempre llevo conmigo, pasé a entretenerme con las noticias del diario. Como no andaba para nada interesado en profundizar en las habituales catástrofes, alterné la lectura distraída de los titulares con la contemplación de la tormenta, que oscurecía la ciudad y embellecía los edificios neoclásicos del barrio, a fuerza de resaltar una elegante combinación de tonos blancos, negros y grises más propia de París que del culo del mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso andaba, en pasar ocioso un rato de tarde, cuando el sonido de la puerta al abrirse me hizo volver la cabeza, más por instinto que por curiosidad. Fue entonces que mis ojos se toparon con una morena de pelo largo y oscuro, que me hizo recordar a la actriz norteamericana Veronica Hammel, con la salvedad de que ser más joven y tener los ojos de un llamativo verde felino. Venía empapada, andaría por los treinta, y vestía ropa informal pero cara. Pasó por mi lado, y tomó asiento en un taburete a no más de tres metros de donde yo estaba. Como con toda seguridad sólo había entrado para refugiarse de la lluvia, cuando el mozo se le acercó se demoró unos instantes en decidir. Finalmente, tras pasear sus ojos por la barra, reparó en mi copa, y decidió imitarme.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Mientras le servían, no paró de arreglarse el pelo, pasándose los dedos por el cuero cabelludo y echándose el flequillo hacia atrás. Yo, por mi parte, no podía dejar de mirarla. Siempre me había gustado observar cómo las mujeres se peinan cuando salen de la ducha, y verlas pasear por la casa con el albornoz puesto, el cabello mojado y el cepillo en la mano, era de esas visiones que almacenaba en un lugar recurrente de mi memoria, asociadas con prólogos o epílogos de algo mejor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sin embargo, como no pretendía incomodarla, me reprimí y aparté los ojos de ellas, volviéndome a concentrar en las noticias. No lo logré del todo, y seguí observándola con cierta insistencia, ya fuera de reojo o a través del espejo que ambos teníamos enfrente, detrás de la barra. Curiosamente, ella no reparaba en mí, a pesar de nuestra cercanía y mis frecuentes  miradas, lo que me hizo sospechar algo anómalo en aquel comportamiento. Me pareció una indiferencia poco natural, forzada, y de inmediato sonreí al evocar cierta historia de mi pasado que empezó de idéntica manera. En aquella oportunidad había tenido fortuna, lo que me alentó para estar alerta ante esta situación y sus posibles evoluciones. Por desgracia, en esta ocasión no contaba con la complicidad del mozo, como entonces, ni con la temeridad de mis días juveniles. Sea como fuera, apenas tuve tiempo de hacerme mala sangre ni rumiar el modo de abordarla, porque fue ella quien se acercó hasta mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tenés fuego? – me preguntó, con un cigarrillo en la mano&lt;br /&gt; - Sí – respondí, sacando un Zippo de mi bolsillo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio las gracias y ofreció un cigarrillo que rechacé. &lt;br /&gt;- No, yo no fumo&lt;br /&gt;Se sorprendió porque no fumara pero llevara encendedor encima.&lt;br /&gt;- Lo llevo por si me pierdo en un bosque – le aclaré, intentando ser gracioso – no, la verdad es que lo tengo porque me gusta el chasquido metálico que hace al abrir y cerrarlo - confesé&lt;br /&gt;- A mí también me gusta mucho ese ruidito – dijo, expresando con su lenguaje corporal que no tenía prisa por regresar a su sitio&lt;br /&gt;- Te queda muy bien el pelo mojado, le da un aspecto brillante, como si estuviera barnizado&lt;br /&gt;Sonrió, ladeando la cabeza y mirándome con atención, calibrando si mis facciones eran de su agrado. &lt;br /&gt;- ¿Siempre le decís cosas tan lindas a las minas que acabás de conocer? – interrogó en tono canchero&lt;br /&gt;- A veces hasta incluso antes de conocerlas, como a vos. De todas formas, no es muy meritorio ser galante cuando se tiene a alguien tan inspiradora delante… &lt;br /&gt;- Veo que valió la pena acercarme a pedirte fuego&lt;br /&gt;- Debía estar escrito, lo mismo que pidieras lo mismo que yo estaba tomando, y que entraras justo en este bar&lt;br /&gt;- ¿Sos determinista?&lt;br /&gt;- Y de San Lorenzo – repliqué aseverando con la cabeza&lt;br /&gt;- jajaja – me premió la ocurrencia, con una risa que embellecía aún más su ya de por sí agraciado rostro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roto el hielo, seguimos charlando un buen rato, tomamos un par de Cinzanos más cada uno y nos despedimos con un beso en la mejilla. Entre muchas cosas, me dijo que se llamaba Berta y quedamos en volver a vernos el próximo día que lloviera, en el mismo lugar y a idéntica hora. Felizmente, llovió a la tarde siguiente, y después de repetir bebidas y conversación, terminamos cenando en un coqueto restaurante italiano a la vuelta de mi casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Berta y yo estuvimos juntos algo más de dos años, hasta que llegó la inevitable ruptura. Después, no volví a verla hasta años más tarde, justo cuando yo acababa de regresar España, y me la encontré paseando por Florida con dos nenes por la calle. El mayor tenía 9 años, y el más chico, 4. Les quise invitar a tomar algo pero tenían cita para el dentista y andaban con prisa, así que apenas pudimos intercambiar unas pocas frases corteses. Cuando se marcharon, me pareció que ella se daba la vuelta y dedicaba una extraña sonrisa, como de complicidad o picardía. Pero no podría asegurarlo, por el gentío que me impedía verla bien, y porque yo estaba absorto en otras cosas: en pensar cómo se parecía a mí el pibe más grande, y en hacer cuentas con los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6920375789824972740?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6920375789824972740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/12/berta.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6920375789824972740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6920375789824972740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/12/berta.html' title='Berta'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4326032893393965379</id><published>2010-12-11T03:43:00.009+01:00</published><updated>2010-12-11T03:59:12.448+01:00</updated><title type='text'>Verónica</title><content type='html'>Verónica me gustaba, pero yo no estaba enamorado de ella. Si bien llevábamos casi un año manteniendo una relación cómoda, de encuentros espaciados y ausencia de responsabilidades que, de a poco, se fue transformando en algo más, trascendiendo del mero sexo y llevándonos a compartir experiencias propias de parejas al uso: íbamos al teatro, al cine, salíamos a cenar fuera, paseábamos por las ferias de libros, corríamos por el parque, y nos intercambiábamos regalos, yo no la amaba. Por eso, porque no la amaba, y porque los acontecimientos se venían sucediendo en una progresión que nos hacía parecer novios, fue que empezó a entrarme la culpa. A fin de cuentas, y por mucho que lo negara, yo no era más que un tipo cuyo plan existencial pasaba por casarme, tener hijos, un perro, un jardín con flores, y hacer asados los domingos. O sea, el típico fruto de una educación tradicional y, como tal, padecía de cierto sentimentalismo boludo de soltero que se me iba acusando con el transcurrir de los años. Sin embargo, y para hacer honor a la verdad, yo no sólo pensaba en mí, sino también en ella. Temía que se desilusionara, que le diera por imaginar un futuro en común que para mí estaba fuera de cualquier consideración. Así que una tarde decidí llamarla y quedar para poner fin a nuestra historia. No quería que sufriera, ni yo perder más el tiempo. Tenía que decirle que no podía corresponder a su amor, y que se merecía a alguien que la quisiera de verdad e hiciera feliz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cité a las siete y media en un bar cercano a mi casa, un bolichito en Talcahuano al 1.000 llamado La Perla, donde a veces acostumbrábamos a tomar algo antes de subir a mi departamento. No mostró curiosidad alguna por el motivo de la convocatoria y se presentó con su acostumbrada puntualidad suiza. Yo, fiel a mis hábitos, llegué al bar con unos minutos de adelanto, y la esperé sentado en una de las mesas más alejadas, aunque ninguna lo estaba suficientemente de un televisor encendido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como suele suceder en estos casos, ese día Verónica estaba particularmente linda, con una remera ajustada que alguna vez fue negra y que ahora, a fuerza de lavados, había adquirido un color gris oscuro, y unos jeans gastados que le sentaban como un guante. Me saludó con un beso en la mejilla y tomó asiento, pidió una cerveza al mozo, y sacando un paquete de cigarrillos de su bolso, empezó a fumar con desgana. Después de hablar de pavadas de tipo ¿qué tal en el laburo?, parece que va a llover y otras naderías parecidas, por fin me armé de valor para encarar el asunto: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mirá, Vero, vos sabés que yo te aprecio y que me caés muy bien ¿no? pero…uff, no sé cómo decirte esto… &lt;br /&gt;- Me estás asustando, Guido ¿no me digás que tenés sida? &lt;br /&gt;- ¡Qué voy a tener sida, dejate de joder¡. Lo que quiero decirte – y acá me lancé – es que no podemos seguir con lo nuestro &lt;br /&gt;- ¿Lo nuestro? – preguntó sorprendida arqueando las cejas - ¿qué es lo nuestro? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí el sorprendido fui yo, pero Verónica me sacó inmediatamente cualquier duda de encima &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que yo sepa, quedamos para coger ¿no? lo que no quita para que vayamos a cenar o ver alguna obra, película o comprar libros &lt;br /&gt;- Claro, claro – asentí &lt;br /&gt;- Un momento… ¿no me digás que vos te pensabas que…? – inquirió tras mirarme unos instantes, como para adivinar si yo era tonto o me hacía &lt;br /&gt;- No, no, por favor, ¡qué voy a pensar¡ – la interrumpí, por no escuchar lo que iba a decirme, y que me haría sentir mal conmigo mismo por haber sido tan pelotudo – de todas formas, creo que va siendo hora que pongamos fin a esto ¿no te parece? &lt;br /&gt;- ¿Es que tenés alguna mina a la vista? – quiso saber, con un interés que me pareció nada fingido &lt;br /&gt;- Sí – mentí – hay una mina con la que a lo mejor empiezo algo &lt;br /&gt;- Te felicito – dijo, apretándome la mano – che, ¿qué te parece si subimos a tu departamento y echamos unos últimos polvos de despedida? Es lo mínimo, ¿no? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Verónica se marchó de casa era noche cerrada, pero no quiso que la llevara en mi auto a la suya, ni que tan siquiera la acompañara al portal, así que nos despedimos arriba, en la puerta de mi departamento, dándonos un abrazo, un fugaz beso y deseándonos lo mejor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas me quedé solo, me comencé a sentir mal, a notar un regusto amargo que me hizo recordar esos días, post veraniegos, en que oscurece muy temprano y uno nota un bajón existencial que lo arrastra a la melancolía. Aún cuando no había habido ningún dramatismo en el desenlace, tampoco me gustó comprobar cómo, mis suposiciones sobre sus sentimientos hacia mí eran del todo erróneas. Pero la verdad, es que no podía quejarme; un comedido golpe a la línea de flotación de mi ego era un precio llevadero que, además, me exoneraba de cualquier sentimiento de culpa. Lástima que dos días más tarde, en el transcurso de una charla informal con el portero del mi edificio, éste mencionó algo que yo no podía imaginar y que echó por tierra mi sensación de alivio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó cómo, esa noche había visto a Verónica salir del ascensor y pasar a su lado sin saludarlo, cosa que le sorprendió, ya que era una chica muy simpática. Se la quedó entonces mirando y, a través de los cristales de la puerta, vio cómo se apoyaba en un árbol, seguramente en espera de un taxi, y se largaba a llorar. En aquél momento dudó si salir a consolarla pero, lo pensó mejor y no quería pecar de indiscreto, demasiados porteros chismosos hay hoy en día, como para andar él aumentando la lista. Le agradecí la información, y le tiré unos mangos para que se tomara algo o llevara a su mujer al cine. Después, subí a casa y me tumbé en la cama con el deseo de dormir, de no pensar, pero no pudiendo evitar que un pensamiento único me martillara la cabeza hasta que me venció el sueño: “¿Y ahora, decime, con quién vas a coger, infeliz?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4326032893393965379?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4326032893393965379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/12/veronica.html#comment-form' title='20 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4326032893393965379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4326032893393965379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/12/veronica.html' title='Verónica'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2385717600071566761</id><published>2010-11-23T10:53:00.001+01:00</published><updated>2010-11-23T10:53:15.972+01:00</updated><title type='text'>CERRADO</title><content type='html'>&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2385717600071566761?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2385717600071566761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2385717600071566761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/cerrado.html' title='CERRADO'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-632916945705981565</id><published>2010-11-15T20:01:00.004+01:00</published><updated>2010-11-23T11:00:33.752+01:00</updated><title type='text'>Cambio de rumbo</title><content type='html'>Rodolfo Barnato pensó que, cambiando de ciudad, su vida pintaría de otro color. La lejanía de su familia (en España), el acumulativo tedio que arrastraba desde antiguo y un reciente desencuentro amoroso lo empujaron a tomar una de esas decisiones, que muchos desean llevar a cabo, pero pocos se atreven a realizar. Decidido, y sin darle chance a la duda ni a la incertidumbre, compró un gran mapa de Argentina y se sentó en un Café de Corrientes a contemplarlo con ánimo de estudio. Buscaba un lugar al que ir, y repetía en voz alta el nombre de las numerosas localidades representadas según las iban descubriendo sus ojos. &lt;br /&gt;Como ninguna le provocaba la más mínima sensación al retumbar en sus oídos, optó por dejar la decisión de su destino geográfico en manos del azar. Cerró los ojos y apoyó el dedo índice, a boleo, sobre el papel. Al abrirlos, comprobó que su uña señalaba una ciudad que no conocía pero siempre le había interesado (como tantas otras): Rosario. Recordó que su padre hablaba a menudo de ella, sacando a relucir, de un modo periódico, al ilustre matemático italiano Beppo Levi, quien trabajara durante 22 años en la Universidad Nacional de dicha ciudad y cuya tumba, en el cementerio judío, acudió a visitar en más de una ocasión cuando él era un pibe. “Rosario, Rosario, Rosario”, repitió  Rodolfo en voz baja varias veces, como si al hacerlo confirmara lo acertado de la azarística elección y el susurro fuera un conjuro para un éxito inmediato. A partir de este instante, las ilusiones, el optimismo y una creciente ansiedad se apoderaron de él de un modo absorbente hasta lo enfermizo. Vendió enseguida su restaurante, ubicado a apenas doscientos cincuenta metros de la Casa Rosada y,  sin esperar a tener la plata, telefoneó a Barcelona a su amigo Oriol Vallantines, proponiéndole participar en la nueva aventura vital que iba a emprender. Oriol, que se asemejaba al hermano que nunca tuvo, era hijo de un judío catalán de orígen escocés a quien el padre de Rodolfo había conocido en Buenos Aires y vendido, allá por los sesenta, un hotel: el Vaccara. &lt;br /&gt;Desde entonces, las dos familias habían mantenido un trato estrecho, como si las ligara algún cercano parentesco, y no simplemente una puntual operación comercial en común. Por eso no fue casual que, con la llegada de los milicos, los Barnato y los Vallantines emprendieran juntos el exilio, radicándose en Barcelona, donde los llevó el barco italiano que cubría la línea Buenos Aires-Río de Janeiro-Lisboa-Barcelona-Génova. La buena estrella se posó de tal modo sobre los dos clanes, que el triunfo en todo lo que emprendían superaba las más optimistas previsiones. Así, por ejemplo, mientras  los Barnato abrían un hotel que poco tenía de modesto, los Vallantines probaban suerte con la gastronomía, con tal tino que su establecimiento es, hoy en día, uno de los más reputados de toda Cataluña. Pero, por encima de estos notables éxitos empresariales, el hermanamiento entre unos y otros se acrecentó sin pausa con el transcurrir de los años, lo que no deja de ser casi una anomalía en estos tiempos de desapego. Por eso no extrañó que, cuando un lustro antes Rodolfo regresó a Argentina para abrir un restaurante en el corazón de Buenos Aires, Oriol dudara hasta el último momento si acompañarlo o no. Ahora, por el contrario, y quizás para desquitarse, no vaciló ni un instante en cruzar el charco y aventurarse ante la propuesta de su amigo. A fin de cuentas, lo único que podía perder era dinero, y esto era algo que no suponía un problema para ninguno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habían transcurrido ni cinco meses después de aquella llamada, cuando Rodolfo y Oriol inaguraban un restaurante en la zona más comercial de Rosario, bautizándolo como Vaccara, en un claro guiño a la melancolía y los tiempos pasados. El local era elegante, pero sin caer en excesos ni esnobismos. Un lugar sobrio, casi clásico, que escapaba de modernas decoraciones que hacía que los restaurantes parecieran laboratorios y éstos, restaurantes. La filosofía del mismo quedó bien definida desde un principio, y consistía en ofrecer comida elaborada a precios asumibles, donde la gente fuera a disfrutar de la gastronomía y no a exhibirse o dejarse ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche de entresemana, cuando el Vaccara llevaba poco más quince días de funcionamiento, se presentó a cenar una mujer que llamó poderosamente la atención de Rodolfo. Alta, de piel trigueña, ojos oscuros que se aclaraban al mirarlos de cerca, y una melena color ébano, de tendencia ondulante mitigada a base de cremas suavizantes, componían un conjunto que, a pesar de ciertas desarmonías (bocas y nariz grandes, mentón prominente y caderas mediterráneas),   seducía mejor que la simple y desnaturalizada belleza. Tal impactó le causó la visión que, instantáneamente, se arriesgó a predecirle una futura trascendencia en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-  ¿La conocés? – preguntó Oriol, en un recuperado acento argentino, intrigado por el ensimismamiento con que su amigo la miraba&lt;br /&gt;- No – reconoció – pero va a ser mi mujer – sentenció de inmediato&lt;br /&gt;-  Vos viste muchas películas…&lt;br /&gt;- Mirá, Oriol, ya sabés que en mi casa somos supersticiosos y no nos gusta adelantar el destino por miedo a que la vida castigue nuestra soberbia,  pero…en esta ocasión voy a ser una excepción. Así que anotá el día de hoy y escuchá bien lo que te digo: voy a casarme con ella.&lt;br /&gt;Oriol se quedó mirando a Rodolfo. Comprendió que hablaba en serio, como nunca antes lo había hecho en su vida.&lt;br /&gt;- Adelante, hermano, acérquesele nomás, y que la suerte le acompañe – lo animó, utilizando el usted para dar más solemnidad a su sincero consejo&lt;br /&gt;Rodolfo se aproximó decidido a la mesa donde la mujer cenaba sola. Esta lo recibió con una amplia sonrisa, e invitó a tomar asiento con una afabilidad que le sorprendió gratamente. Semejante proceder no se estilaba en las mujeres que él había conocido y, la novedad, le convenció aún más en su pálpito respecto la excepcionalidad  de ella.&lt;br /&gt;- Me llamo Alma Baredes – se presentó, extendiéndole una mano larga, de finos huesos y libre de anillos.&lt;br /&gt;- Yo, Rodolfo, Rodolfo Barnato – contestó él,  reteniéndosela entre la suya&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquí, de este encuentro tan predestinado como cualquier otro, Alma y Rodolfo no volvieron a separarse, contrayendo finalmente matrimonio, en la Municipalidad de Rosario, a los 3 meses de conocerse. Al banquete que le siguió, celebrado en una quinta de las afueras, asistieron todos los Barnato y todos los Baredes, los Vallantines y unos contados amigos más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que la feliz pareja partiera para su luna de miel en Praga, Rodolfo acompañó a su padre al cementerio,  donde recitaron el kaddish y depositaron piedritas sobre la lápida de Beppo Levi. Para uno, era la primera vez. Para otro, el retorno a algo añorado. Pero, para los dos, un rito cuya finalidad y trascendencia escapaba y que ponía de manifiesto, una vez más, que la vida está llena de misterios y, la mitad, nadie conoce. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-632916945705981565?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/632916945705981565/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/cambio-de-rumbo.html#comment-form' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/632916945705981565'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/632916945705981565'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/cambio-de-rumbo.html' title='Cambio de rumbo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5488387884681541457</id><published>2010-11-09T17:57:00.008+01:00</published><updated>2010-11-09T19:07:51.760+01:00</updated><title type='text'>No más de 4</title><content type='html'>Ernesto jamás se imaginó escuchar aquellas cuatro palabras de boca de una mujer. Y menos de la que amaba. Por eso, cuando ella dijo por teléfono: “Vos hacé tu vida”, a él le costo entenderla. Para colmo, y esto fue algo que más tarde no dejaría de escocerle, las soltó sin emoción alguna, y con una voz tan calma y neutra, que más pareciera estuviera hablando con un desconocido que con el hombre con quien compartía su vida desde hacía 3 años (sin contar los 2 previos de noviazgo). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, Ernesto no volvió a ser el mismo. Algo se rompió en su interior ese fatídico día, y sus posteriores intentos por recomponerlo fueron tan penosos como inútiles. Había perdido el equilibrio emocional, quedando a la intemperie y a merced de impulsos antes inactivos. Sin querer, pero sin oponerse, se dejó llevar por éstos, entregándose con poca mesura a conquistar cuanta mina se le cruzaba. Con ellas, tenía el éxito asegurado ya que, a su habitual y efectivo encanto de hombre varonil, sumaba ahora un creciente desapego existencial que lo volvía más atractivo, casi irresistible para la mayoría (hay quienes apuntan que uno siempre se relaciona con la misma mujer, aunque todas sean distintas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las desesperadas relaciones que siguieron a la ruptura, Ernesto buscaba algo que iba más allá del desahogo físico, y que en nada pasaba por encontrar una compañera. Quería demostrarse a sí mismo, y sobre todo a su ex, lo equivocada que ésta estaba cuando le dijo lo que le dijo, imaginando cómo el dolor por su ausencia y el saberlo acostándose con otras, la traería de vuelta, arrepentida y suplicante. Sin embargo, la realidad siempre se manifestaba de modo bien distinto, y después de cada acto sexual le llegaban unos indeseados efectos secundarios en forma de culpa y angustia. Una especie de resaca moral que lo embriagaba de tristeza. Sentía que estaba traicionando a “su mujer”, y una incontenible necesidad de escapar lo llevaba a refugiarse en la bebida, el rezo o cualquier otra alternativa con que poder mitigar la neurosis. &lt;br /&gt;Por desgracia, los efectos positivos de estas terapias no pasaban de lo efímero, y su cerebro no tardaba en volver a sentirse acosado con lo mismo de siempre. Con esas cuatro malditas palabras que sonaban, una y otra vez, con idéntica y monótona música: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;vos hacé tu vida, vos hacé tu vida, vos hacé tu vida, vos hacé…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5488387884681541457?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5488387884681541457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/no-mas-de-4.html#comment-form' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5488387884681541457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5488387884681541457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/no-mas-de-4.html' title='No más de 4'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4421560698215776037</id><published>2010-11-06T09:56:00.003+01:00</published><updated>2010-11-06T10:00:38.807+01:00</updated><title type='text'>Liliana</title><content type='html'>Había engordado de cintura para abajo, y su piel se había ajado un tanto, desplegando una amplia red de fina arrugas cada vez que sonreía. Sin embargo, a pesar de todo, una belleza de esencia se imponía a las huellas del paso del tiempo, confiriéndole el sano atractivo de mujer madura que ha sabido envejecer, al desprecio de frivolidades y aceptándose tal como era.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Esa tarde, tomamos café y hablamos de generalidades, gambeteando hábilmente al por qué de nuestra separación y evitando la pueril especulación de lo que pudo haber sido y no fue. Charlamos cordialmente, y nos sonreíamos a cada instante, pero sin coincidir las miradas. Preferíamos, a modo preventivo, fijarnos el uno en el otro de un modo intermitente, con miedo a que nuestros ojos encontrados, y el silencio, fueran tan elocuentes que las palabras carecieran de significado. A pesar de que habían transcurrido diez años de lo nuestro, aún eran muchas las mañanas en que ella era el primer pensamiento que acudía a mi cabeza al levantarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó algunos pormenores de su exitosa carrera periodística que yo seguía muy de pasada porque, ante la dolorosa perspectiva de desayunar cada día leyendo sus artículos, optaba por cualquier otra menos evocadora. En lo referente a su vida emocional, omitió hacer cualquier mención. Yo no insistí; no quería saber que su cuerpo era disfrutado por otro, tal vez más alto, más guapo, más encantador y con más dinero que yo. Por mi parte, le hablé de mi anodina existencia, ficcionando generosamente una realidad en la que el destino había hecho estragos desde que nos habíamos separado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al despedirse, y tras darme un beso más cálido de lo normal (así me lo pareció) en la mejilla, se volvió antes de salir por la puerta, y me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si te sirve de algo, siempre me arrepentí de dejarte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me antojó que lo decía en serio pero, incapaz de contestar algo, y mucho menos de salir corriendo tras ella, me quedé parado como un boludo, sin hacer otra cosa que guardar silencio y dejarla marchar. Desde entonces, aquella frase es mi único consuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4421560698215776037?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4421560698215776037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/liliana.html#comment-form' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4421560698215776037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4421560698215776037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/11/liliana.html' title='Liliana'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8522923033768884235</id><published>2010-10-20T18:04:00.006+02:00</published><updated>2010-10-20T18:10:43.331+02:00</updated><title type='text'>S.S. en Paraguay</title><content type='html'>A efectos meramente informativos, les diré que me llamo Ariel Benador y les voy a contar algo que mi padre me narró mediando los ochenta. La historia en cuestión acaeció en Paraguay, donde por aquel entonces mi progenitor desempeñaba labores diplomáticas de un país cuya identidad no viene al caso, y había llegado a sus oídos de boca de uno de los personajes implicado en los hechos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asunción, mil novecientos cincuenta y tantos. &lt;br /&gt;En el despacho del presidente de la filial paraguaya de una gran compañía de automoción alemana, se presentó un individuo de unos sesenta años, tez cetrina, nariz huesuda, ojos huidizos de animal acosado y un incipiente encorvamiento de la espalda que potenciaba el aspecto enfermizo de su extrema delgadez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Siéntese, querido Hans – le dijo el director, un gordo de cabeza bestial y rasurada&lt;br /&gt;- Sí, señor – respondió con humildad el recién llegado&lt;br /&gt;- Usted sabe, querido Hans, que estos son tiempos difíciles para nuestra gente. Los norteamericanos y los malditos judíos no paran de acosarnos, y debemos ser muy cuidadosos. Aunque de momento contemos con la colaboración del gobierno militar, en la política las tornas cambian con rapidez y esta gente no se mueve más que por el interés y las componendas económicas. No tengo que decirle cómo son estos negros… Su foto, además, está siendo difundida por todo el mundo y eso no es nada bueno para la causa, como tampoco para esta empresa que siempre se ha portado tan generosamente con usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, señor, y se lo agradezco&lt;br /&gt;- Lo sé, Hans, lo sé, pero hemos pensado que sería bueno que desapareciera por una temporada. No le va a faltar de nada y, cuando la cosa se enfríe un poco, pues entonces…&lt;br /&gt;- Perdone que lo interrumpa, pero cuando dice “hemos pensado” ¿a quiénes se refiere?&lt;br /&gt;- A nuestros antiguos camaradas de las SS, naturalmente&lt;br /&gt;- Ah ¿y por qué no fui informado de esa reunión?&lt;br /&gt;- Bueno, no se ofenda, pero pensamos que sería mejor no avisarle, usted no sería objetivo. Alemania y el mundo le deben tanto, que queríamos demostrarle, de alguna forma, o sea, con hechos, nuestro más sincero agradecimiento&lt;br /&gt;- Comprendo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Abajo, mi querido Hans, dos hombres le están aguardando para llevarlo a un refugio seguro, y no se preocupe por nada; lo vamos a cuidar.&lt;br /&gt;- Está bien, si así lo quieren los camaradas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despidieron, taconeando a la alemana e izando el brazo:&lt;br /&gt;- Heil Hitler &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Heil Hitler&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el vestíbulo del edificio, un par de tipos de acentuados rasgos arios lo condujeron, en silencio, hasta un Mercedes Benz negro estacionado en la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma semana, las páginas marginales de los periódicos nacionales informaron de la aparición de un cadáver flotando en el Paraná. Correspondía a un varón de mediana edad, con las manos cortadas mecánicamente y el rostro deformado, parcialmente devorado por los peces. Según la cédula de identidad que portaba en uno de sus bolsillos, se llamaba Heriberto Peralta y era natural de Asunción.&lt;br /&gt;La escasa o nula notoriedad de la noticia chocaba con la anormalidad de otros tres sucesos ulteriores relacionados con ella. Por un lado, la cúpula de la filial de la firma alemana, convocada a la sede de Hamburgo con carácter de urgencia, fue renovada por completo. Por otro, un ciudadano alemán, con documentación falsa a nombre de Eladio Valdés fue hallado, dentro de su vehículo y con múltiples impactos de bala en el cuerpo, a escasos kilómetros de la frontera con Argentina. Finalmente, el responsable de Seguridad de la Embajada de Alemania en Asunción pereció acribillado en una calle de la capital cuando salía, bien entrada la madrugada, de un afamado prostíbulo (los análisis balísticos pertinentes indicaron que la munición ,empleada en ambos crímenes, pertenecía a una pistola Beretta de 9 mm., como las que utilizan los profesionales)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas un mes después de los hechos, el Centro Simón Wiesenthal comunicaría que el cuerpo identificado como Heriberto Peralta se correspondía en realidad con Hans MeyerKopf, ex general de las Waffen SS y responsable de deportaciones masivas de judíos en Hungría (1944-1945).&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8522923033768884235?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8522923033768884235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/10/ss-en-paraguay.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8522923033768884235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8522923033768884235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/10/ss-en-paraguay.html' title='S.S. en Paraguay'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4439943219582050306</id><published>2010-10-15T20:59:00.009+02:00</published><updated>2010-10-15T23:06:52.770+02:00</updated><title type='text'>Un tipo amargo</title><content type='html'>Su amargura vital se debía, esencialmente, a su falta de coraje para estar a la altura de las ilusiones. Pero esto fue al principio porque, con el paso del tiempo, la resignación se asentó de tal modo en su interior, que las ilusiones murieron y el entorno pasó a resultarle indiferente. No esperaba a nada, ni a nadie, y su único deseo era que los días transcurrieran de manera indolora, sin diferenciarse los unos a los otros, y encaminándole sin dilaciones hacia uno cualquiera, dictado por la casualidad, donde finalmente dejara de existir. Lástima que esa fecha señalada se retrasaba más de lo deseable, haciendo de sus jornadas una constante plenitud de la nada; madrugaba, montaba en el metro, iba a la oficina, desayunaba, regresaba a casa, comía, dormía la siesta, leía algo, veía estúpidos programas televisivos, cenaba, se acostaba, escuchaba a anodinos locutores de radio, cerraba los ojos, y enseguida amanecía otro día, sin ni siquiera el consuelo de haber soñado. Sin embargo, debajo de todo este vacío existencial, subyacía cierto orgullo (es bien sabido que brota de cualquier cosa) por poseer una realidad, y un destino tan estéril, pero tan único. Nadie era como él, y cuando coincidía con la gente, no se esforzaba lo más mínimo en mitigar el sentimiento de superioridad que le aquejaba. Todos le parecían tan idiotas y simples, con sus conversaciones de tres al cuarto, sus lecturas de pseudo-literatura, y sus aspiraciones pequeño burguesas por cambiar de coche o de vivienda, que tenía la sensación de pertenecer a otra especie. Al verlos, comprendía que tal vez la felicidad fuera eso; desconocer las propias limitaciones y aceptar las migajas que nos ofrece la vida. O al menos así podía ser para el común de los mortales, pero no para él. No se conformaba con medianías, y por eso, por no poder tenerlo todo, fue que se fue dejando morir en vida, sin darse al menos una oportunidad de la mano de subterfugios como la religión, el amor o el psicoanálisis. La solución tenía que estar en su interior. Quizás por eso leía, para no afrontarse a sí mismo y poder evadirse en ficciones hasta su total desaparición, con la resignación de un destino injusto (eso creía) y enarbolando la derrota con dignidad de vencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4439943219582050306?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4439943219582050306/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/10/un-tipo-amargo.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4439943219582050306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4439943219582050306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/10/un-tipo-amargo.html' title='Un tipo amargo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8105651251601187402</id><published>2010-09-28T19:01:00.004+02:00</published><updated>2010-09-28T19:07:42.361+02:00</updated><title type='text'>Otro doble</title><content type='html'>* PULSIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caudal de cinismo con que se expresaba, no conseguía neutralizar totalmente ese poso de angustia y negatividad que, desde siempre, habitaba en su interior. No era el mismo cuando estaba en compañía de amigos, o de quién fuera, que cuando estaba sólo. Era, en estos momentos, de íntima soledad, cuando barajaba la idea del suicidio con la familiaridad de lo recurrente y la inseguridad de una pastilla de jabón en las manos. Quería suicidarse, aún cuando, de más en más, sabía que esta pulsión latente que arrastraba desde niño nunca iba a materializarse. Le gustase o no; era un superviviente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* PRESENCIA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La odiaba. Ella lo había olvidado fácilmente y él, por el contrario, no iba a poder olvidarla en lo que le restara de vida. Este desequilibrio de memorias le dolía más que ninguna otra injusticia padecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8105651251601187402?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8105651251601187402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/otro-doble.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8105651251601187402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8105651251601187402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/otro-doble.html' title='Otro doble'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5337030133957226089</id><published>2010-09-23T18:35:00.010+02:00</published><updated>2010-09-23T19:01:50.471+02:00</updated><title type='text'>Por partida doble: OFF y YO-YO</title><content type='html'>* OFF&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temía haber perdido, de manera irreparable, la conexión con el mundo de la imaginación y la fantasía. Si siempre había atraído palabras e historias sin apenas esfuerzo, desde la publicación de su última novela, hacía ya tres años, un enorme desasosiego, que le impedía escribir, se apoderaba de él cada vez que se sentaba ante el teclado de su ordenador. Lo que en un principio consideró una crisis de creatividad pasajera, se tornó en un mal crónico que le llevó a tomar plena conciencia de su actual inoperancia. Para exorcizar tamaña fatalidad, intentó permanecer ocioso, relajado, creyendo que la tranquilidad le dotaría de un estado anímico adecuado para romper la tendencia de esterilidad literaria en la que estaba inmerso. Ante la inoperancia de la medida, decidió entonces recurrir a algo más drástico; aprovechando los efímeros ataques de furia que le asaltaban de vez en cuando, se entregó casi religiosamente al alcohol y las drogas, creyendo que, de esta manera, podría acceder a zonas nuevas de su conciencia o sino, retornar a las ahora olvidadas. Tampoco esto dió resultado, por lo que la desesperación, y el sentirse acorralado, hicieron tal mella en él, que no vió más alternativa que dejarse llevar por la indolencia y poner su caso en manos de las musas o el azar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, y a pesar de todo lo sufrido, un último y pequeño poso de esperanza continúa subsistiendo dentro de su corazón. Así, cada mañana al levantarse, una misma primera orden palpita en su cerebro a modo de deseo: “poder escribir una frase que le conmueva”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* YO-YO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creía que el dolor disminuiría a medida que se difuminaran los recuerdos, y tenía razón pero, había ciertas cosas que se resistían a desaparecer. Aún cuando le engañaran con cortos y esperanzadores períodos de ausencia, siempre terminaban volviendo; una foto encontrada al poner orden en el escritorio, una canción que sonaba mientras tomaba el desayuno, el rastro callejero de un perfume antaño familiar, o el rencuentro con una vieja amistad común, era más que suficiente para que la nostalgia empañara su ánimo, y los viejos episodios se fijaran en su mente como postales. Por si fuera poco, debía disimular ante su esposa. No por amor, sino por miedo; por miedo a herirla, a que descubriera el desengaño, a que intuyera que la eligió porque era una alternativa medianamente satisfactoria, y a que, finalmente, cayera en la cuenta que se casó con ella porque no tenía pasado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su vida se había convertido en algo tan ordinario, limitado e insípido, que ya sólo se conformaba con subsistir. Para ello, apenas precisaba nada. Le bastaba, únicamente, con no ser un malagradecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5337030133957226089?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5337030133957226089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/por-partida-doble-off-y-yo-yo.html#comment-form' title='23 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5337030133957226089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5337030133957226089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/por-partida-doble-off-y-yo-yo.html' title='Por partida doble: OFF y YO-YO'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6462841001350092985</id><published>2010-09-19T23:34:00.007+02:00</published><updated>2010-09-20T00:23:23.096+02:00</updated><title type='text'>Negatividad</title><content type='html'>Dotado de una naturaleza predispuesta a la metafísica y las supersticiones, solía pasear cuando no encontraba la inspiración, creyendo que el pensamiento aireado y el ejercicio de sus piernas le llevarían hacia ella. Sin embargo, últimamente,  eso se había convertido en  un pretexto para abandonar por un rato su lúgubre apartamento. Tenía la certeza de que, de alguna forma, una energía negativa se había metido en el interior del mismo, y se expandía, lenta pero inexorablemente, hasta colonizar todas las estancias de la vivienda. Ésta debía ser la causa por la que, de un tiempo a esta parte, se resintiera cada vez más su capacidad para escribir algo digno, para pensar y crear , además de encontrarse siempre cansado y de pésimo humor. ¿Sería acaso una demoníaca posesión de efectos desmoralizadores y paralizantes? ¿No habría alguien que, envidioso, le hubiera “enviado” esa negatividad en un deseo por destruirlo?. Sopesando el problema, llegó a la conclusión de que tenía dos claras y recurrentes posibilidades de acción: acudir al psquiatra, o buscar a un cura para que bendijera la casa.&lt;br /&gt;Al final, indeciso, se decantó por una tercera: pintar las paredes de blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6462841001350092985?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6462841001350092985/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/negatividad.html#comment-form' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6462841001350092985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6462841001350092985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/negatividad.html' title='Negatividad'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8428045040133370654</id><published>2010-09-03T17:17:00.009+02:00</published><updated>2010-09-03T17:42:54.108+02:00</updated><title type='text'>Brevedades pretéritas; última entrega</title><content type='html'>* HIPÓCRITAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras mi separación, fui insensiblemente apartándome de algunas personas (de poca valía, dada la condición mercenaria de su supuesta amistad). La decisión aplicada fue buena para mi alma, porque la depuración de esos seres indeseables, e irredimiblemente mediocres, supuso eliminar a molestos testigos de un pasado que yo quería borrar a toda costa. Ocasionalmente, alguno de ellos me telefonea para pedirme algo. Invariablemente, los mando a paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* VACÍO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba convencido de que si dentro de los límites determinados en los que se movía, ningún cambio de verdad se mostraba viable, entonces, debería traspasar dichos límites. Sólo, que no sabía cómo hacerlo. Tal vez lo que le hiciera falta fuera un éxito, una rotunda victoria que sirviera como locomotora de arrastre. Mientras esta llegaba, no sabía cómo, ni cuándo, ni de qué manera, no le quedaba más, a falta de valor para encarar un radical viraje en el rumbo de su existencia, que sobrellevar, como mejor pudiera, su dolorosa protesta contra todo. Y así pasaba los años, entregándose a piruetas metafísicas, y centrifugando ideas de difícil aplicación hasta morir, sin objeto, un día cualquiera dictado por la casualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* ESPERANTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El no se había tomado un año sabático, sino toda una vida. Insensible a cualquier dolor que no fuera físico, vivía adormecido en una larga caída, aferrándose  a una pragmática propensión al olvido, mientras aguardaba la llegada de esa crisis terminal que pusiera término a su existencia plagada de carencias. Sin embargo, una leve esperanza latía involuntariamente en lo más recóndito de sí mismo, ésa que le hacía esconder, de cara a todos, un preciado tesoro llamado “expectativa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* DIVERGENCIA MARITAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anselmo Carrascosa pertenecía a esa categoría de personas que al casarse, empeoran. De tres años a esta parte, había perdido cabello, aumentado varias tallas,  y sus movimientos se tornaban cada vez más lentos y torpes. Era como si sus antaño nuevos horizontes vitales hubieran sido relegados al olvido en el momento que dijo: “sí, quiero”. Por el contrario, su esposa estaba cada día más hermosa y resplandeciente, lo que acentuaba la brecha que se había abierto entre ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hechos ulteriores acelerarían aún más este avance en direcciones contrarias. Así, mientras él sucumbía a una terrible enfermedad, cuya sola mención resulta tabú, ella, rejuvenecida, gozaba del joven cuerpo de un muchacho que podría ser su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8428045040133370654?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8428045040133370654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/brevedades-ultima-entrega.html#comment-form' title='45 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8428045040133370654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8428045040133370654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/09/brevedades-ultima-entrega.html' title='Brevedades pretéritas; última entrega'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>45</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-565175036860608654</id><published>2010-08-31T18:08:00.007+02:00</published><updated>2010-09-01T00:15:08.626+02:00</updated><title type='text'>Sigo escarbando en los cajones</title><content type='html'>* QUÉDESE EN CASA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignado ante la vida, refrenaba sus impulsos por miedo a hacer el ridículo (como si no lo fuera frecuentar la barra de los bares nocturnos en espera de que alguna mujer se fijara en él). Su rostro sanguíneo, en el que resaltaba una nariz prominente y unos ojos hundidos en sus cuencas, no lo convertían en un nombre atractivo de manera alguna. Para colmo, su peinado recordaba obsoletas modas, como su vestir y su manía de tratar a los demás de usted. Pero lo peor, con diferencia, era su torpeza para entablar relación con cualquiera, evidenciando patológicas incapacidades sociales. Agarrándose a la esperanza que, con rotunda certeza, es lo último que se pierde, acudía todas las noches a un par de locales en busca de eso que él mismo llamaba “la mujer de mi vida”. ¡Cómo si la fuera a encontrar en esos lugares!...¡Cómo si le fuera a resultar fácil con esa cara...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* MAMÍFEROS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los clientes babeaban por ella. Aparcaban sus coches de alta gama a la puerta del bar y se enfrascaban en disertaciones sobre la importancia de sus trabajos, con la esperanzadora intención de que los escuchara y quedara impresionada. Yo, por el contrario, era el único que no babeaba. El único que se acercaba andando hasta el local. El único que no hablaba. El único que transmitía indiferencia. Herida en su orgullo y afectada por la excepción,  se esmeraba en tapar mi campo visual, poniéndome su escote delante, y obligándome a volver mis ojos a la lectura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;* LOCUTOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche , tumbado en la cama, y escuchando la radio que descansaba sobre la mesita de luz próxima, las siguientes palabras llegaron a mis oídos: “siempre hay que seguir mientras uno no esté muerto”. Pensé que ese tipo tenía razón, hasta que más tarde, iluminado en un receso de la penosa carga de monotonía y nebulosa mental que me perseguía con éxito desde hacía tiempo, me pregunté a mí mismo (acaso a mi subconsciente);¿seguir ádónde?. Desde entonces, trato de recordar cómo carajo se llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* LO MÍO ES DIFERENTE (LO DE UNO, SIEMPRE LO ES)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La camisa negra y el fino bigote indicaban a las claras su carácter retrógado y oscurantista. Bajo su apariencia de santurrón (misa diaria y confesión semanal) despotricaba a diario contra los inmigrantes, los homosexuales (más bien, putos), el divorcio y todos esas asuntos que tanto fastidian a los individuos que, como él, llevan la intolerancia por bandera. Era de esos que se quedaban mirando cuando veía a una mujer al volante o a un negro acompañado de una blanca y que consideraba subversivos a periodistas y gente del mundo del espectáculo o las artes. Se llamaba Leandro Pineda Hinojosa y murió hará unos cinco años. Poco queda de él, salvo unas fotografías y una hija; de piel oscura y pelo rizado.......como el padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-565175036860608654?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/565175036860608654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/08/sigo-escarbando-en-los-cajones.html#comment-form' title='27 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/565175036860608654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/565175036860608654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/08/sigo-escarbando-en-los-cajones.html' title='Sigo escarbando en los cajones'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>27</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-206979938023116471</id><published>2010-08-26T20:32:00.007+02:00</published><updated>2010-08-26T21:50:22.659+02:00</updated><title type='text'>Más brevedades rescatadas del mismo cajón</title><content type='html'>* ME MUERO (último fragmento del Diario del escritor Jákob Steinschneider)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trieste, 14 de agosto de 1994&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis nocturnos recorridos por las calles del barrio trato, vanamente, de serenar las traicioneros vaivenes de mi espíritu y mi cerebro perturbado. El exasperante transcurso del tiempo, estéril y nada piadoso con mis necesidades, me aboca a un tedio tenaz y dañino, una suerte de veneno que garantiza una muerte lenta. Ya no consigo ocultar a mi propia conciencia las zonas de la realidad que tanto me asustan e intento evitar a toda costa. Los demonios del pasado, esos contra los que luché durante tanto tiempo, han sobrevivido a pesar de todo y están aquí, más vivos que nunca. No me queda apenas destino sino tragedia. Días contados de una vida fundamentada en la mentira y el engaño tras los que la verdad se oculta.&lt;br /&gt;Amores extinguidos, incumplidas promesas y la negación lejana de los sueños, es mi penoso bagaje existencial. Un material amargo rendido al trémulo gatillo de esta pistola...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuatro días después de escribir estas líneas, se voló los sesos de un disparo. (Ficción)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* COSMOPOLITA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era lo suficientemente inteligente para no preguntarme en qué pensaba pero, lo mínimamente curiosa para no dejar pasar por alto mi expresión pensativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ocurre algo, Marcos?&lt;br /&gt;- Vos sos ashkenazí de ascendencia bielorrusa, alemana y holandesa. Yo, sefaradí de orígen español, portugués, italiano y turco. Y los dos acabamos de amarnos sobre una cama de madera de Indonesia en un barrio de Buenos Aires….me estaba preguntando si a las personas nos une el destino o la casualidad….&lt;br /&gt;- Tal vez el destino resulte la más poderosa de las casualidades – apuntó Liliana&lt;br /&gt;- Tal vez….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* ACASO MÁS TARDE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conocí demasiado pronto. Cuando no tenía nada que ofrecer y no vislumbraba otra senda que la soledad. Antepuse entonces mi lado canalla a mi pretendida sabiduría y, en consecuencia, no se me ocurrió otra cosa que abandonarla, sin miramientos e insensible a sus fragilidades. Hoy, pasado tanto tiempo, olvidarla sigue siendo un gran desafío&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-206979938023116471?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/206979938023116471/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/08/mas-brevedades-rescatadas-del-mismo.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/206979938023116471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/206979938023116471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/08/mas-brevedades-rescatadas-del-mismo.html' title='Más brevedades rescatadas del mismo cajón'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6986840357604836985</id><published>2010-07-16T04:47:00.019+02:00</published><updated>2010-08-14T15:18:25.127+02:00</updated><title type='text'>Brevedades rescatadas de un cajón</title><content type='html'>* DEPENDENCIA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados casi tres años desde el divorcio, aún extrañaba el sexo de su ex mujer; ése lugar geométrico donde vertía todas sus angustias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* EXTERMINIO:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre cosía las obligatorias estrellas amarillas en nuestras ropa, mientras todos callábamos y dominábamos lágrimas de rabia y vergüenza. Hoy, pasados tantos años, sigo recordando lo que entonces dijo mi padre: "No os preocupéis hijos, de esto no se muere". Pobre padre ! ¿de qué has muerto, entonces?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* FAUNA DE OFICINA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.Manuel. 46 años, soltero, habitual lector de Marca y forofo del Atlético de Madrid. Se dedica con ahínco a la cría de canarios y todavía sería virgen si no pagara. Últimamente le da por las prostitutas eslavas, y el desayuno andaluz; pan tostado con tomate triturado y aceite de oliva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.Mónica : 38 años pero aparenta cincuenta. Casada con un cantante de orquesta, es con casi toda seguridad cornuda . Desea, a toda costa, quedarse embarazada de ese hombre que tanto la respeta (apenas la toca). Se las de entendida en literatura porque lee mucho, pero sus lecturas no van más allá de los libros que compra en la sección de saldos del Carrefour&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3.Esteban: 50 años. Comunista. Añorante de sus  tiempos de hippy, lleva los mismos vaqueros de lunes a viernes, tararea canciones de flores, amor y mariposas y se desplaza a bordo de un cochambroso escarabajo amarillo. Separado de una inglesa, tiene un hijo que no habla ni papa de español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4.Juan Luis (el jefe): 42 años y un largo recorrido como pijo prematuro. Casado con una azafata de familia burguesa, odia que le recuerden los orígenes labriegos de su olvidada familia. Fiel a la impostura, está orgulloso de su melenita jerezana empapada en gomina, se declara fanático de los polos de marca, las camisas hechas a medida y las chaquetas Príncipe de Gales. Colecciona relojes y los sábados juega al golf (llueva o no llueva). En las cenas, tras catar el vino, repite invariablemente el mismo comentario: "mmm, está afrutado", se trate de blanco o tinto, crianza o reserva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* FEOS:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primo y yo desayunábamos plácidamente en el comedor de un coqueto y céntrico hotel lisboeta, cuando nuestra soledad se vió ultrajada por el trajín de un montón de turistas aparecidos de golpe.&lt;br /&gt;- ¿Te díste cuenta de lo feos que son todos? - me preguntó intrigado&lt;br /&gt;- es que hay una ponencia de feos - respondí con lo primero que se me ocurrió&lt;br /&gt;- Ah, ya entiendo...y éstos hacen de figurantes ¿no?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* PRESENCIA: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La odiaba. Ella lo había olvidado fácilmente y él, por el contrario, no iba a poder olvidarla en lo que le restara de vida. Semejante desequilibrio, le dolía más que ninguna otra injusticia padecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6986840357604836985?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6986840357604836985/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/brevedades-rescatadas-de-un-cajon.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6986840357604836985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6986840357604836985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/brevedades-rescatadas-de-un-cajon.html' title='Brevedades rescatadas de un cajón'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6649439661629555661</id><published>2010-07-09T01:57:00.017+02:00</published><updated>2010-08-14T15:18:05.577+02:00</updated><title type='text'>Encuentro en Madrid con la Innombrable</title><content type='html'>Me sorprendió que mi amigo Silvio me citara en aquel lugar. En especial, porque nos habíamos visto el día anterior, y otras dos veces más desde mi reciente llegada a Madrid, apenas seis días atrás. Sin embargo, no sospeché lo que se avecinaba, y me personé en el Café del Temple a la hora convenida. &lt;br /&gt;El local, era uno de esos espacios grandes y pretenciosos, que conjugaba una gloria pasada a base de artesonado policromado, tarima de oscura madera noble y una barra decimonónica en la que predominaba el azulejo, con un modernismo traducido en colores vivos, afiches acrílicos en las paredes y una luz tan excesiva, que le daba a uno la impresión de estar en un laboratorio. Pero yo no estaba allí para disfrutar del entorno, sino para charlar con un amigo. Un amigo que venía con retraso, así que pedí un whisky en cuanto la camarera se acercó hasta mi mesa. Tomé un sorbo, luego otro, y volví a consultar inquieto mi reloj. Pasaban ya diez minutos y la paciencia no fue nunca uno de mis valores, así que me obligué a serenarme entreteniéndome en borrar mensajes y llamadas de mi celular. Cuando terminé, apenas dos minutos más tarde, me encontré con la visión de mi ex pareja, ésa a la que no me gusta llamar como la bautizaron sino como la Innombrable, sorteando sillas y dirigiéndose hacia mí. Me acordé entonces de Silvio y de su árbol genealógico entero, comenzando por su santa madre y terminando por su bisabuelo el cafiolo, mientras ponía mi mejor cara de póker cuando voy de farol. Al momento la tuve parada a mi vera, poniéndome una mano sobre el brazo y plantándome un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios. No se lo devolví, pero sonrío de todas formas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te veo muy bien – fue lo primero que me dijo nada más tomar asiento&lt;br /&gt;- Será porque estoy cerca – contesté irónicamente, reparando en las patas de gallo alrededor de sus ojos y ciertas marcas de expresión que marcaban sus carrillos y fruncían el contorno de su boca&lt;br /&gt;- Tienes que perdonar a Silvio. Fui yo quien lo obligué a que hiciera de intermediario. Te conozco muy bien para saber que, de otra forma, éste encuentro no se habría dado – se excusó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ni siquiera la miraba, y me maldecía por no haber tenido el valor de salir corriendo nada más verla. Sabía que no debería estar ahí y que no me aportaría ningún bien jugar una partida de un juego que no me seducía. Por el contrario, ella parecía tener ganas de hablar, y buscaba atrapar mis ojos en su mirada a cada gesto o palabra que pronunciaba.&lt;br /&gt;- ¿Qué piensas de que estemos aquí? – preguntó decidida&lt;br /&gt;- Nada, no pienso nada &lt;br /&gt;- Está bien, te lo voy a preguntar de otra forma ¿Te duele esta situación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me dolía, pero me molestaba su tono sobrado, y aquella puesta en escena de un guión sin duda meditado y ensayado anteriormente. Por eso contenía mis ganas de espetarle un “andate a la reputa que te parió” y largarme sin volver la vista atrás. Tenía que luchar contra mi paciencia y no dar la impresión de guardar rabia o reproche por lo sucedido entre nosotros. Habían transcurrido más de cuatro años desde nuestra separación, y hacía mucho tiempo que ya no pensaba en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, no me duele, pero no le encuentro el sentido – respondí francamente, con un deje de indiferencia&lt;br /&gt;La camarera nos interrumpió y yo aproveché para pedir otro whisky. La Innombrable, un Ginger-ale. Luego, retomamos el diálogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te voy a ser sincera. Me fui porque contigo no veía futuro. Juntos nos estábamos estancando, y necesitábamos sacar fuera de nosotros lo mejor que atesorábamos dentro. Acuérdate que tú casi ni escribías por esa época y yo, tenía que embarcarme en un proyecto que nunca hubiera abordado estando a tu lado. &lt;br /&gt;- Mirá, flaca, la verdad es que no sé porqué me contás todo esto. Ni te pedí explicaciones entonces, ni lo voy a hacer ahora. También te recuerdo, que me comunicaste nuestra ruptura por fax, así que no entiendo qué carajo andás buscando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante unos segundos no dijo nada, y se me quedó mirando, calibrándome y encajando el golpe recibido. Pero, de inmediato, volvió a la carga:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Fuimos felices, y tú lo sabes. Lo malo es que la realidad nos pasó por encima y no supimos hacerle frente. No estábamos preparados…ahora, en cambio, tenemos experiencia y sabemos lo que queremos, y a quien no queremos. Es hora que dejemos de buscar en otras personas lo que una vez encontramos y perdimos… Yo te quiero, y sé que fue un error dejarte, por mucho que me quisiera engañar a mí misma y tuviera una hija con otro hombre...y creo que tú también me quieres. De hecho, no has tenido estabilidad desde que estabas conmigo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve ganas de replicar pero pensé que no valía la pena, así que me mordí la lengua, y di la callada por respuesta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya no somos unos niños Guido…yo ya monté el gabinete que pretendía, y me va muy bien y vos por fin publicaste tus libros…Además, mi padre está buscando a alguien que se ocupe de parte de sus negocios,  ¿y quién mejor que tú?, que no sólo eres listo sino también honrado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí ya no pude aguantarme más y salté, esforzándome en no alzar la voz &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mirá vos, ahora resulta que el judío no era tan malo como pensabáis¡. Decime; ¿me estás cargando, o dejaste la medicación? ¿O acaso tenéis tan poca vergüenza en tu familia que queréis comprarme?&lt;br /&gt;- Démonos otra oportunidad, Guido – susurró tomándome una de mi mano entre las suyas y cambiando de tonalidad – sin rencores, dejándonos llevar únicamente por lo que sentimos. Tengamos ése hijo que quisimos tener entonces, trabajemos juntos, vivamos de verdad y seamos felices. Nadie se lo merece más que nosotros...&lt;br /&gt;- ¿Querés que te diga lo que pienso?&lt;br /&gt;Asintió con la cabeza y me apretó más fuerte la mano&lt;br /&gt;- Pues mirá, lo único que te voy a decir, es que si sé que ibas a pagar vos, hubiera pedido un whisky más caro. Y ahora, guapa, si me disculpás te dejo porque, ni doy segundas oportunidades, ni me dejo comprar, aún cuando la oferta venga de alguien a quien quise tanto como a vos – sentencié soltándome y poniéndome en pie.&lt;br /&gt;- Pero…- balbuceó, desconcertada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No la dejé seguir. La corté con un gesto y enfilé la salida, sin despedirme siquiera y con unas ganas imperiosas de alcanzar la calle y fumarme un cigarrillo...otra de esas cosas que también tenía olvidadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6649439661629555661?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6649439661629555661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/encuentro-en-madrid-con-la-innombrable.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6649439661629555661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6649439661629555661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/encuentro-en-madrid-con-la-innombrable.html' title='Encuentro en Madrid con la Innombrable'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-1449789111006059065</id><published>2010-07-04T03:59:00.016+02:00</published><updated>2010-07-04T04:48:32.452+02:00</updated><title type='text'>Italiana</title><content type='html'>Por aquél entonces, yo todavía vivía en Madrid, mi pareja se había largado (sin dar explicaciones, ni yo pedírselas) y los días se sucedían con una negritud uniforme, acorralándome en el desánimo y gangrenando mi visión de la realidad. Estaba totalmente abatido por el remordimiento, y me esforzaba para poder mantener la dignidad y el deterioro dentro de unos límites tolerantes: me duchaba cada tres días, afeitaba cada siete, evitaba el peine, comía básicamente alimentos enlatados, no leía, fumaba como un carretero, bebía más de lo habitual y sólo me permitía dar largos paseos, no por gusto, sino para poder soportar la angustia. Ante tal panorama, donde un cálido dolor se había aposentado en mi interior con intenciones de huésped sin prisas de desalojo, llegué a temer una escalada que me hiciera traspasar el umbral de la cordura y caer en la insania. Afortunadamente, no llegué a tanto. En parte, gracias al apoyo de mi siempre cercano primo Amadeo y de un par de amigos, cuyas doctas y vivaces conversaciones sirvieron de bálsamo para mi lastimado ánimo. Pero sobre todo, debido a la inesperada aparición de una muchacha italiana llamada Oriana Ronchi.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Una buena noche, regresando de uno de mis largas caminatas, me dio por entrar en una pizzería argentina. Había sucumbido al súbito deseo  de mimarme un poco, por lo que tomé asiento a una mesa y pedí empanadas de carne, pizza margherita y una botella pequeña de vino. Mientras esperaba a que me sirvieran, reparé en una linda chica ubicada a unos cinco metros de donde yo estaba. Por alguna razón la identifiqué como italiana, y esto despertó mi interés por ella (quien me conozca sabe lo mucho que me gustan las transalpinas). Lógicamente, ella se dio cuenta enseguida, pero no se sintió turbada, sino más bien lo contrario: me devolvía las miradas, con una sonrisa y una casi inmediata bajada de ojos. Mantuvimos esa dinámica durante un buen rato, hasta que llegó la hora de los postres y me acerqué a un expositor refrigerado a ver qué pedir como dulce remate de la cena. Casi me había decidido por el tiramisú, pero también miraba goloso un suculento bizcocho de chocolate con relleno de dulce de leche, cuando noté una presencia detrás de mí. A través del reflejo del cristal pude comprobar que era ella, y me volví de inmediato, avergonzado como un nene sorprendido en alguna falta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Discúlpame, no quería asustarte – se excusó de inmediato, en un castellano correcto pero de inequívoco acento italiano&lt;br /&gt;Sonreí como un idiota y apenas pude balbucear algo:&lt;br /&gt;- Noo, no es nada&lt;br /&gt;- ¿Qué me recomiendas? – me preguntó, sonriente y simpática, señalando los postres con la cabeza&lt;br /&gt;- Bueno, dado que sos italiana, y el tiramisú seguro que lo tomás a menudo, te aconsejo la torta argentina de chocolate con dulce de leche &lt;br /&gt;- ¿Tú eres argentino?&lt;br /&gt;- Sí, soy de Buenos Aires – respondí, fijándome en su lacio pelo castaño, la suavidad de sus rasgos faciales y el verde gatuno de sus ojos &lt;br /&gt;- Yo soy de Venezia&lt;br /&gt;- Ah, mi familia es de cerca; mi madre de Padova y mi padre, de Modena – confesé en un  pobre italiano &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió verdaderamente sorprendida por mi origen familiar, acentuando aún más su asombro cuando le dije mi apellido. Hablamos, como no podía ser de otra forma, del “Jardín de los Finzi-Contini”, de otras obras de Giorgio Bassani, así como también de la versión cinematográfica que del célebre libro había realizado Vittorio de Sica, y que le valió el Oscar a la mejor película extranjera en 1971. Luego, considerando que aún teníamos que consumir nuestros respectivos postres y que resultaba incómodo continuar charlando de pie, la invité a sentarnos y compartir otra botella de vino. Aceptó de buen grado, y prolongamos la sobremesa en animada conversación. Me contó que era pintora y que sus cuadros se cotizaban a la alza. Yo apenas si conocía nada de moderna pintura italiana, pero salí dignamente del paso citando a Adriana Pincherle (hermana de Alberto Moravia), cuya obra había yo admirado durante un pasado viaje por Italia. Mientras dialogábamos, me di cuenta de que no sólo ella era de mi gusto (no hay más que verla para darse cuenta que es del gusto de cualquiera) sino que yo tampoco le resultaba indiferente. De ahí, que le propusiera continuar la velada en un coqueto y decimonónico café cercano. Por el camino, me fue revelando que había venido varias veces a España, y que estaba parando en casa de una colega de profesión; un señorial edificio del barrio de Chamberí a cuya puerta la dejé un par de horas más tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de esa noche, no dejamos de vernos durante los siguientes 18 días. La llevé a Toledo, Ávila, Lisboa y Sevilla. Le mostré museos de la capital que ella no conocía, como el Cerralbo o el Sorolla. Visitamos restaurantes, iglesias y también acudimos al cine y el teatro, hasta que finalmente llegó el día de su partida y acompañé hasta el aeropuerto, quedándome como un idiota contemplando cómo el avión agarraba altura y la llevaba lejos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los dos años posteriores que pasé en Madrid, fui a verla una vez, y ella vino otra, intercambiamos muchas llamadas de teléfono, mails e incluso cartas, tan ridículas éstas como sólo pueden serlo las de amor, o lo que fuera lo que nos unía. Después, yo retorné a Buenos Aires y nuestro contacto se enfrió, a causa de lo de siempre: el tiempo y la distancia. Sin embargo, todavía me acuerdo a menudo de Oriana, y no descarto un viaje a Italia en un futuro próximo, o invitarla a venir a visitarme a casa. ¡Quien sabe! tal vez volvamos a encontrarnos algún día porque, después de tantas vueltas, estar entre sus piernas se me antoja uno de los mejores lugares del mundo. Al menos de los conocidos, y acaso, el que yo me merezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-1449789111006059065?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/1449789111006059065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/italiana.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/1449789111006059065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/1449789111006059065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/07/italiana.html' title='Italiana'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6919474743596868491</id><published>2010-06-23T12:23:00.028+02:00</published><updated>2010-06-29T00:35:32.412+02:00</updated><title type='text'>Sobre el Zurdo Villalta</title><content type='html'>Berruti se unió al grupo, formado por don Jaime, Fernández el joven (para diferenciarlo de su padre) y un sesentón llamado Ortega. El domingo se estaba apagando, y el cuarteto ocupaba una mesa del fondo, tomando cerveza y escuchando las historias que narraba el viejo. A éste, le gustaba contarlas y, a los otros, escucharlas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Así que usted no sabe quién fue el Zurdo Villalta? – preguntó don Jaime dirigiéndose al más joven - ¿qué les parece?  – añadió mirando al resto con una sonrisa &lt;br /&gt;- A mí me parece que el pendejo ni había nacido – terció Berruti, atento a la reacción de Ortega, que se limitó a mover la cabeza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano se quedó callado unos instantes, llenó los vasos que estaban vacíos y prendió un cigarrillo antes de arrancarse, con lentitud, y entrecerrando los ojos para atraer mejor los recuerdos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Zurdo Villalta... era un morochito originario de una villa cercana a Ciudadela. Uno de tantos chicos pobres sin más futuro que sobrevivir día a día en medio de un entorno sumamente hostil, donde la pobreza era un mal menor comparado con otros como la violencia perpetua o el abandono. En su caso particular, tuvo que aguantar a un padre maltratador que los fajaba a todos, no sólo a la madre y que una mañana desapareció para no regresar nunca. Casi fue una bendición, sino llega a ser porque a partir de ahí el Zurdito tuvo que madurar de golpe y hacerse cargo de su vieja alcohólica y tres hermanos más pequeños. Imagínese, con once o doce años, y semejante panorama existencial, lo que no hubo de hacer para sacar adelante a los suyos: robó, traficó con drogas, se prostituyó y quién sabe qué más…Afortunadamente, el pibe era un mago con la pelota en los pies y una santa tarde, el destino le hizo un guiño inesperado que cambiaría su vida; quiso que el ayudante del director técnico de Vélez, pinchara una rueda justo delante del potrero donde el zurdito estaba jugando un partido con los amigos. El flaco se quedó tan impresionado al verle, y mirá que la situación era más propicia para cambiar la rueda rápido y salir rajando de ahí que cualquier otra cosa, que al rato se acercó a hablar con él. Los términos de la charla, sólo los supieron ellos pero a la semana, Villalta ya entrenaba con las divisiones inferiores de Vélez. A partir de entonces, empezó a subir como un tiro, y con apenas diecisiete años, debutó en primera, marcando un gol a Huracán, en cancha de éste último. Después de esto, vinieron los buenos contratos, la guita y, finalmente,  terminó recalando en uno de los grandes: en River, de donde apenas llegado, lo convocaron para jugar con la selección nacional. Como el sueño americano, pero en el culo del mundo ¿vió?. Y no era para menos porque yo, que lo vi jugar, le puedo asegurar que Villalta era un virtuoso con la pelota,  y eso que el físico no lo acompañaba mucho. Más bien nada; petisito, chueco, pero rápido como el correcaminos…&lt;br /&gt;- ¡Y cómo gambeteaba el guacho¡ - intervino Ortega – el tipo hacía siempre la gambeta por el mismo lado, pero aún así, no había forma de pararlo. Le tenías que dar con un caño…Para mí, fue uno de los mejores extremo izquierdo que tuvimos nunca&lt;br /&gt;- ¿Se acuerdan de aquel gol que le metió a los brasileros del Santos tirando de chanfle casi desde el córner? – preguntó entusiasmado Berruti&lt;br /&gt;- Y, claro, cómo te vas a olvidar de algo así… ¡Esos goles se ven sólo una vez en la vida¡ - respondió don Jaime - ¿Y qué me cuentan del que le metió a los yoruguas en una Copa América agarrándola casi de media cancha y sacándose de encima a cuanto oriental le salió al paso hasta tirársela por arriba al arquero? &lt;br /&gt;- ¡ Fue espectacular aquél golazo ¡. Para que luego salte el boludo de turno y te diga que antes los goles eran en blanco y negro. ¡ En blanco y negro las pelotas ¡ ya me gustaría ver a estos tilingos de hoy, que juegan engominados, o no se qué carajo se ponen en el pelo que siempre les brilla, metiéndola como Villalta y los de su quinta…- dijo Ortega&lt;br /&gt;- Tenías que haberlo visto, pibe - retomó la palabra el viejo – ¡ qué fenómeno ¡ hubiera pasado a la historia por la puerta grande, si lo hubieran respetado las lesiones…pero, la suerte se le volvió en contra, y con 26 años se tuvo que retirar por problemas de rodilla. Tenía una dolencia crónica que, a cada paso lo estaba apartando de la cancha, hasta que no tuvo más remedio que dejar el fútbol. Desde ahí, le fue todo como el tujes, y terminó en la ruina más absoluta. Para empezar, antes no pagaban las barbaridades que  ahora ¿vió? y también se gastó un montón de plata en abogados, porque sus hermanos entraban y salían de la cárcel a cada paso. Súmele a esto los constantes asados que hacía para los villeros más lo que se gastó en vicios, y es fácil de entender porqué terminó en la miseria en pocos años. &lt;br /&gt;- Y…cuando no hay cabeza, no hay nada que hacer – apuntilló Berruti – ya se sabe cómo son estos negros &lt;br /&gt;- Sí, pero nadie se imaginaba que iba a tener tan trágico final…- adelantó Ortega&lt;br /&gt;- ¿Qué pasó? ¿cómo terminó? – preguntó ansioso Fernández el joven &lt;br /&gt;- Terminó muy mal, peor de lo que cualquier hubiera pensado. Resulta que, como venía contando, el morocho se arruinó, y volvió a caer en la prostitución; al principio como puto medio de lujo, aprovechando el tirón de la fama que aún mantenía, pero de a poco, se fue hundiendo en la sordidez, para acabar alquilándose en los parques, autos o cualquier miserable estación de microbuses. Dicen que se drogaba mucho, y puede que tengan razón. Yo lo me crucé un día por Santa Fé, y daba lástima verlo; llevaba unos shorts cortos de color amarillo canario, una musculosa rosa y el pelo largo, desprolijo, teñido de negro azabache. Tenía los labios mal pintados, y al darse la vuelta, me fijé que en la coronilla tenía una pelada tipo fraile que a duras penas conseguía disimular…Estaba muy avejentadado, y aparentaba como cincuenta años, aunque  no tuviera más que treinta y monedas&lt;br /&gt;- ¿Y, don? ¿entonces qué pasó?¡ Cuénte, cuénte ¡ - urgió nuevamente el muchacho&lt;br /&gt;- Dígame, joven ¿usted para todo es tan impaciente? Míre que el apuro, para algunas cosas no es nada bueno…&lt;br /&gt;- Vamos, don Jaime, no se me vaya por las ramas…&lt;br /&gt;- Está bien, está bien, no se me caliente que ya acabo. Como le decía, Villalta terminó de puto barato. y un día lo encontraron muerto en el bosque de Palermo, con los pantalones bajados y el cuerpo destrozado a golpes; le habían dado una paliza y violado con una raqueta, según dictaminó el forense y confirmó la posterior investigación policial.  Los asesinos, resultaron ser tres hinchas de River, que después de un partido, se pusieron en pedo con vino barato y decidieron divertirse sacudiendo a un travelo. Se ve que no lo reconocieron, o que se les fue la mano, o quizás se ensañaron con él porque les dio bronca que una figura como había sido Villalta cayera tan bajo. Nunca lo dijeron, y la cana tampoco se tomó muchas molestias en averiguarlo. Mandaban los milicos, y esas cosas se tapaban, no fuera que en el extranjero se pensaran que los argentinos éramos una manga de degenerados…&lt;br /&gt;- ¡Qué hijos de puta¡ ¡qué hijos de la gran puta¡ - exclamó con bronca Fernández&lt;br /&gt;- Bueno, y ahora que ya se le pasaron las prisas, se va a acercar al mostrador a pedir una cerveza grande y unas empanaditas, que de pronto, el apuro nos entró a nosotros, los viejos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fernández el joven obedeció y enfiló camino mientras resto del grupo lo contemplaba divertido, haciendo bromas a su costa y fumando hasta que volvió con el pedido; el último de aquel domingo tan anodino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6919474743596868491?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6919474743596868491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/sobre-el-zurdo-villalta.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6919474743596868491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6919474743596868491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/sobre-el-zurdo-villalta.html' title='Sobre el Zurdo Villalta'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7143231724709524737</id><published>2010-06-17T17:29:00.013+02:00</published><updated>2010-06-20T14:33:11.430+02:00</updated><title type='text'>Tanguero</title><content type='html'>- Sí – dijo el viejo – yo tuve la suerte de conocer a Jorge Rosenthal, o Jorge Ros, como era conocido por el gran público, y también fui uno de los últimos privilegiados en oírle cantar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debió de ser más o menos principiando los setenta, no me acuerdo con exactitud del año. A mí edad los números bailan ¿sabe?, así pongámosle que fue en el 71 o el 72. Como mucho, en el 73.  Fíjese si hace tiempo, que yo por entonces hasta era joven, o casi. Bueno, dejémonos de nostalgias, el caso es que en aquellas fechas, era asiduo del Café Siena ¿lo ubica?. Noo, ¡ qué va a ubicar si desapareció hace años ¡. Estaba en la esquina de Díaz Vélez y Acoyte, a poco más de cuatro cuadras de acá, y sin dejar este lado de la calle. Bah, tampoco se crea que se pierde gran cosa…era un boliche de tantos; con unas mesas de fierro, una larga barra de zinc y unos mozos gallegos que se movían rápido y no ahorraban en buenos modales. Tenían muy buena onda, todo lo contrario del dueño, un petisito calabrés mal encarado, que no te regalaba un buenas noches ni que corrieras detrás de él con un cuchillo para caparlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, cómo le venía diciendo…yo iba para allá casi todas las noches, en cuanto terminaba de cenar y lavaba los platos, me sentaba a una mesa, pedía un cafecito, una copa de grappa y sacaba mi libreta y una lapicera a ver si así se me acercaba alguna musa para susurrarme alguna historia. No venían ni en pedo, claro, pero yo todavía era un iluso. Había publicado un par de cuentitos en una revista literaria, y pensaba que iba a convertirme en uno de los nombres consagrados del género. Me mató la vanidad, ¿vió? Como a tantos…menos mal que tenía un laburo seguro en un banco, porque jamás publiqué libro alguno, y aparte de esa mínima aportación al arte de la escritura, me tuve que contentar con leer lo que escribían otros. Pero a lo que iba, que me estoy yendo por las ramas, como los monos ¿vió?.  Una noche, recuerdo que era invierno, el local estaría ocupado por unas siete u ocho personas, sin contar a los mozos. Yo estaba aburrido como una ostra, poniendo más atención a la música de Leonardo Favio que sonaba de fondo, que al libro que tenía entre manos. Nada menos que “Los ídolos”, de Manuel Mujica Láinez. Desde ya que, si no lo leyó, se lo recomiendo; no se va a arrepentir, hágame caso. Retomando… yo estaba a punto de quedarme dormido en la mesa cuando veo que un tipo grandote entra por la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que haberlo visto ¡qué pituco el flaco¡ alto, desgarbado, de impecable traje negro con rayitas grises, corbata roja y un pelo a la gomina tan retintado como el fino bigote. Todos los clientes nos quedamos mirándolo como hipnotizados. Yo, porque veía en él a un personaje en potencia. Ellos, porque lo reconocieron de inmediato. A mí, de joven, el tango ni me iba ni venía. Lo consideraba de viejos, así que apenas me sonaba su nombre cuando me lo dijo uno de los gallegos. Pero tenías que ver cómo caminaba el tanguero..¡ parecía un mariscal pasando revista a las tropas después de ganar una batalla ¡. ¡ Qué lo parió, lo elegante era ¡. También es cierto que luego sospeché que, parte de su andar de aquel día, era para controlar la curda que traía jajaja. Venía medio mamado, y se terminó de mamar del todo en el Siena. Me acuerdo que pidió una botella de vino blanco y la fue bajando de a poco, sin apuro y sin pausa, pegándole parejito. Según supe más tarde, aquella noche lo había dejado la que fuera gran amor de su vida, una actriz de medio pelo y muchas pretensiones de la que hoy nadie se acordaría ni fuera por él. Rosita Marshall se llamaba la turra. En fin…el caso es que se le acercan los dos gallegos a pedirle un autógrafo y va el tipo y les dice, en voz alta, para que todos pudiéramos oírle: “¿y qué les parece si echan el cierre y les canto unos tangos?  Si a estos señores no les molesta, claro”. Ahí me di cuenta de que estaba frente a uno de los grandes. Empezó a cantar, y le juro que se me erizó el vello de todo el cuerpo. A mí y a todos, claro… ¡Cómo cantaba el loco¡. Primero se largó con “Dejala pasar, varón” y luego siguió con “Palomita ¿adónde vas?”, “Nostalgia de Buenos Aires”, “Viejo bandoneón”, “Alma sin manija”,  y terminó con “No seas otario”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una locura, la gente, bueno los cuatro gatos que éramos, puesta de pie, aplaudiendo como si estuviéramos en el teatro Colón y abrazándolo tal que a un amigo que no veíamos en mucho tiempo…El tipo lloraba, devolvía los abrazos y estaba tan agradecido como nosotros, pero yo creo que, en gran parte, era porque tenía el sistema emocional tocado, por la ruptura ¿vió?. No le miento si le digo que es una de las anécdotas más recordadas de mi vida, sino la que más. La mayoría de la gente no tiene una vivencia así en toda su existencia, y a lo sumo, cuenta la de los demás como propias. Para impresionar y hacerse los cancheros ¿vió?.  Se ve que con las minas da resultado…¡Ay, Jorge Ros ¡ consiguió que me enamorara del tango, de golpe y sin anestesia…Quién iba a decirle que aquella noche sería la última de su vida, y que la iba a compartir con unos desconocidos…¡ Pobre ¡ Salió de acá tan contento y animado... No sabe cuánto me afectó enterarme al otro día, que un borracho lo atropelló, mortalmente, en Ángel Gallardo con Leopoldo Marechal. Se cree que estaba cruzando, cuando el conductor se lo llevó por delante. Murió en el acto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y... ¿le gustó el relato? Sí..¿no? bueno, entonces pidame un whisky, que yo voy al baño a darle tregua a mi próstata y le cuento otro ¿oyó hablar del Zurdo Villalta? ¿No? ¿pero de dónde salen los jóvenes de hoy, que no recuerdan ni lo que no vivieron? Ande, vaya pidiendo que enseguida vuelvo. Ya va a ver ¡qué historia...¡&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7143231724709524737?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7143231724709524737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/la-vida-es-un-tango.html#comment-form' title='38 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7143231724709524737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7143231724709524737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/la-vida-es-un-tango.html' title='Tanguero'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>38</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8597507080349272760</id><published>2010-06-14T23:17:00.014+02:00</published><updated>2010-06-15T17:39:06.237+02:00</updated><title type='text'>Muy profesional</title><content type='html'>La cita fue en un viejo café del barrio de Flores. Uno de los dos hombres era un cuarentón, delgado, vestía campera de cuero con jeans gastados y aguardaba sentado a una mesa desde cinco minutos antes de la hora fijada.  El otro, frisaba los sesenta, iba de traje y llegó puntual, acompañado de un tipo alto, morrudo y de nariz chata, que se acodó en la barra sin quitarle los ojos de encima a su jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Es usted Simón? –  preguntó el segundo de los hombres al aproximarse a la mesa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El flaco asintió con la cabeza e hizo un gesto con su mano invitándolo a tomar asiento. En el bar no había nadie más que ellos tres, aparte de un mozo somnoliento que, sin embargo, atendió con premura a los recién llegados. Pidieron café, coñac y permanecieron callados hasta que fueron servidos. A continuación, el escolta se puso a leer un manoseado diario mientras los que estaban sentados iniciaron las negociaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero que haga desaparecer a alguien – expuso directamente el mayor de ambos, antes de añadir – me dijeron que usted es el mejor&lt;br /&gt; - ¿De quién se trata? – inquirió Simón, con una estudiada indiferencia que potenciaba la frialdad natural de su rostro&lt;br /&gt;- Tenga, acá viene todo – respondió el primero, extendiéndole una carpeta plástica con las tapas negras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simón hojeó brevemente el dossier mientras adivinaba la ansiedad en los ojos del hombre que tenía enfrente. Le gustó la sensación, y la prolongó unos instantes más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No voy a preguntarle porqué quiere matar a su yerno, tanto me da. Lo que sí me interesa saber, es porqué no se lo encarga a ése gorila – dijo, señalando al ropero del mostrador con un toque de cabeza&lt;br /&gt;- ¿Walter? Jaja como usted mismo dijo: es un gorila, y a un simio no se le puede pedir que piense, y mucho menos encargarle asuntos de esta índole…y en cuanto a mi yerno, quiero que lo liquide, y le voy a decir la causa principal, porque también hay varias secundarias,  aunque no lo haya preguntado: lleva años maltratando a mi hija. Por alguna razón que se me escapa y que tiene más que ver con la psicología que con la lógica, ella lo ama, y busca todo tipo de argumentos para justificarlo. Pero yo ya me cansé de aguantar a semejante miserable. Nunca me gustó ese tipo, así que no quiero perder el tiempo contratando matones para que le den una paliza, porque se que los maltratadores no se curan y, al tiempo, va a volver a sacudirla. Necesito una solución definitiva. Cortar el mal de raíz. No me importa lo que cueste. ¿Qué me dice? … ¿está interesado?&lt;br /&gt;- Cobro por adelantado y, ésta es mi tarifa – contestó Simón, al tiempo que garabateaba una abultada cifra en una servilleta de papel&lt;br /&gt;- Bien &lt;br /&gt;- Entonces tenga el dinero listo y aguarde mi llamada. Y no se preocupe de más; yo ya le voy a aconsejar para conseguirse una buena coartada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez días después de la cita, Simon estacionaba su auto en las cercanías del domicilio de su objetivo. Como todos los jueves, éste acudía a cenar con unos amigos a una parrilla distante a cinco cuadras de su casa, a pie, sin compañía, y atravesando unas veredas oscurecidas por la noche y la frondosidad de los árboles que jalonaban las veredas y amortiguaban la luz de las farolas. Era el escenario perfecto para un crimen.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Simón se apeó del vehículo, para no llamar la atención de algún vecino curioso, y se dirigió caminando pausadamente hasta donde vivía el sujeto. Al igual que en todas las ocasiones previas, en ésta también sintió angustia ante la inminencia de la ejecución. Encendió un cigarrillo y se obligó a fumarlo con calma mientras, desde la vereda de enfrente aguardaba que el tipo saliera por la puerta. &lt;br /&gt;El hombre no se demoró mucho en aparecer, y cuando finalmente lo hizo, al cabo de cinco o seis minutos, Simón pudo comprobar que era más alto y fornido de lo que aparentaban las fotos, aunque concluyó que no hay físico que se banque las balas, sobre todo si quien las dispara es un profesional. El individuo comenzó a caminar con paso ligero, por lo que se vió obligado a dejar sus reflexiones para mejor ocasión. Tiró el pucho al piso y emprendió el seguimiento, manteniendo una distancia prudencial y sabiéndose favorecido por un doble hecho: el ir detrás de la víctima, que lo situaba fuera de su campo visual, y el avance de la noche, que lo oscurecía todo. A lo largo de las dos primeras cuadras, la dinámica se mantuvo inalterable; uno caminando rápido por una vereda, y el otro siguiéndole discretamente por la contraria, un tanto rezagado y sin hacerse notar. En la tercera, sin embargo, las cosas cambiaron, provocando la rápida precipitación de los acontecimientos. Simón cruzó la calle, con la pistola dotada de silenciador apretada bajo la campera, aceleró la zancada y se situó a escasos diez metros nomás. Fue entonces cuando el otro tipo se volvió, de forma instintiva, seguramente al escuchar pasos. Sus ojos se encontraron, sorpresivamente, con un desconocido que sostenía una pistola. Semejante visión le heló la sangre de golpe, pero apenas tuvo tiempo de darse cuenta de más nada: tres sonidos en forma de disparo, sobre entrecejo, garganta y corazón, lo enviaron al más allá sin darle oportunidad de comprender. Su cuerpo chocó contra la pared de una casa, para luego resbalar despacio, como a cámara lenta, bajo la atenta mirada de su ejecutor. Simón miró en todas direcciones, desenroscó el silenciador del cañón y sonrió satisfecho ante una súbita ocurrencia, pero no por ello menos obvia: ¨éste, ya no vuelve a pegar”. Después, desapareció por donde había venido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8597507080349272760?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8597507080349272760/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/muy-profesional.html#comment-form' title='33 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8597507080349272760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8597507080349272760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/muy-profesional.html' title='Muy profesional'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>33</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2739220831296775367</id><published>2010-06-09T10:57:00.006+02:00</published><updated>2010-06-09T11:03:07.311+02:00</updated><title type='text'>Casi sueca</title><content type='html'>Por esa época, yo apenas conocía nada de Suecia y los suecos. Lo poco que sabía, es que me gustaba Max Von Sydow, el salmón ahumado,  los Volvo, y un par de escritores de apellido impronunciable. Aparte de eso, no soportaba a Bergman, no solía comprar en IKEA, y ni por asomo sospechaba el futuro boom que la literatura de tal procedencia tendría con los años. De ahí que, cuando conocí a Mónica en aquella fiesta y me dijo que era traductora de sueco y su madre oriunda de Goteborg, no supe más que exclamar: ¡ Ah, mirá vos ¡; una expresión tan inocua como recurrente para eludir el silencio y no evidenciar mi ignorancia. Sin embargo, parece que no me quedó del todo mal porque, a partir de ahí, una instintiva corriente de simpatía se estableció entre ambos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y cómo surgió el romance hispano-vikingo?  ¿tu madre vino a Benidorm de veraneo y se lió con tu padre, que era  un tipo achaparrado, de bañador ceñido y brotado de hirsutismo, tipo Alfredo Landa, que le descubrió la fogosa pasión amatoria de los machos ibéricos? ¿Qué pasó? ¿Qué ella se estaba poniendo colorada como un cangrejo bajo el inclemente sol playero y él apareció con un bote de bronceador, ofreciéndose voluntario para extendérselo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mónica no sólo no vió impertinencia en mis observaciones, sino que tuvo que esforzarse para contener una sonora carcajada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nada que ver. Mi padre era ingeniero y se había ido Suecia para trabajar en Ericsson. Ella, por su parte, estudiaba en la facultad y pasaba las tardes organizando los archivos de la biblioteca municipal. Entonces, con la excusa de buscar un diccionario de sueco-español, él empezó a ir por allí todos los días hasta que, finalmente, ella lo invitó a tomar una cerveza en un bar próximo…&lt;br /&gt;- ¿Y…? – la apremié&lt;br /&gt;- Y lo normal; se casaron, se vinieron a vivir a Madrid y tuvieron tres hijos; dos varones y yo, que me llamo Mónica, Mónica Figueras Magnusson, para ser más precisos&lt;br /&gt;- Encantado, yo soy Guido, Guido Finzi&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intercambiamos besos en las mejillas y permanecimos mirándonos unos instantes, calibrándonos, y constatando que la primera impresión siempre cuenta. Si de lejos ella lucía espléndida, con su abundancia de formas adivinada bajo aquel vestido blanco, sin mangas y escotado, de cerca me llamó la atención la sedosidad de sus lacios cabellos rubios, su cutis lácteo y, sobre todo, el singular hecho de que no oliera a perfume, sino a jabón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿De dónde proviene el apellido Finzi? - inquirió Mónica&lt;br /&gt;-  Hay varias teorías, pero yo prefiero la que apunta a que es originario de Faenza, una localidad del Norte de Italia cerca de Rávena. Mi familia seguramente pasó de allí a Ferrara y posteriormente se dispersó por toda la península antes de salir al extranjero porque, como ya habrás adivinado, soy argentino.&lt;br /&gt;- ¿Ah, sí? ¿no me digas? Yo pensaba que eras de Lugo – dijo con sorna&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto de la noche la pasamos conversando, olvidándonos de nuestras respectivas amistades y de cualquier que no fuéramos nosotros dos, hasta que llegó la hora de despedirnos. Al hacerlo, nos dimos los teléfonos, y yo me comprometí a llamarla a lo largo de la próxima semana. Lo hice, e iniciamos una relación que se prolongó por cinco meses, al término de los cuales ella se fue a cursar estudios a Suecia por un año. Durante un breve tiempo, nos carteamos y mandamos mails, hasta que dejamos de hacerlo y perdimos el contacto, dándose también la casualidad de que, al venir ella en Navidades de aquel año a Madrid para visitar a sus padres, yo acababa de irme a Buenos Aires. No volvimos a vernos, pero aún hay ocasiones en que me acuerdo de ella, como cuando voy a comer una frikadela al bar Estocolmo o mete un gol Ibrahimovic. Pero sobre todo, cada vez que adquiero algún libro de autor sueco y, al abrirlo, bajo el título, leo: “Traducción de Mónica F. Magnusson”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2739220831296775367?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2739220831296775367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/casi-sueca.html#comment-form' title='31 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2739220831296775367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2739220831296775367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/casi-sueca.html' title='Casi sueca'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>31</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3094541408650841443</id><published>2010-06-04T01:02:00.002+02:00</published><updated>2010-06-04T01:05:32.676+02:00</updated><title type='text'>Fantasma (un texto del pasado)</title><content type='html'>Estábamos en la cama, descansando y recuperando fuerzas después de nuestro último asalto sexual cuando, a eso de las 4 y media, el molesto timbre del celular de Olga nos despertó de golpe. La perspectiva de una trágica noticia nos enmudeció al instante, y dejamos que sonara sin atenderlo, creyendo que así conjuraríamos la supuesta desgracia. Finalmente, al noveno o décimo toque, ella se decidió a atender, poniéndose de pie de un salto y corriendo hacia la cómoda, en cuya superficie descansaba el aparato. Apenas comprobada la identidad de la llamada, su rostro se mudó de color, como si la sangre lo hubiera abandonado súbitamente. Rápidamente, me volvió la cara y se encaminó al pasillo, asegurándose que  la puerta de la habitación quedara bien cerrada. Me alarmé ante su reacción, y comencé a sospechar algo, sin saber muy bien el qué. Así que, con sigilo, me levanté de la cama y acerqué a la puerta. La abrí apenas un par de centímetros y pegué la oreja al resquicio de la misma, intentando enterarme de qué trataba la misteriosa conversación. Lo que a alcancé a escuchar, fue más o menos lo siguiente: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te dije mil veces que me dejaras en paz&lt;br /&gt;- ----------------------------&lt;br /&gt;- Creía que eso ya lo habíamos hablado&lt;br /&gt;- ----------------------------&lt;br /&gt;- No, no, me parece que ya es tarde ¿no creés?&lt;br /&gt;- -----------------------------------&lt;br /&gt;- Eso no es asunto tuyo ¿o vas a decirme que ahora te importa?&lt;br /&gt;- ----------------------------------&lt;br /&gt;- Me da igual lo que vos pensés&lt;br /&gt;- ----------------------------&lt;br /&gt;- No, no y no, dejá las cosas como están&lt;br /&gt;- ----------------------------&lt;br /&gt;- No….no, ya te llamo yo ¿me entendiste bien? , ¡Te llamo yo¡.&lt;br /&gt;¡Cabrón! escupió con rabia antes de cortar la llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo que ya se daba media vuelta para volver al cuarto, corrí de puntillas hacia la cama y me hice el dormido. Ella, absorta en sus pensamientos e intentando contener el llanto, se metió entre las sábanas y se acomodó a un lado, dándome la espalda y guardando silencio. Me sentí tan humillado y furioso ante su cobardía de no compartir conmigo la existencia de otro hombre, aún cuando éste no fuera más que un fantasma del pasado con ánimos de resurrección, que temí pasar el resto de la noche en vela, dándole vueltas al asunto y elaborando todo tipo de extrañas conjeturas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente no fue así, y en cuanto comprendí que no podía confiar en ella, y que por ende debía redefinir nuestra relación, noté cómo mis párpados comenzaban a pesarme, anunciando el inevitable sueño. Antes de sucumbir al sopor, y a modo de despedida de la consciencia, una última cosa quedó clara en mi mente: si no iba a ser la madre de mis hijos, que fuera la madre de mi placer. Por eso, cuando desperté por la mañana, lo primero que hice, fue echarle un buen polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3094541408650841443?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3094541408650841443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/fantasma-un-texto-del-pasado.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3094541408650841443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3094541408650841443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/06/fantasma-un-texto-del-pasado.html' title='Fantasma (un texto del pasado)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8976579204059010050</id><published>2010-05-31T04:51:00.004+02:00</published><updated>2010-05-31T05:02:53.062+02:00</updated><title type='text'>Tarde madrileña</title><content type='html'>Temprano en la tarde, llamaron al timbre y me desperté. Dado que aquél domingo yo no esperaba a nadie, no tenía apuro en abrir, así que esperé a que tocaran por segunda vez, no fuera que algún desubicado se hubiera confundido de departamento o un par de testigos de Jehová vinieran a ofrecerme la salvación. Sólo cuando volvieron a timbrar, me levanté y fui a abrir. Resultó ser mi amiga Almudena, una mina a la que conocí apenas llegado a Madrid a través de un amigo en común, Javier, y que tal vez fuera la única amiga que tenía en la ciudad. Le abrí, y aproveché su subida en el ascensor, para adecentarme un poco. Corrí al baño y me eché desodorante, colonia, acomodé el pelo con los dedos mojados, me cambié de camiseta, puse unos mocasines y volví para aguardar su llegada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Espero no molestarte, pasaba por aquí y decidí traerte unos de esos bollitos que tomáis los argentinos con el mate – se justificó al verme&lt;br /&gt;- Facturas – especifiqué yo – se llaman facturas&lt;br /&gt;- Eso, facturas. Es que siempre se me olvida &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le franqueé la puerta y mientras la invitaba a tomar asiento en uno de los sofás del comedor, fui a la cocina para calentar agua y poner la comida sobre un plato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te ayudo en algo? – me gritó, sin levantarse&lt;br /&gt;- No, no, vos poné algo de música o la tele, si preferís – contesté, también a los gritos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los dos siempre había existido una atracción sexual nunca resuelta, y yo no quería arriesgar una amistad de años por mantener un tiroteo y despejar esa duda que no era tal. Desde que nos conocíamos, habían sido varias las ocasiones en que estuvimos a punto de cruzar esa frontera que separa a los amigos de los amantes, pero, a la hora de la verdad, me echaba para atrás. Y no era porque no me gustara su menuda figura de curvas insinuantes, su rostro agradable de labios carnosos o sus ojos negros a juego con el pelo, sino porque ella no era mujer para un polvo y listo. Almudena pretendía una relación, y eso era algo que no podía ofrecerle. Nos separaban divergencias muy notorias, que iban desde los gustos literarios (era lectora constante pero nada crítica) hasta ciertas expresiones que ella utilizaba cada tanto, y que sobrepasaban el umbral de mi tolerancia fonética. Además, tampoco me seducían sus conversaciones porque, si bien eran correctas, nunca aportaban nada que nutriera mi imaginación o  interés. Sabía, a ciencia cierta, que jamás mantendríamos una charla postcoital en la que ella me contara anécdotas de célebres escritores, historias fantásticas o datos biográficos de singulares personalidades como el capitán Richard Burton, Gardel, Moshé Dayan, o Erik Jan Hanussen. Ni siquiera sobre cine francés, enología o arte medieval. Por eso, para mí, Almudena era una buena mina, con la que tomarte copas en una reunión de amigos, un vermú el sábado por la mañana o acompañarla al Ikea a comprar unas estanterías. Pero nada más. Sin embargo, los instintos no entienden mucho de teorías, y yo no sólo era agudamente consciente lo que se ocultaba detrás de aquella visita suya sino, también, del tinte canallesco que barnizaba mi naturaleza de fogoso macho ariano. Así que debía andarme con cuidado y controlar mis arrebatos. Por mucho que me costara, y por muy evidente que fuese la posibilidad de un acoplamiento carnal inminente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esas perturbadoras ideas en la cabeza, la pava de mate en una mano y el plato de facturas en la otra, regresé al salón. Deposité las cosas sobre la mesita de cristal y tomé asiento, no junto a ella, sino en el otro sofá (la disposición de los mismos conformaba una L). De inmediato comencé a notar que sus ojos se demoraban en los míos, y no vi mejor salida que encender el televisor. La programación me interesaba menos que nada, pero quería evitar la aparición de silencios incómodos y dar pie a una situación comprometida. Llegué a sentir vergüenza de mí mismo ante los irónicos comentarios que soltaba cobardemente ante cualquier imagen de la pantalla cada vez que precisaba &lt;br /&gt;desviar mi mirada de la suya, o abstraerme de la disimulada contemplación de su canalillo asomando bajo la camiseta de tirantes cuando se reclinaba a servirse mate, o agarrar una factura. Pero una de dos: o aparentaba desinterés, o la tumbaba sobre el sofá y le sacaba la ropa. Obviamente, me apetecía lo segundo, pero sabía que de esto último terminaría arrepintiéndome más que de lo primero. Ella, por su parte, comprendía tan bien como yo lo que allí estaba ocurriendo, pero tenía el suficiente orgullo para no tomar la iniciativa y cierto miedo a ser rechazada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, el tiempo transcurrió de forma más o menos inócua, y Almudena por fin se despidió hora y pico más tarde. Eso sí, dejándome tan caliente, que volé hacia el teléfono en cuanto ella desapareció por la puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hola? – respondieron al otro lado de la línea&lt;br /&gt;- Hola, soy Guido, ¿en qué andás, Natalia?&lt;br /&gt;- Pues nada, estoy haciendo un poco de limpieza&lt;br /&gt;- Me está dando alergia sólo de pensarlo ¿qué te parece si te paso a buscar y nos vamos a cenar? – pregunté, sabiendo que, como siempre, una cosa llevaría a la otra y terminaríamos acostándonos.&lt;br /&gt;- Vale, te espero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue, tal como presagiaba y, una vez más, preferí un polvo ocasional a iniciar una relación con una mujer “como la gente”, que diría mi madre. Y no es que yo sea un frívolo o nada parecido, sino lo contrario, pero busco a mujeres excepcionales y no a las que se me presentan con la única cualidad de ser buenas chicas o estar dispuestas. No sé, probablemente el error esté en mí y no en ellas, o acaso todo se deba a que soy un inmaduro que no se banca el amor. Aunque, para ser sincero, yo creo que todo es más sencillo y la culpa la tiene la vanidad; un vicio terrible que da malos consejos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8976579204059010050?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8976579204059010050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/tarde-madrilena.html#comment-form' title='36 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8976579204059010050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8976579204059010050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/tarde-madrilena.html' title='Tarde madrileña'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>36</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-9089084678480062286</id><published>2010-05-29T04:46:00.042+02:00</published><updated>2010-05-30T03:51:50.526+02:00</updated><title type='text'>Recordatorio</title><content type='html'>En estos tiempos, donde el común de los mortales lo olvida todo y le miente hasta a su psicoanalista, quisiera desmarcarme de estas crónicas tendencias y hacer un breve recordatorio de alguien fallecido hace justamente un cuarto de siglo. Se llamaba Jacobo Biale y, años atrás, ocupó un lugar destacado en la narrativa contemporánea argentina, aunque ya casi nadie se acuerde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Biale nace en Buenos Aires el 27 de Marzo de 1920, en el seno de una familia de clase media de ascendencia ucraniana e italiana. De hecho, el apellido con que firma sus obras era una aleación entre los originarios Bialik, por parte de padre y Vitale, por vía materna. Tras una infancia sin sobresaltos ni hechos destacables, cursa estudios secundarios en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, para posteriormente continuar su formación como estudiante de Abogacía. Obtenida la licenciatura, entra a trabajar en el prestigioso despacho Braun &amp; Peralta (Callao semiesquina Corrientes) gracias a las amistades de su familia con el primero de los socios. Coincidiendo con este hecho, consigue publicar su primer libro: “La muerte versera y otros cuentos” (1945), con el que gana el Premio Sarmiento para escritores nóveles. Dos años más tarde, en 1947, por fin nos llega su primera novela; “El manso”, donde el autor narra las peripecias de un gaucho recién llegado a la capital.  En este título, hoy de culto para los bibliófilos, se evidencian los rasgos que determinarían su impronta en ulteriores obras; un ingenio mordaz, la cercanía entre lo trágico y lo cómico, agudas descripciones y un retrato fidedigno de todas las clases y todos los ambientes del Buenos Aires de esos años. Espoleado por el todavía moderado éxito, abandona definitivamente el Derecho y se vuelca en la literatura y el periodismo, aglutinando en torno suyo a un puñado de jóvenes que conformarán lo que se da en llamar el Grupo de Caballito. En él, sobresalen nombres de futura relevancia en el panorama de las letras argentinas, como Horacio Villalbi, Darío Del Vecchio, Leopoldo Finley o Hugo Schneider (quien llegará a ser ministro de Cultura bajo la presidencia de Raúl Alfonsín). Como periodista, Jacobo se ocupará, durante décadas, de la crítica teatral y literaria del diario El Observador, además de fundar junto con Omar Stuyk y Juan Carlos Iturbide, la revista literaria Prismas, en 1956. Baile también incursionó en la poesía, pero es en la crítica, el ensayo y, sobre todo la narración, donde su talento destaca con especial singularidad. De este modo, conviene resaltar sus novelas: “Huellas Porteñas”, “Los arrabaleros” y “Luces dispares”,  publicadas por Ediciones Flor de Lis en 1949, 1953 y 1959, respectivamente, o “La desaparición de Sofía Gluck” (1964), “Salvajes” (1968), “La carta en tinta roja” (1974), “Un morocho de Avellaneda” (1977)  y la antología de relatos cortos “Apetitos carnales” (1981), títulos todos éstos editados bajo el sello Ibis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que respecta al ámbito estrictamente privado, su vida sentimental es de lo más agitada. Tuvo tres mujeres legítimas y múltiples aventuras furtivas. Entre éstas últimas, destaca la que vivió con la esposa del magnate de la televisión Osvaldo Kovacs, que deriva en un sonado escándalo con repercusiones políticas, y culmina con la renuncia del empresario a su recién estrenada acta de diputado. Por eso fueron no pocos quienes creyeron adivinar la mano de Kovacs en la muerte del escritor, acaecida pocos meses después de destapado el asunto. El cuerpo de Biale, aparece sin vida en el suelo del comedor de su casa el 8 de Diciembre de 1985 y el equipo forense atribuye a un envenenamiento por cianuro, disuelto en whisky, como causa del óbito. Sospechosamente, el vaso encontrado junto al cadáver desaparece de los laboratorios policiales antes de que se practicaran los análisis correspondientes. En consecuencia, el caso se cierra por falta de pruebas, y detalles relevantes como la ausencia de nota de suicidio o el robo de su pastor alemán aquella misma mañana, terminan siendo desestimados por las autoridades policiales. Sea como fuera, asesinato o suicidio, Biale se merece un homenaje, aún cuando sea tan modesto como éste, y aún cuando no más que unas pocas personas lo terminen leyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descanse en paz, don Jacobo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-9089084678480062286?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/9089084678480062286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/recordatorio.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/9089084678480062286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/9089084678480062286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/recordatorio.html' title='Recordatorio'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8710841386610930052</id><published>2010-05-26T23:15:00.029+02:00</published><updated>2010-05-27T04:15:26.146+02:00</updated><title type='text'>Ficciones</title><content type='html'>El Café Baccara, que en otro tiempo tuvo un aura de finura, con sus cristales emplomados, mesas de hierro fundido y mucho mármol, se había convertido en un rincón propicio para nostálgicos e insomnes. O sea, para tipos como yo. Por eso era fácil verme por allí, intentando encontrar inspiración para mis cuentos y empaparme de un semblante literario del que adolecía y que adivinaba impregnado en cada uno de sus rincones. No en vano, por sus mesas habían pasado los más célebres autores argentinos y extranjeros, amén de grandes nombres de la pintura, el teatro, el cine y la política. Así que, en mi superstición, yo creía que algo de ellos aún permanecía, de un modo impalpable, en el interior de aquél amplio salón. Y que algo se me contagiaría.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Normalmente, me acercaba al Baccara después de cenar, y tenía por costumbre elegir alguna mesa del fondo, lo más alejado posible de la puerta. Desde ahí podía observar cómodamente el trasiego de clientes, entregándome a la lúdica especulación sobre sus soledades y secretos, fantasías y oscuros interiores. También me detenía en la curiosa observación de sus singularidades físicas y emborronaba sin piedad hojas de mi libreta con bocetos para personajes de mis futuras ficciones. En las numerosas oportunidades que acudí al Baccara, nunca entablé conversación con nadie, salvo una vez, y ni siquiera de esto estoy seguro. &lt;br /&gt;Recuerdo que fue una insalubre noche de marzo. Los mosquitos y los rigores de la humedad rioplatense se habían empeñado en quitarme el sueño, haciéndome sentir la imperiosa necesidad de bajar al Baccara para leer un rato, tomar algo y relajarme. El local estaba prácticamente vacío a esas horas, con la única excepción de un anciano ocupando una mesa pegada al ventanal. No bien entré, éste me saludó, como si me conociera de algo, e hizo señas para que me acercara hasta donde estaba. Yo le observé con atención unos instantes, confirmando mi impresión inicial de no conocerlo de nada. Sin embargo, no dudé en aproximarme, alentado por la sospecha de que pudiera ser algún amigo de mi viejo o mis abuelos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe ¿nos conocermos? – pregunté &lt;br /&gt;- No se preocupe de eso, joven, y tome asiento…hágame el favor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo debía tener al menos ochenta años y aún sentado, se le adivinaba alto. Tenía los hombros anchos, la piel sonrosada y sus cabellos blancos peinados hacia atrás eran esponjosos y suaves como si fueran de lana. Su traje de buen corte, las modulaciones de su voz y los ademanes que esgrimía evidenciaban a una persona de esmerada educación y sólida posición económica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me permitiría invitarle a un oporto? &lt;br /&gt;- ¿Por qué no? – dije, dejándome llevar por la agradable sensación de conocer a alguien que adivinaba interesante y que tenía en estima al vino portugués&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo señas al mozo y éste se personó enseguida, con dos copas llenas a rebosar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me llamo Iosef Dogany – se presentó tras dar un primer sorbo - y durante muchos años fui cliente más que habitual de este lugar…por entonces coincidíamos un nutrido grupo de húngaros, polacos, y rumanos exiliados de la segunda guerra mundial, a los que nos gustaba reunirnos para hablar en nuestras lenguas nacionales o en yiddish y jugar al ajedrez…Por eso, cuando lo vi entrar con ése libro de Elie Wiesel bajo el brazo, no pude evitar invitarlo a sentarse a mi mesa...discúlpeme el atrevimiento pero yo lo conocí personalmente y me hizo evocar aquellas entrañables veladas…&lt;br /&gt;- ¿Conoció a Elie Wiesel? – inquirí entusiasmado, ya que se trataba de mi autor preferido&lt;br /&gt;- Sí, y no sólo eso sino que, y esto va a gustarle; el señor Wiesel vino en repetidas ocasiones a este lugar. Con toda probabilidad incluso llegó a sentarse en esa silla que usted ocupa ahora mismo. Como bien sabe, la 1ª edición de “La Noche”, fue editada acá, en Buenos Aires, por la Unión Central Israelita Polaca, bajo la guía de Mark Turkow, un buen amigo con el que coincidía en estas mesas al menos un par de veces por semana y que nos presentó al genial escritor transilvano al resto de habituales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no salía de mi asombro ante sus revelaciones y durante algo más de hora y media escuché con febril admiración la historia de su vida y la de otros muchos individuos que, como él, arribaron a la Argentina huyendo de la barbarie nazi que asolaba Europa. Supe que el señor Dogany había sido un violinista de fama internacional, un niño prodigio que, desde su Budapest natal recorrió los más reputados teatros del mundo acompañado siempre por su familia, salvándose así del exterminio. Desde entonces, fijó su residencia en Buenos Aires y aunque viajaba frecuentemente, siempre retornaba a su hogar porteño, agradecido al país que les había salvado la vida.&lt;br /&gt;Sentí una honda pena cuando nos despedimos y apenas dos noches más tarde, aún preso de cierto estado de efervescencia existencial, retorné ansioso al Baccara para proseguir la conversación (en realidad yo me limitaba a escuchar sus narraciones) con el anciano. Pregunté por el señor Dogany al mismo mozo que nos había atendido y para mi perplejidad me confesó que ése cliente llevaba fallecido aproximadamente una década.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No puede ser. Antes de ayer estuve tomando oporto con él en aquella mesa del fondo ¿no se acuerda?&lt;br /&gt;- Sí, señor, me acuerdo de usted pero estuvo bebiendo solo, y no oporto, que es una bebida que hace años que no servimos, sino grappa&lt;br /&gt;Lo miré fijamente a los ojos en busca de algún atisbo de burla pero su mirada reflejaba la natural serenidad de siempre. &lt;br /&gt;- Está bien, está bien - di por concluido el asunto, sabiendo que no llegaría a ninguna parte discutiendo con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé a la noche siguiente, y a la otra y otras muchas pero jamás volví a encontrarme con el señor Dogany. Desde entonces, elaboré todo tipo de teorías para explicar el extraño suceso. Algunas tan demenciales, que me avergüenzo sólo de intentar recordarlas. Como suele suceder, con el tiempo fui olvidándome del asunto, hasta que éste pasado domingo, recorriendo la feria de libros del Parque Centenario hallé, entre un revoltijo de viejos volúmenes, ajados y descoloridos, una primera edición de “La Noche”. Me temblaron las manos en cuanto lo agarré y lo adquirí por una miseria. Apenas abierto, casi se me para el corazón de un infarto; en una dedicatoria con tinta azul y, en húngaro, puede distinguir los siguientes nombres: Dogany, E.Wiesel, Buenos Aires, y un año; 1956. Inmediatamente, corrí hasta la cochera donde guardaba mi auto y me dirigí presuroso a casa de Imre Tabori, quien fuera íntimo amigo de mi difunto abuelo paterno y médico de cabecera de toda la familia. No debió transcurrir más de un cuarto de hora cuando, sentado en un cómodo sofá de su elegante departamento de la calle Charcas, escuché la potente voz del Sr. Tabori traduciéndome aquellas ansiadas palabras que no comprendía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mi querido amigo Dogany  &lt;br /&gt;Con sincero afecto&lt;br /&gt;E. Wiesel&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenos Aires, agosto de 1956&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8710841386610930052?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8710841386610930052/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/ficciones.html#comment-form' title='26 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8710841386610930052'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8710841386610930052'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/ficciones.html' title='Ficciones'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5573572156315022654</id><published>2010-05-17T18:52:00.021+02:00</published><updated>2010-05-27T01:25:13.280+02:00</updated><title type='text'>Sin título</title><content type='html'>Fragmento de la entrevista que el conductor de la tv argentina Andrés Haddad (coloquialmente conocido como “el turco”), realizó al célebre escritor Mario Padovani, durante la última emisión (13/05/2010) del programa “Café con Letras”; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué lleva a un autor tan notorio como usted, mimado por crítica y con extraordinario éxito de ventas, a adentrarse en el sendero de la novela negra? ¿Y por qué la elección de un pseudónimo de reminiscencias tan obvias como Tabaré Rabinowitz? &lt;br /&gt;- Bueno, en primer lugar quiero aclarar que nunca he considerado a la novela negra un género menor y, en segundo añadir que, ya desde mi temprana adolescencia, me ví seducido por esos personajes marcados por la soledad, el whisky y cierto aura de derrota y desengaño. Luego, de grande, relegué estas lecturas a las esperas en aeropuertos o estancias en hoteles hasta que un buen día, hace poco más de un año, repentinamente, comenzó a crecer en mí el deseo cada vez más intenso de escribir una. Enseguida, el ansia se transformó en la convicción de que podía hacerlo, y así fue cómo publiqué dos títulos bajo el pseudónimo de Tabaré Rabinowitz. En lo referente a éste, le diré que tiene que ver con un chiste que me contaron hace tiempo en el que una sexóloga revela a un compañero de viaje curioso, que los hombres que tienen el pene más largo son los judíos y de mayor grosor, los uruguayos. Entonces, el tipo, con ánimo de impresionarla se tira el lance: Permítame que me presente, soy Tabaré Rabinowitz. (risas) &lt;br /&gt;- En la listas de los libros más vendidos en medio mundo, aparecen los suyos de un modo recurrente ¿no tiene miedo que, a pesar de la evidente calidad de los mismos, haya gente que deje de leerlos por una mal entendida idea de elitismo y huída de los gustos mayoritarios? &lt;br /&gt;- La verdad, ése es un hecho que me resulta irrelevante, aunque debo señalar que encuentro un poco absurdo, y acaso ridículo, permitir que prejuicios tan simplistas se impongan al inteligente criterio literario pero…allá cada uno con sus lecturas.&lt;br /&gt;- En Italia, España y otros países europeos, usted es considerado una especie de "enfant terrible", no sólo por su negativa a aceptar puestos académicos en reputadas universidades sino por su declarado desprecio por la literatura que se hace actualmente en el Viejo Continente… &lt;br /&gt;- Cierto, leo a muy pocos autores de dicha procedencia y salvo honrosas excepciones, principalmente del Este, me decanto por escritores del continente americano, de punta a punta. &lt;br /&gt;- Tampoco resultan novedosas sus manifestaciones elogiosas acerca de la mujer argentina… ¿qué es lo que le fascina tanto y qué es lo que la hace distinta de las demás? &lt;br /&gt;- Le voy a decir que, si bien no tengo un prototipo claro de mujer, siento cierta debilidad por las argentinas de piernas largas. Aparte de esto, y entrando ya en la generalización de nuestras hembras, me gustan porque tienen mucho garbo, un seductor toque de histeria, y un mundo que no encontré en féminas de otras procedencias. No sé en qué medida esto tiene que ver con el psicoanálisis, la mezcla de razas o condicionantes ambientales…Además, como apuntó un personaje de mi querido y admirado Antonio Muñoz Molina, no es lo mismo llamarse Mariluz Padilla Soto que Carlota Fainberg, ¿no le parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DESAPAREZCO POR UNOS DÍAS. NECESITO ESCRIBIR COSAS PARA MÍ MISMO.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5573572156315022654?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5573572156315022654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/entrevista-mp-rescatado-de-un-cajon-del.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5573572156315022654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5573572156315022654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/entrevista-mp-rescatado-de-un-cajon-del.html' title='Sin título'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2289794157750469012</id><published>2010-05-10T17:12:00.009+02:00</published><updated>2010-05-10T17:46:06.639+02:00</updated><title type='text'>Findes</title><content type='html'>Desde que Malena estaba en mi vida, dejé de odiar los domingos. Ella venía a casa el viernes por la noche y no se marchaba hasta el lunes por la mañana, haciendo del fin de semana una grata experiencia emuladora de los matrimonios más felices. No hacíamos nada del otro mundo; salíamos a visitar librerías y ferias de libros, paseábamos en busca de edificios singulares para fotografiarlos, descubríamos restaurantes nuevos, nos tumbábamos abrazados en el sofá a ver alguna vieja película en dvd o nos entregábamos, con esmero y sosiego, a explorar nuestros cuerpos. El tiempo pasaba muy rápido estando juntos y, cuando finalmente llegaba el lunes y ella partía hacia su trabajo,  yo permanecía prendido de los recuerdos de las recientes experiencias vitales que tanto equilibrio y bienestar me aportaban. &lt;br /&gt;Este último, sin ir más lejos, me quedé como un idiota parado en el balcón de mi departamento mirando el parque de enfrente, sin verlo y dejando que mi mente me trasladara al  reciente domingo. Nos habíamos levantado tarde (demorados entre las sábanas) y tras comprar el diario, fuimos a desayunar a un bar cercano a base de café con leche y medialunas de manteca. Después, anduvimos largo y tendido por el barrio, deteniéndonos en el Parque Centenario y bajando hasta Canning, donde algunas numerosas familias jasídicas, que caminaban al sol, me trajeron a la cabeza la imagen de una pata con sus patitos. Casi sin darnos cuenta, se nos echó encima la hora de comer y optamos por un pequeño local especializado en cocina italiana; uno de esos con manteles a cuadros, paredes pintadas en tonos arena, mozos de pelo oscuro que te trataban de usted, y botellas de chianti ideales para fabricar lámparas. Pedimos fettuccini con salsa mediterránea y cambiamos el chianti por un excelente Navarro Correas Merlot del 2004, que bajamos sin ningún esfuerzo mientras intercambiábamos intimidades. Tras el postre, tiramisú y café, regresamos pronto a casa para echar una siesta, hábito éste que no perdonábamos bajo ningún concepto y responsable de que siempre termináramos almorzando en lugares cercanos a mi domicilio. El vino había estimulado nuestra líbido así que apenas entramos en el ascensor, comencé a abrazarla por debajo del pulóver, sintiendo entre mis manos sus pechos redondos y compactos como duraznos sin madurar. Momentos más tarde, en el cuarto, me mandó sentarme en la silla de mi escritorio mientras, de una bolsa que había traído el viernes, extrajo unas sábanas y una funda de almohada  confeccionadas en raso de color negro. La miré curioso, y al ver que se disponía a cambiar la ropa de la cama, quise ayudarla pero ella no me dejó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, vos sentáte y mirá – ordenó&lt;br /&gt;Obedecí, impaciente a la par de interesado y crecientemente excitado, mientras observaba la precisión de sus movimientos.&lt;br /&gt;Por fin, cuando terminó y empecé a desnudarla, me detuvo y volvió a ordenarme:&lt;br /&gt;- Ahora acostáte, que enseguida vuelvo&lt;br /&gt;Se fue al baño y regresó a los escasos minutos, vestida únicamente por un camisón negro de seda. Me impresionó gratamente verla tan sexy de pie ante la puerta, observándome con picardía y sonriendo ante mi mirada de deseo.&lt;br /&gt;- Por favor, pase a mi consulta – la invité tirando de la sábana hacia arriba y mostrándole el interior de la cama&lt;br /&gt;- Sí, doctor pero prométame algo&lt;br /&gt;- Lo que haga falta – respondí  &lt;br /&gt;- Que no me dejará caer de la cama…porque tengo miedo que el roce del camisón con el tejido de las sábanas termine dando conmigo en el piso&lt;br /&gt;- jajaja No se preocupe usted, que conmigo no tendrá esa problema &lt;br /&gt;- ¿Me lo asegura?&lt;br /&gt;- Totalmente, y sino, que se muera Bin Laden en este preciso instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;! Dale, vení ¡&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2289794157750469012?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2289794157750469012/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/finde.html#comment-form' title='26 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2289794157750469012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2289794157750469012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/finde.html' title='Findes'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-504982957307222360</id><published>2010-05-06T21:36:00.013+02:00</published><updated>2010-05-07T03:14:26.691+02:00</updated><title type='text'>¡ Se escucha cada cosa !</title><content type='html'>Entré en aquel barcito esquinero con el ánimo de descansar. Llevaba toda la mañana caminando y tenía, no sólo los pies llenos de  ampollas,  sino también agujetas a lo largo de nalgas, muslos y gemelos, por lo que necesitaba tomar asiento, beber algo y recuperarme, aún cuando ya tuviera decidido el retorno a casa en el subte o en taxi.  El boliche era pequeño,  oscuro,  lleno de humo y estaba ocupado por un puñado de hombres y mujeres repartidos en unas pocas mesas de formica con las puntas salteadas y sillas desaparejadas. Uno de esos lugares donde uno no llevaría a su novia en la primera cita ni tampoco a los viejos a tomar el vermú. Pero yo estaba roto y no quería seguir andando a ver si encontraba otra cosa mejor. Así que entré, y me senté a una mesa, indiferente a las miradas de desconfianza y hostilidad  (o eso me pareció a mí) que me lanzaban el resto de parroquianos. Pedí una cerveza y mientras me la traían pude recrearme en los rancios olores a tabaco y vino barato, en la paupérrima decoración y en el elenco humano que me circundaba. Por un momento,  pensé que estaba en medio de la cafetería de un psiquiátrico de provincias  y que pronto saltarían sobre mí con la intención de devorarme.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Afortunadamente, aquellas aprensiones mías nada más duraron hasta que pegué el primer trago a mi bebida y sentí como una sensación de bienestar se extendía por todo mi cuerpo. Además, el gordinflón del mozo había tenido la feliz idea de obsequiarme con unos maníes salados que le agradecí desde lo más hondo de mi maltrecha naturaleza. Me empecé a sentir tan bien me empecé a sentir (¡ D-os mío, cómo necesitaba descansar ¡) que enseguida me puse a mirar a las demás mesas de otro modo, con interés  y no indiferencia o recelo. Como sería la cosa que, esforzando el oído, terminé enterándome de todo lo que decían los dos tipos de la mesa inmediata a la mía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como te cuento, negro…yo estaba medio dormido con la radio puesta, oyendo uno de esos programas pelotudos donde la gente llama para contar sus problemas y que pasan después de los partidos, viste,  y mirá lo que son las putas casualidades que, de pronto, escucho la inconfundible voz de Mariana. Le estaba diciendo al locutor que todavía me quería, y que ….&lt;br /&gt;- ¿Pero estás seguro que se refería a vos? Mirá que ustedes hace casi dos años que ya no están juntos&lt;br /&gt;- Sí, sí, era yo, pero tenés razón al preguntarme eso porque, por entonces, no sabía si lo decía por mí o por otro tipo y sólo lo deduje cuando la mina siguió hablando. Va la boluda y dice : “es que lo dejé porque me sentía culpable…en una fiesta de la empresa en la que trabajo, mezclamos pastillas con la bebida y terminé acostándome con un compañero en su departamento…” y medio llorando siguió contando “me sentí una porquería y pensé que él no se merecía lo que le hice…me daba mucha vergüenza mirarlo a la cara, así que por eso le dije que ya no lo quería…para que se buscara a otra mujer mejor que yo”…“pero no puedo olvidarlo, siento que es el hombre de mi vida al que perdí por boluda, por un estúpido error…y estoy desesperada porque sin estar a su lado todo carece de sentido”. Además, no sólo aportó algunos detalles que dejaban poco lugar para la duda sino que, en un momento dado, hasta se le escapó mi nombre &lt;br /&gt;- ¡Qué bizarro, che ¡ yo pensaba que estas cosas sólo pasaban en el cine o en las novelas&lt;br /&gt;- Como te lo cuento, negro. ¿Y viste que después llama la gente para dar sus consejos, no? Bueno, pues yo me quedé escuchando un rato, porque imagináte,  esto era algo que despertaba mi curiosidad… Lástima que sólo una oyente se refirió a nuestro caso y para aportar una de las consabidas estupideces que se dicen en estos casos: “yo le aconsejaría que si le quiere, que luche por él….que escuche a su corazón”. ¡ Llama una sola y encima resulta ser  una mongólica ¡&lt;br /&gt;- Jajaja ¿Y no pensaste en llamar vos?&lt;br /&gt;- No, la verdad es que no, así que apagué la radio e intenté dormir. Sin éxito, claro. Me pasé toda la noche pensando en ella, intentando comprender el porqué de su extraño comportamiento de antaño y especulando qué haría si me la volviera a encontrar.&lt;br /&gt;- ¿Y qué pasó?&lt;br /&gt;- Pues nada, que la llamé al día siguiente, pero sin decirle que la había escuchado por la radio. Le pregunté que cómo andaba, y al final fue ella la que se lanzó y me propuso quedar para tomar un café. Charlamos, me pidió perdón en medio de un mar de lágrimas y después de cenar terminé cogiéndomela en el auto…&lt;br /&gt;- Jajaja ¿Y ahora, qué vas a hacer, flaco?&lt;br /&gt;- Llamar a la radio para contarlo, ¿ o te pensás que la voy a perdonar, a la muy turra ?¡!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-504982957307222360?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/504982957307222360/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/se-escucha-cada-cosa.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/504982957307222360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/504982957307222360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/se-escucha-cada-cosa.html' title='¡ Se escucha cada cosa !'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2588358861135841289</id><published>2010-05-03T20:41:00.008+02:00</published><updated>2010-05-03T21:22:29.990+02:00</updated><title type='text'>Escena urbana</title><content type='html'>"Viajo en Metro, parapetado tras un libro de Vergílio Ferreira y observando furtivamente al resto de pasajeros del vagón, que parecen dividirse en dos grupos; los que están absortos en la nadería de sus pensamientos, y los que se hunden en la lectura de periódicos gratuitos, atrasados suplementos dominicales y libros de pseudoliteratura. Por mi derecha, proveniente de una vieja con michelines apretados en un horroroso vestido de raso azul, me llega un mareante cóctel de olores, mezcla de sudor, laca, perfume barato y orina estancada. Frente a mí, una gorda con medias hasta las rodillas, se hurga entre los dientes y rasca el sarro de los contornos con las esquinas de un bono de diez viajes. Un espectáculo tan grotesco que no puedo apartar la vista, seducido por la visión de semejante horror. Intento, en vano, concentrarme en la prosa del escritor portugués para escapar de las sensaciones que capto a través de mi vista y mi olfato. No hay nada que hacer, no consigo mirar para otra parte más que para adelante, y no logro dejar de respirar más allá de un minuto. Opto entonces por relajarme,  y cierro los ojos, con el único propósito de poner mi mente en blanco y ansiar una pronta arribada a mi estación de destino. Por fortuna todo llega, incluso ésta, y por fin piso el andén, con el alivio de quien es liberado. &lt;br /&gt;Cuando el tren está a punto de retomar la marcha, no puedo resistirme, y me vuelvo a mirarlas por última vez. Compruebo como los dos repulsivos seres continúan trayecto, indiferentes al rechazo y malestar que provocan. Que no se preocupen; para ellas, también está hecho el cielo."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2588358861135841289?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2588358861135841289/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/escena-diurna.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2588358861135841289'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2588358861135841289'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/05/escena-diurna.html' title='Escena urbana'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6508312913910992297</id><published>2010-04-30T20:45:00.022+02:00</published><updated>2010-05-01T11:34:35.547+02:00</updated><title type='text'>Adivino</title><content type='html'>Serían casi las doce del mediodía, y confirmando las predicciones del horóscopo del diario, todo me estaba saliendo bien. Demasiado. Tanto, que desconfiaba que, de un momento a otro, las cosas se torcieran y las fuerzas del mal irrumpieran para fastidiarme el vienes. Pero de momento, no había queja sino agradecimiento. Desde que me había levantado, poco después de las nueve, me di cuenta de que podría ser un buen día. No sólo porque encima de los árboles brillara moderadamente el sol, ni porque en el límpido cielo primaveral no se viera ni una nube y pudiera echarme a la calle a pasear en mangas cortas, ni tampoco por descubrir en mi celular un mensaje de Claudia (una vieja amiga reconvertida en amante ocasional) invitándome a cenar esa misma noche, o porque sobre el eucalipto, que se alza junto a mi departamento, hubiese un nido de palomas de monte ocupado por un polluelo, sino porque en el oráculo del periódico lo ponía bien claro: hoy va a ser un gran día para los nativos de Aries (sic). ¿Y quién era yo para contradecir a un taumaturgo de tanto prestigio como el profesor Ceferino?. Así que, alentado por tan científico vaticinio, salí a la calle, más contento que una mina de propaganda de compresas, y decidido a llegar caminando al Jardín Botánico. Hacía mucho que no lo visitaba, y pasear entre el verde se me antojaba un ejercicio saludable. Además, estaba pegado a la Cuesta de Moyano, y tenía la sólida esperanza de poder encontrar libros interesantes, como así fue. De este modo, tras la grata visita al Jardín, me demoré por todos los puestos, obteniendo un interesante y ecléctico botín: dos títulos de Giorgio Scerbanenco que no tenía, otro desconocido de Antonio di Benedetto,  un cuarto de Jerome Charyn y finalmente un quinto del argentino Daniel Gutman sobre Margherita Sarfatti, gran dama del fascismo italiano y amante de Mussolini. No estaba mal el premio y, en gran parte, se lo debía al profesor Ceferino y sus sabios pronósticos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los cinco libros recién adquiridos bajo el brazo, y el ánimo henchido de optimismo, sentí el antojo de acercarme a la Pza. de Santa Ana a tomarme un vino o un vermú. Crucé el Paseo de Recoletos y comencé a callejear por las pequeñas travesías aledañas a Huertas. Iba distraído, con la mente puesta en sentarme a tomar el aperitivo y hojear a conciencia los títulos que portaba. Por eso me asusté cuando aquél auto se detuvo delante mío, cortándome el paso, y un tipo con aspecto porcinoide se dirigió a mí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oíga, Oíga – acompañó sus voces de garrulo sacando un antebrazo peludo y de luchador por la ventanilla&lt;br /&gt;- Dígame – respondí educadamente, aproximándome&lt;br /&gt;En el vehículo viajaban tres personas; el sujeto en cuestión; bajo, gordo, cuellicorto y con fulgores de oro en dientes, pecho y muñecas, la que debía ser su mujer; una Maruja reteñida, de busto exuberante que mascaba chicle con la boca abierta y me observaba con descaro, y una niña de unos trece o catorce años que, menuda y vestida con discreción, desentonaba con las indumentarias de nuevos ricos de provincias que lucían sus supuestos progenitores.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oíga, jefe, ¿dónde queda el prado ése? – me preguntó&lt;br /&gt;No entendí su pregunta, así que arqueé las cejas y puse cara de sorpresa, aguardando que ahondara en detalle que me permitieran comprenderlo. &lt;br /&gt;- Sí, jefe, ése sitio donde hay cuadros – agregó de inmediato&lt;br /&gt;- Ah, El Museo del Prado…&lt;br /&gt;- Sí, ése – sonrió socarronamente – es que la niña quiere ir – añadió disculpándose &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos cerca de la pinacoteca pero resultaba difícil llegar en auto, así que tras explicarle dónde se ubicaba, les aconsejé aparcar y hacer el trayecto andando. Me miró con indulgencia, como si estuviera loco, y no mereciera la pena tanto esfuerzo para ver unas simples pinturas. La mujer esbozó una sonrisa de complicidad con su marido y, volviéndose hacia atrás, le dijo a la hija:&lt;br /&gt;- Cariño, mejor venimos otro día ¿no?, que hay mucho poblema para dejar el coche. Además, ya verás como cuando volvamos tienen más cuadros&lt;br /&gt;- Claro – hizo su aportación el padre – mejor vamos al Buiryer  a comer unas hamburguesas y luego al Parque de Atraciones  ¿quieres?&lt;br /&gt;La cría, asintió con la cabeza y me miró un tanto avergonzada. Pobre, ella no tenía la culpa de ser el fruto del apareamiento de dos tarados que vivían al margen de cualquier manifestación cultural asi que, le dediqué una comprensiva sonrisa, y el telepático deseo de que se independizara en cuanto llegara a la mayoría de edad. &lt;br /&gt;- Gracias, jefe – dijo el cateto, antes de pegar un violento volantazo y meterse en contramano rumbo al Paseo de Recoletos.&lt;br /&gt;- De nada – contesté &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé parado como un boludo, saludando con la mano a la chica, que me miraba dada la vuelta sobre el asiento trasero, hasta que el auto desapareció de mi vista. En otras circunstancias, la trivial y desesperanzadora anécdota, me hubiera dejado mal sabor de boca pero, en esa ocasión no estaba dispuesto a permitirlo, por lo que retomé mi marcha al instante. Apenas unos minutos más tarde, llegué a la Pza. de Santa Ana y me metí en la Cervecería alemana a tomarme un Martini. Tomé asiento a una mesa, me lo sirvieron y, coincidiendo con el primer sorbo, mi celular emitió el pitido característico tras la recepción de un mensaje. Era de Claudia. “Elegí vos el vino, y no te olvidés de lo que ya sabés…”. No pude evitar sonreír. Se refería a los preservativos y, como de costumbre lo hacía dando un rodeo o dejándolo entender, como si temiera la tomase por una mujer vulgar si llamara a las cosas por su nombre. “O.K.”, confirmé, pegué un largo trago a mi bebida y di mentalmente las gracias al profesor Ceferino, que no me conocía de nada pero había acertado; aquél sería un gran día. Sobre todo de noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6508312913910992297?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6508312913910992297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/adivino.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6508312913910992297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6508312913910992297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/adivino.html' title='Adivino'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4542906988347718741</id><published>2010-04-26T17:34:00.024+02:00</published><updated>2010-04-26T18:57:10.959+02:00</updated><title type='text'>¿Dónde está escrito lo que debe suceder?</title><content type='html'>Ir de vacaciones a Miramar, era como quedarse en el barrio con el único añadido de la playa y el mar. Por todas partes nos topábamos con los paisanos, e instintivamente yo miraba los nombres de las calles para comprobar que de verdad habíamos salido de la capital. No había día en que no saludáramos a los Sinigaglia, los Orvieto, los Orefici, los De Benedetti, los Piperno, los Sonnino, los Di Segni o los  Pincherle, por citar únicamente a los que compartían origen común al nuestro porque, de los rusos mejor ni hablar (de tantos que eran). Mi padre, con su natural tendencia a la misantropía, rezongaba siempre después de cada uno de estos encuentros pero, cada verano, retornábamos al mismo sitio y las mismas rutinas, como si fuera una cábala existencial que asegurara la buena marcha de nuestras vidas. Mi madre, por el contrario, los agradecía, y se justificaba ante mi viejo diciendo cosas del tipo: “¡ay, querido, qué antisocial eres!…tal como está el mundo, es de agradecer encontrarse con gente como uno”.  Tampoco yo me libraba de sus comentarios, y a menudo tenía que escuchar cosas del tipo: “qué linda se puso la nena de los Orefici, ¿no te parece, Guidito?” “¿te diste cuenta de cómo te miraba Raquelita Di Segni, nene?”. A diferencia de mi viejo, que se quedaba callado, yo le contestaba con un monótono “Sí, mamá”, con el que se daba por satisfecha y cambiaba de tema. Por aquel entonces, yo todavía no pensaba en chicas, y mis únicas fijaciones veraniegas radicaban en jugar a la pelota en la playa y que el agua de mar secara los granos que me salían en la cara. &lt;br /&gt;Recuerdo que fuimos a Miramar desde que yo tuve 5 años, hasta los 14. Después, empezamos a ir a la montaña (Córdoba) y finalmente, dejé de ir de vacaciones con ellos para hacerlo con mis amigos o la novia de turno. ¡Pero mirá lo que son las cosas!;  a aquella Raquelita Di Segni, volvería a encontrármela un verano que había ido solo a pasar unos días en el departamento familiar. Era hacia finales de marzo, y casi todo el mundo ya estaba de regreso en Buenos Aires. Me faltaban unos días para cumplir los 25, subsistía escribiendo para un diario, y acababa de romper con mi novia, para mayor disgusto de mis progenitores que el mío propio. Así que, con el ánimo un tanto de capa caída, hice la valija y me fui hasta la costa a sentir los efectos terapéuticos del mar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue justo al día siguiente de mi llegada. Yo salía de darme un chapuzón en el agua, y ella  paseaba por la orilla. Iba sola, y seguía tan linda como siempre, con ese físico suyo que la emparentaba con las jugadoras de volley ball o alguna de las vigilantes de la playa; el pelo castaño largo, los músculos torneados por el deporte y dorados al sol, el bikini rojo resaltando sobre su piel suave y unos pechos turgentes que estimulaban mi olvidada condición de lactante. La reconocí de inmediato, a pesar de que hacía años que no la veía. Las únicas referencias sobre su vida  me llegaban a través de mi madre o de algún amigo en común y no solían ser, ni muy recurrentes, ni muy exactas. Por ellos supe, eso sí, que se había ido a Israel para hacer un Master apenas egresada del ORT, y que se había quedado allá, trabajando para no sé qué multinacional. Pero poco más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Raquel! – grité su nombre saliendo del agua&lt;br /&gt;Se volvió de inmediato, y me observó atentamente unos instantes antes de acercarse.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés, Guido? – me dijo, cuando llegó hasta a mí - ¿cómo andás? – añadió, plantándome un beso en la mejilla&lt;br /&gt;- No tan bien como vos, que estás lindísima…como siempre – respondí sin faltar a la verdad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enseguida nos pusimos a hablar de pavadas y de una y mil cosas. Desde el principio, advertí que ella eludía hablar del presente, e intuí algún drama oculto detrás de su simpatía y jovialidad, pero no quise pecar de indiscreto y seguí con la misma dinámica. Sin darnos cuenta, se nos vino el mediodía encima y yo, como un caballero gentil, la invité a comer. Fuimos a una pequeña parrilla, no muy lejos de la playa pero alejado de la primera línea, donde se congregaba la mayoría de la gente. Pedimos chorizo criollo, vacío, unas empanadas de choclo, ensalada mixta y una botella de Cabernet Sauvignon. Durante la comida, Raquel continuó pasando de puntillas sobre su historia reciente pero, al llegar al café, por fin entró en materia y se sinceró conmigo. Me contó que hacía poco más de un mes que estaba de vuelta en la Argentina, y se encontraba en la encrucijada de no saber qué hacer con su vida. Según avanzaba en su narración, su voz se iba poniendo más grave y más ronca, como si fuera entrando en trance. Los ojos se le iban entrecerrando y el ritmo narrativo se lentificó al comenzar a hablarme de su novio, Amos, un ex miembro de la Brigada Golani que había fallecido a principios de años como consecuencia de un cáncer linfático. Cuando volvió a abrirlos, los tenía anegados de lágrimas que empezaron a resbalar por su cara. Se las restregó con las palmas de las manos y cambió inmediatamente de tema, forzando una sonrisa, y sintiéndose un tanto avergonzada, como si hubiera hecho el papelón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y decime, Guido ¿estás escribiendo algún libro ahora mismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que sí, pero obviando que mi reciente ruptura había sido la causa de mi enésimo intento por escribir una novela. Me parecía casi obsceno hablar de mi dolor después de conocer el suyo, así que no entré en mayores detalles y edulcoré mi realidad de días taciturnos, áridos y largos como el desierto. Instintivamente, establecimos los límites donde encerrar la aflicción y nuestras conversaciones se desarrollaron por las afueras, en una cautivante complicidad que iba a más cuanto más tiempo pasábamos juntos. Tanto fue así, que no sólo no dejamos de vernos en esos días que coincidimos en Miramar, sino que allí mismo iniciamos una relación sentimental prorrogada al regresar a Buenos Aires. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos juntos algo más de tres años, de los que los dos últimos los pasamos conviviendo en el mismo departamento (enfrente mismo del Parque Centenario). Al final, nos separamos de una manera muy triste, queriéndonos pero mostrándonos inflexibles en las posturas que nos llevaron a la ruptura: Raquel no quería tener un hijo, y yo, sí. “No estoy preparada para ser madre” me decía ella, y no podía comprenderla. No lograba sacar de mi mente la idea de que cualquier mujer quiere tener un hijo del hombre que ama y, si no era así, entonces…&lt;br /&gt;En fin, el caso es que cada uno se fue por su lado y llovió mucho desde entonces. Sin embargo, yo aún no la olvidé del todo, y el corazón se me encoge cuando voy a comer a casa de mis viejos y mi madre me dice: “¿A qué no sabés quién tuvo un bebé”. Afortunadamente, siempre se refiere a otras y, aunque yo no volví a saber nada más de Raquel, no puedo dejar de imaginar lo bien que le habrían quedado a un pibe nuestros apellidos. Finzi Di Segni.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4542906988347718741?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4542906988347718741/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/donde-esta-escrito-lo-que-debe-suceder.html#comment-form' title='30 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4542906988347718741'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4542906988347718741'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/donde-esta-escrito-lo-que-debe-suceder.html' title='¿Dónde está escrito lo que debe suceder?'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>30</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6191250909668599764</id><published>2010-04-21T21:09:00.008+02:00</published><updated>2010-04-25T23:32:36.553+02:00</updated><title type='text'>Si te llaman tarde, dejá que suene</title><content type='html'>Era poco más de la una de la madrugada cuando sonó el teléfono. No es que la hora importara demasiado porque, quien me conoce, sabe que yo paso gran parte de la noche en vigilia, escribiendo mis habituales artículos para el periódico, y luchando por sacar adelante mi anunciada y siempre demorada novela. Sin embargo, en aquella ocasión, no pude evitar cierta inquietud ante lo tardío de la llamada. Temía malas noticias, como así fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hoola? – pregunté, sensiblemente aprensivo &lt;br /&gt;- Habla Gustavo&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, Gustavo?&lt;br /&gt;- No pasa nada…bueno, sí….&lt;br /&gt;- Dale, Contá – le animé&lt;br /&gt;- ¿Vos sabés que somos amigos, no?....y que nos conocemos desde pibes y ….&lt;br /&gt;-  Dale, Gustavo - lo apuré&lt;br /&gt;- ¿Andan bien las cosas entre vos y Graciela?&lt;br /&gt;- Sí … ¿por?&lt;br /&gt;- Mirá, yo soy amigo tuyo y me parece que debo contártelo, porque si no lo hago me voy a sentir como un traidor&lt;br /&gt;- ¡Dale! – grité - decíme de una vez, que me tenés intrigado &lt;br /&gt;- Bueno, pasa que esta noche salí a cenar con mis primos, a ése restaurante que está por Ángel Gallardo….ése que tanto os gusta a vos y a Fortunato…&lt;br /&gt;- ¿El Tero?&lt;br /&gt;- Sí, ése. Resulta que fuimos ahí y …vi a Graciela cenando con otro tipo&lt;br /&gt;- ¿Qué? – di un respingo en la silla donde estaba sentado&lt;br /&gt;- Eso, que Graciela estaba cenando con otro tipo, un flaco alto, con pinta de bailarín y el pelo largo….&lt;br /&gt;- ¿Ella te vió?&lt;br /&gt;- No, ellos estaban en un rincón a la derecha de la entrada y nosotros ocupamos una mesa por el fondo&lt;br /&gt;- ¿Y qué impresión te dieron? – inquirí&lt;br /&gt;- No sé….ya te dije que apenas la vi al pasar y después, desde dónde estaba, apenas la podía ver….me tapaban otras mesas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi ánimo había decaído de golpe, y un sólido e incómodo silencio se estableció en la conversación. Molesto por la situación originada, Gustavo intentó arreglarlo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A lo mejor es un primo suyo de Entre Ríos … tenía un poco pinta de puto el tipo…&lt;br /&gt;- Andá, ¡hacéte el gil ahora!&lt;br /&gt;- No sé, che…&lt;br /&gt;- ¿A vos qué te pareció?&lt;br /&gt;- Ya te dije que casi ni los ví…&lt;br /&gt;- Bueno, gracias Gustavo…te agradezco mucho…sos un amigo&lt;br /&gt;- Acostáte, y dormí….&lt;br /&gt;- No creo que pueda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colgué, ansioso por quedarme a solas con mis pensamientos y notando cómo un oscuro malestar crecía en mí y me provocaba una sofocante inquietud. En un intento de tranquilizarme, salí al balcón, encendí un cigarrillo y me puse a mirar la calle. Por mi mente comenzaron entonces a pasar ideas demasiado rígidas y extremas para tomarlas en caliente, así que al tercer faso me metí para adentro. Pero no conseguía dormir, y me pasé toda la noche dando vueltas por la casa como si fuera un león enjaulado.  No lograba quitarme de la cabeza imágenes de Graciela cogiendo con ese tipo, quien quiera que fuese y me ponía enfermo. ¿Pero qué podía hacer? Descartada la posibilidad de cometer una locura, mi único consuelo era esperar a que despuntara el día y llamarla por teléfono. No para que me explicara nada, que había poco que explicar, sino para desahogarme del único modo que podía;  puteándola de arriba abajo. Tal vez fuera patético, pero mucho peor era quedarse sin hacer nada, rumiando rencores y prorrogando una comedia que me daba el papel más ingrato. Así que, sacando paciencia de no se dónde, preparé café y regresé al balcón para seguir fumando. Todavía faltaban un rato para que amaneciera y, mi aliento, ya a nadie iba a importarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6191250909668599764?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6191250909668599764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/si-llaman-tarde-no-atiendas.html#comment-form' title='38 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6191250909668599764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6191250909668599764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/si-llaman-tarde-no-atiendas.html' title='Si te llaman tarde, dejá que suene'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>38</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7135095443226298829</id><published>2010-04-18T22:05:00.008+02:00</published><updated>2010-04-18T22:15:46.530+02:00</updated><title type='text'>F.K.</title><content type='html'>Era tarde, más de las once, y Franz regresaba a casa tras presenciar una obra de teatro yiddish en el legendario Savoy; lugar donde concurría una variopinta fauna que, entre divertida, banal y frívola, se entregaba a los comentarios cargados de mordacidad e intención mientras se deleitaban con recurrentes espectáculos de variedades. Como en otras ocasiones, las escenas presenciadas le habían sumido en una suerte de encantamiento, que se traducía en liviandad corpórea y temporaria infección de trascendentalismo. Apenas los actores aparecían en escena, él se veía arrastrado por una sensación de irrealidad fascinante a la que se entregaba con gozo. Sentía la ebullición de endorfinas y notaba como éstas se expandían por las fibras de su cuerpo y los intrincados laberintos de su cerebro. Por eso, todas las semanas acudía al Savoy, ávido de historias y sensaciones. &lt;br /&gt;Aquella noche, para variar, abandonó solo el local y se dirigió a su casa apenas concluida la función. Las calles estaban despejadas, y sus pisadas resonaban sobre el aún húmedo empedrado de la vieja ciudad como si llevara unos amplificados acoplados a los zapatos. Además, la ausencia de luna ennegrecía la ciudad, y las calles angostas, junto con los severos edificios, adquirían un aire casi tétrico que llevaban de cabeza a la aprensión. De ahí que no resultara extraño que Franz temiera sucumbir a extraños influjos metafísicos. Conforme iba caminando y se aproximaba a su domicilio, el ambiente se le tornaba más inquietante y sus pasos, en lugar de acelerarse, se volvieron más lentos y graves, inconexos con las órdenes que emanaban de su mente. Si siempre había creído que algo mágico impregnaba la atmósfera nocturna de las calles del viejo ghetto (hoy demolido), la súbita niebla que se expandía a su alrededor, acrecentaba sus sospechas hasta transformarse en certezas. En ellas, el rabino Löw había dado vida al Golem y quizás en alguno de sus sótanos continuara dormitando hasta que alguien volviera a insuflarle la vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desgraciadamente, Franz no tenía otro modo de llegar a su casa, así que no le quedaba más remedio que armarse de valor. Quería persuadirse que todo estaba en su mente pero, no lo lograba del todo; presentía que en el mundo existían fuerzas cuya comprensión se le escapaba y temía ser blanco de algún inexplicable castigo o turbadoras maquinaciones diabólicas. Y se convenció sin esfuerzo, al comprobar cómo los sustos se sucedían: primero creyó ver sombras deslizándose a lo largo de la pared de la vieja sinagoga, seguidamente escuchó el alarmante aullido de un gato y por último se detuvo, escuchando con atención, cuando creyó oír el ruido de pasos que se aproximaban. Afortunadamente, ya le restaba poco para llegar a destino y completó el camino corriendo como un loco, espoleado por el miedo, y con la idea fija de alejarse de allí. Cuando por fin llegó a su casa, todavía trastornado, encendió las luces y se sentó frente a su escritorio intentando serenarse, lo que le llevó un buen rato. Nadie imaginaría, mucho menos él, que aquella misma noche, escribiría algo que le haría inmortal: La Metamorfosis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7135095443226298829?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7135095443226298829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/fk.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7135095443226298829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7135095443226298829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/fk.html' title='F.K.'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5329602196105287384</id><published>2010-04-15T14:03:00.005+02:00</published><updated>2010-04-17T10:57:53.302+02:00</updated><title type='text'>A vueltas con una frase de Graciela Borges</title><content type='html'>Tumbado en la cama, Sebastián Skulnik escucha canciones del viejo crápula Serge Gainsbourg, mientras mata el tiempo y el pensamiento, mirando el techo y esperando que le caiga alguna gentileza del azar. La fe en un milagro desaparece enseguida, dando paso a la nostalgia y la melancolía. Se pone entonces a pensar en la cantidad de cosas que perdió en el curso de su vida; el tiempo malgastado, las personas que murieron, las que le abandonaron, y lo que pudo ser, no es, y jamás será… De inmediato siente el malestar provocado por la angustia de sus recuerdos y la constatación de que su existencia era un gran fracaso, por lo que se levanta de golpe y abandona el lecho. Se acerca al espejo de la pared, y éste le devuelve un rostro pálido, ojeroso y cargado de saudades. Aparta la mirada, espantado, y se viste; un vaquero gastado y una camisa con el cuello sucio y raído. Se echa a la calle así como está; mal vestido, sin duchar ni afeitar. No importa, no tiene a quien impresionar y, además, siempre le han preocupado más las cuestiones de fondo que las frivolidades estéticas. Comienza a andar. Sin rumbo, repitiéndose mentalmente una certera y lúcida frase de su compatriota Graciela Borges que siempre le ha intrigado: "LOS QUE PASEAN, NO SE SUICIDAN". Continúa andando y comprueba, con horror, que todo lo que le rodea es gris y feo, incluyendo los seres humanos con los que se cruza. Desea fervorosamente que se largue a llover con furia; que las calles queden desiertas, limpias, e impregnadas del conocido y placentero olor a tierra mojada. No hay suerte, como no podía ser de otra forma, y el sol continúa reinando en lo alto. Se cansa de caminar, así que compra un diario y se mete en un bar a tomar algo. Pasa las páginas sin asimilar las noticias que va leyendo, por lo que se concentra en resolver un crucigrama. Lo consigue con insultante facilidad, incluso antes de terminar su café con leche, que aún tiene a la mitad. Justo a su izquierda, a poco más de un par de metros, advierte la presencia de otro hombre, o algo similar que le lleva a pensar que si venimos del mono, ése tipo sin duda lo hizo hecho por un atajo. No consigue apartar la vista de el individuo, hipnotizado por el grotesco espectáculo que ofrece: moja con ordinariez unas medialunas en la taza y deja su alrededor de la barra salpicado de goterones de café con leche. Por más que agacha la cabeza, gira el cuello y abre su boca de buzón, no logra evitar que el líquido se deslice a lo largo de su brazo hasta el codo y, de aquí, caiga sobre el cinc de del mostrador. Es algo asqueroso, y por eso no puede dejar de mirarlo. Luego, el mismo espécimen, pide un coñac barato y se lo bebe de un solo trago, limpiándose después la boca con el dorso de la mano y exclamando un Ah, casi animal, de satisfacción. Sebastián piensa que, a buen seguro es de los que está casado con una santa, y ve los partidos de fútbol por tv, vestido con pantalón de gimnasia y pantuflas mientras toma la cerveza directamente del gollete y se mancha la camiseta (blanca y de tirantes) con el escabeche de los mejillones en lata. Se aburre de mirarlo, asqueado de tener que compartir el mismo siglo con él. Sin embargo, da la casualidad que abandonan a la vez el establecimiento, casi chocándose al salir por la puerta. Sebastián le deja pasar primero, y decide optar por la dirección contraria a la sigue el sujeto. Mala elección; se adentra en un barrio más feo aún que en el que estaba y no consigue aislarse del olor a pescado podrido que sale de las viviendas de los coreanos, ni del impacto visual de cruzarse con bolivianas de cuerpos achaparradas enfundadas en ropas ajustadas con más colorido que la bandera de Camerún. Sólo faltaba un grupo de Hare Krishna y ya tenemos el arco iris en todo su espectro, piensa divertido. Varias cuadras más allá, siguiendo con su avance, va a dar con varios locales de alterne que se suceden en la vereda de los números pares. Fulanas descaradas mascando chicle le miran al pasar pero no le dicen nada. Sebastián duda: por un lado, se deja engañar por la vanidad y piensa que no se dirigen a él porque creen que no tiene necesidad de pagar para tener sexo. Por otro, se desmoraliza y cae en la cuenta de que, dado su aspecto desastrado, imaginan que no tiene un mango. Sonríe y cae en la cuenta de que está harto de tanto pasear. Le duelen las piernas y decide desertar de cualquier esperanza de que le ocurra algo significativo, algo que le confiera un protagonismo más allá de ser un simple espectador. Quizás otro día haya más suerte. Detiene un taxi y regresa a su casa, adormilándose por el camino con la cabeza apoyada junto a la ventanilla. Por fin está en su departamento, dolorido pero feliz de regresar y con una cosa clara en su mente; volver a tumbarse en la cama a escuchar al franchute y mirar el techo porque, pasear, es para los que no se suicidan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5329602196105287384?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5329602196105287384/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/vueltas-con-una-frase-de-graciela_15.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5329602196105287384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5329602196105287384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/vueltas-con-una-frase-de-graciela_15.html' title='A vueltas con una frase de Graciela Borges'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8092899672686141570</id><published>2010-04-12T14:58:00.009+02:00</published><updated>2010-04-12T21:27:00.890+02:00</updated><title type='text'>Amarguras</title><content type='html'>Lo que más me atrajo de Lucía, fue esa apariencia suya de haber pasado gran parte de la vida deprimida, como si tuviera una obligación o un deber en aceptar la infelicidad y el abatimiento. Me enternecían su fragilidad, su vulnerabilidad y esas constantes ganas de llorar que conjuraba con el recurrente y siempre apresurado gesto de encender un cigarrillo. Además, yo sabía leer sus silencios y adivinaba que, tras ese hermetismo de ojos tristes que miraban sin ver, despreocupados del entorno y fijos en la nada, se hallaba una enfermiza evocación por un pasado perdido, único e irrepetible. No es de extrañar que mis amigos insistieran en que la dejara, argumentando que su baja energía existencial terminaría contagiándome. Pero ellos no comprendían que yo ya estaba infectado, sin remisión, y que mi vida tenía el sentido pleno de entregarme a la tarea redentora de devolverle a Lucía la suya, aún sin saber cómo lograrlo. ¡Si supieran cuántas ganas tenía ella de vivir! Si supieran cómo se entregaba en el sexo, tan concentrada y agradecida, acompañando siempre sus orgasmos de un llanto silencioso y privado que la mantenía ausente durante unos minutos…unos instantes mágicos, casi místicos, de perfecta comunión con la vida...unos instantes en los que su naturaleza se apoderaba de ella y la henchía de unas ganas casi violentas de ser feliz. Después, de forma irremediable y como si la realidad se tomara celosa venganza, todo volvía a lo habitual; a una existencia marcada por ser lo que no podía, por una frustración derivada en resignación apenas interrumpida por esos escasos momentos de placer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son muchas las tardes en que, volviendo del trabajo, me dejo embargar por el pesimismo y los pensamientos negativos, y me desespero al ver que mis esfuerzos no provocan en ella la mejoría anhelada. Tampoco los psiquiatras, con toda su ciencia,  saben cómo tratar la abulia vital que padece, ese refugiarse en una especie de autismo emocional,  como si fuera una recia muralla que la protegiera contra cualquier asalto de un presente y un futuro que le son totalmente ajenos. Así que estamos los dos solos, asilados y encadenados a una rutina donde la felicidad es una variable que no aparece y donde la aflicción lo impregna todo. Pero yo no desfallezco y cada tarde, armado con un optimismo que saco de lo más hondo de mi ser, atravieso la puerta con el redundante deseo de ver algo que no he visto nunca y que constituye mi ansia más inmediata; la cara que tendría con una sonrisa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8092899672686141570?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8092899672686141570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/amarguras.html#comment-form' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8092899672686141570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8092899672686141570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/amarguras.html' title='Amarguras'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2469066824841519228</id><published>2010-04-09T06:33:00.016+02:00</published><updated>2010-04-09T10:25:17.113+02:00</updated><title type='text'>Incongruente yo</title><content type='html'>Sé que nada vuelve atrás, que la vida siempre es diferente pero, a pesar de todo, no dejo de añorar el pasado. Cuanto más pasa el tiempo, más culpable me siento; lleno de remordimientos y mala conciencia por mi comportamiento hacia ella. Sé también, que&lt;br /&gt;para los demás, yo soy un hombre libre que no necesita a una mujer porque únicamente me conformo con varias, alguien que huye de las responsabilidades, las cargas, reniega de los lazos sentimentales duraderos y tiene alergia a las rutinas en que los demás se perpetúan. Sin embargo, aunque lo niegue en público, en mi interior no me resigno a la pérdida de Silvia, aunque ni yo mismo sepa porqué la dejé. Lo único que se me ocurre para justificarme es, un cóctel de débiles causas y unas poco convincentes justificaciones, que van desde dejarme llevar por mi personalidad egoísta y mimada por la vida, hasta la divergencia entre sus sueños y mis dudas, pasando por cierto afán autodestructor que anida en mi subconsciente. Recuerdo que pensaba que ella me perseguiría de un modo obsesivo, llamando por teléfono a diario, siguiéndome por la calle y acudiendo a los amigos comunes para que actuaran de intermediarios. ¡Qué iluso! Silvia no sólo no hizo nada de eso, sino nada en absoluto, y ahora tengo que bancarme, aparte de mis inseguridades y la culpa, el saber que mi paso por su vida no le dejó huellas profundas, y que su existencia no se fracturó tras nuestra ruptura. Quizás es por eso, por sentirme frustrado y herido en la vanidad, que son frecuentes las mañanas en que me levanto con el ánimo de agarrar el teléfono y llamarla. Pero nunca lo hago, siempre lo dejo para otro día, el siguiente, el que nunca llega. Mientras, sobrellevo mi neurosis como puedo, a base de alcohol, pastillas multicolores y mujeres jóvenes con tetas grandes y sin historia. Es lo más fácil, el modo menos lastimoso de esquivar lo que todos esperan que haga y yo no me atrevo: dejar de ser un estúpido para convertirme en un hombre decente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2469066824841519228?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2469066824841519228/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/incongruente-yo.html#comment-form' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2469066824841519228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2469066824841519228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/incongruente-yo.html' title='Incongruente yo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5788627119330320027</id><published>2010-04-04T04:41:00.027+02:00</published><updated>2010-04-04T07:37:42.261+02:00</updated><title type='text'>Cali-fornication</title><content type='html'>Dicen que “no hay mal que por bien no venga” y debe ser verdad porque, coincidiendo con mi divorcio, me acaecieron un par de sucesos memorables. Por un lado, la culminación de una novela que venía atormentándome desde hacía más de tres años y, por otro, haber conocido a las gemelas Fonseca. El primero de ellos, me ayudó a canalizar el dolor de la ruptura, sumiéndome en un intenso y terapéutico proceso creativo que alejó de mi mente cualquier idea de suicidio. De no haberme volcado, con obsesiva neurosis, en culminar la historia empezado quizás ahora no me encontrara en el mundo de los vivos ni, obviamente, hubiera sido agraciado con un importante premio literario de dimensión continental. La publicación de “Ángeles de alquitrán”, fue acogida de manera entusiasta por lectores y crítica especializada, lo que, unido al galardón, me abocó hacia agotadoras jornadas de promoción. Sin embargo, lejos de considerar esto último como un inconveniente, lo asumí como una bendición. No pensar y estar activo, suponía el colofón al proceso catárquico que cabalgaba a lomos de la novela, y me proporcionaba el mejor modo de borrar cualquier resto de dolor por el abandono de mi mujer.&lt;br /&gt;El segundo de los sucesos fue derivación de éste primero; en el marco de las citadas labores promocionales, mi editorial me llevó de gira por varios países de Sudamérica y fue en Cali, Colombia, donde el venturoso azar quiso que me topara con aquel singular par de bellezas. Yo llevaba pocas horas en la ciudad y, tras un breve descanso, había bajado a la pileta del Hotel Aristi a darme un chapuzón antes de comer. Normalmente no hago estas cosas, porque mi naturaleza de misántropo moderado y de alérgico al cloro, me alejan de las aguas estancadas pero, en esa ocasión, hice una excepción. Quizás me motivó que apenas hubiera nadie en las instalaciones o, más seguramente, una sumisión inconsciente a mi destino. No sé, el caso es que allí estaba, nadando y acostándome posteriormente en una tumbona a tomar una caipirinha, con mis Rayban puestas y la vista levantada hacia lo alto. De vez en cuando la bajaba y observaba el entorno, lanzando indiferentes miradas a los mortales allí congregados. No veía nada interesante hasta que, de pronto, las vi a ellas, salidas de no sé dónde, sin aviso previo ni anestesia. Eran un par de mujeres idénticas, y portadoras de cuerpos imponentes; duros y bronceados, cargados de curvas, y complementados por rostros de rasgos delicados, en los que resaltaban unos ojos verdes con cierto aire oriental. Parecían dos modelos, pero de no de pasarela, sino de las del Penthouse, de ésas que tienen lo que hay que tener en cada sitio. Lógicamente, ante aquellos reclamos de la belleza, y aún cuando mi libido estuviera en off, yo no podía dejar de observarlas, sobre todo porque me sentía amparado tras mis lentes oscuras y el disimulo. Pero, se ve que no debí de hacerlo muy bien porque, de tanto en tanto, me sonreían para acto seguido, cuchichear algo entre ellas y echarse a reír. Como es de suponer,  yo no estaba para conquistas, con lo que  evité decirles cualquier cosa, y me retiré a mi cuarto poco antes de la hora de comer; tenía que tomar una ducha, cambiarme y salir a buscar un restaurante. A pesar de todo, eso no evitó que, al marcharme, pasara a propósito  junto a ellas y me despidiera con la mano. “Chau”, correspondieron las dos con simpatía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen rato después, cuando abandonaba mi cuarto, volví a encontrármelas. Resultó que ocupaban justo la habitación contigua a la mía y, mientras yo cerraba mi puerta, ellas se aprestaban a abrir la suya. &lt;br /&gt;- Hola - saludaron con simpatía&lt;br /&gt;- Hola – respondí, comprobando que eran tan idénticas que sólo se diferenciaban en el color del bikini; blanco el de una, verde pistacho el de la otra&lt;br /&gt;- ¿Sabés dónde se puede comer dignamente en esta ciudad? – me preguntó una de ellas, con marcado acento rioplatense&lt;br /&gt;- Pues no…es la primera vez que estoy en Cali – balbuceé, nervioso ante tanta exhuberancia&lt;br /&gt;- Sí esperás a que nos cambiemos, te invitamos a comer ¿querés? – propuso una, y la otra añadió – dale, esperanos&lt;br /&gt;Sin darme tiempo a contestar, o dando por positiva mi respuesta, abrieron la puerta y me invitaron a pasar&lt;br /&gt;- Claro – respondí, final y tardíamente &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se duchaban y cambiaban, paseándose en ropa interior sin pudor ni inhibiciones, yo las esperaba apoyado contra el marco de la ventana, mirando a la calle por no mirarlas a ellas. Entre idas y venidas se turnaban para hablar conmigo, y así fue como me enteré que se llamaban Paula y Nadia, que eran montevideanas, dentistas, y se encontraban en la ciudad para asistir a un congreso. Pero lo que más me sorprendió, es que, no sólo habían leído mis libros sino incluso habían acudido a la presentación de mi última novela en la capital uruguaya apenas cinco días antes. También me llamó la atención lo rápidas que eran en arreglarse, lo cual no suele ser habitual en el resto de sus congéneres. Se lo agradecí y, poco después, salíamos los tres del hotel. Como estábamos en pleno centro, no tuvimos que andar mucho para encontrar restaurantes, y finalmente nos decantamos por un elegante local mexicano. Comimos bien, y en abundancia, bebimos con moderación, y charlamos un rato antes de retornar al hotel. Aquella misma tarde ellas debían acudir a una ponencia, y yo tenía que decir unas palabras sobre mi novela antes de proceder a la habitual firma de autógrafos, por lo que acortamos la sobremesa. Camino del Aristi, nos topamos con un encantador restaurante italiano y convinimos en acudir a él por la noche, como así hicimos. Esta vez invertimos la rutina del mediodía, cenando menos y bebiendo más, con lo que ganamos en locuacidad y desenvoltura, en particular yo que luchaba contra la cohibición de estar con dos mujeres (¡y qué dos mujeres!). Cuando me quise dar cuenta, estábamos tomando unos whiskys en el cuarto de ellas, medio desnudos y sentados en el suelo. Lo siguiente fue acostarnos los tres en una de las camas. Menos mal que, previendo lo que acontecería, un rato antes me había metido en el baño y tomado una de las pastillas de Viagra que mi amigo Héctor, el urólogo, me había regalado meses atrás (“por si con esto del divorcio no se te levanta” comentó al dármelas). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que llegó el momento de despedirnos, tres días más tarde, pasábamos las noches juntos y volvíamos a acostarnos a la hora de la siesta. Siempre en su cuarto, uniendo las camas y siempre apoyándome en la química, no fuera que mis cuarenta y monedas no soportaran tanto vaivén amatorio. Por lo que parece, no debieron quedar descontentas porque, además de acompañarme al aeropuerto e intercambiarnos teléfonos me ofrecieron hospedarme en su casa la próxima vez que fuera a Montevideo. También nos dimos las direcciones del mail, con la salvedad de que dado que prometieron mandarme en breve unas fotos suyas “para que nos las olvidara” (o sea, eróticas), yo les anoté la dirección de mi ex mujer: leilasebbag@gmail.com.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las dos semanas, de vuelta en Buenos Aires, encontré un mensaje de Leila al abrir mi correo (un reenvío). Precediendo a unas fotos de las gemelas Fonseca desnudas, me había escrito, en negrita, mayúsculas y entre signos de exclamación, una única palabra rebosante de significado: ¡INMADURO!. Me eché a reír al leerlo, con la malsana satisfacción del nene que hace una travesura. Seguidamente, imprimí las imágenes, las recorté, y las guardé en la billetera, donde tropecé con una muestra de viagra superviviente de mi estancia en Cali. El ver aquella pastillita azul, me puso pensativo e hizo añorar mis recientes gestas sexuales. Me preguntaba qué estarían haciendo las gemelas en esos mismos instantes y, dejándome llevar por la excitación de evocar recuerdos tan placenteros, me vi buscando los horarios de los ferrys que salían a diario para Montevideo. Descubrí que zarpaba uno en un par de horas; el tiempo justo para hacer la valija y pasarme donde Héctor porque, quizás el amor sea el mejor afrodisíaco que exista pero, a falta de éste, buenas son las pastillas azules y, si no es en estos casos, ya me dirán ustedes ¡para qué miércoles necesito yo un amigo urólogo!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5788627119330320027?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5788627119330320027/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/cali-fornication.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5788627119330320027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5788627119330320027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/04/cali-fornication.html' title='Cali-fornication'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3002360309248781086</id><published>2010-03-29T14:43:00.005+02:00</published><updated>2010-03-31T15:18:31.767+02:00</updated><title type='text'>Reaparición</title><content type='html'>Sentado en el Café Soleil, pasaba solitarias horas matinales espiando lo que podía verse desde el gran ventanal. Generalmente, me concentraba en intentar descifrar lo intangible, lo que corría por debajo de las apariencias de lo obvio, cómo si algún lenguaje en clave se manifestara para quien supiera interpretarlo: una especie de jeroglífico metafísico que la vida nos presentaba con ánimo lúdico y sapiencial, algo impalpable y notorio aún en su invisibilidad pero que estaba ahí, junto a nosotros, danzando a nuestro alrededor. Buscaba señales, presagios, una forma distinta de percibir la realidad e interpretarla con ánimo de predicción y posterior dominio. Ni que decir tiene que jamás logré nada más que matar el tiempo, lo cual no era poco para alguien que, como yo, disponía de dicha materia prima en grandes cantidades. Una de aquellas ociosas mañanas, ubicado en mi mesa habitual, y entregado a lo descrito, recibí la inesperada visita de un fantasma de mi pasado. Uno al que yo creía extinguido hacía mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo estás? –  preguntó al llegar a mi mesa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parada ante mí, descubrí a Carla. Seguía como siempre, hermosa e idéntica a sí misma, mirándome fijamente a los ojos. Su mirada parecía velada por una sombra de tristeza, sobre cuyo origen ni siquiera me animé a especular. Sólo sentí ganas de salir corriendo, de aliviar el cúmulo de sensaciones que me subieron de inmediato desde el estómago y oprimían el corazón. No lo hice, por educación, por curiosidad, por que simplemente me deba pereza levantarme y largarme, o acaso, porque ya estaba harto de sumar otra huída al extenso catálogo de ellas que jalonaban mi vida. Me quedé, y la invité a sentarse. Tomo asiento enfrente mío y pude verla con mayor detalle; la luz solar incidía sobre su piel pálida y le confería un brillo que potenciaba la fuerza de sus acentuados rasgos, mostrándome la plenitud de la ecuación que determinaba su hermoso rostro. Noté entonces cómo mis células palpitaban ante la evocación de pasados días de tristeza infinita, de aquel transitar por túneles oscuros que parecían no tener fin,  y deseé, con todas mis fuerzas, que todo fuera un sueño, que esa presencia que tenía enfrente y me miraba como una esfinge, desapareciera de mi vista. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te veo bien – me dijo &lt;br /&gt;- Será porque estoy cerca – respondí secamente&lt;br /&gt;- ¿Todavía me guardás rencor? – preguntó, muy seria&lt;br /&gt;Le indiqué que no con la cabeza, e interrumpimos la conversación ante la llegada del mozo. Pedimos dos cafés y reanudamos un diálogo que se presagiaba antinatural y difícil.&lt;br /&gt;- Ahora sos bastante famoso…leí tus novelas y te sigo en el diario, la radio y te veo cuando salís por televisión…te queda muy bien el pelo canoso &lt;br /&gt;- ¿Pensás que eso es importante para mí? Ser famoso, digo. Preferiría mil veces ser un empleado bancario o municipal y haberte tenido todo este tiempo conmigo&lt;br /&gt;- Juntos nos estábamos asfixiando, anulando…conmigo a tu lado tal vez nunca te habrías convertido en escritor&lt;br /&gt;- O tal vez sí…en todo caso, da igual, porque lo pasado, pasado está, y ya no tiene arreglo. ¿A vos te fue bien? – desvié el tema con miedo a que continuara justificando nuestra remota separación&lt;br /&gt;- Tengo una nena de tres años&lt;br /&gt;- Eso no es una respuesta&lt;br /&gt;- No, no me fue bien. No pasé de ser ama de casa, si te referís a eso. Dejé todos mis proyectos estacionados, me casé, y ahora me estoy divorciando. Mi marido está en la cárcel…es uno de los abogados implicados en el caso Frachetti (un sonado asunto de corrupción inmobiliaria con repercusiones política) ¿y vos?&lt;br /&gt;- ¿Yo? yo tengo un perro, y jamás me sentí más querido, si te referís a eso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos hablando de banalidades y cualquier cosa que eludiera comprometidos silencios hasta que, una hora después, nos despedimos con un beso en la mejilla y un mirarnos suplicante que transmitía nuestra condición de fracasados. Mientras la veía alejarse, no pude evitar pensar en las cosas que habrían podido ser y que no fueron, de cómo yo pensaba que nos parecíamos y estábamos hechos el uno para el otro y terminé equivocándome, en cómo tras su abandono me aislé en el gueto privado de mi departamento, ajeno a todos y yendo a la deriva en un mundo del que había perdido las referencias, en lo absurdo de mis promesas de no volver a exponer mis sentimientos por nada ni por nadie, en cómo mi familia y amigos lograron rescatarme de una existencia turbulenta cuyo horizonte era la muerte trágica, en los celos que sentí por no ser el padre de esa criatura, en…..en tantas cosas, que se me hizo un nudo en la garganta y abandoné el local, necesitado de salir fuera y rebajar mi tensión emotiva. Cuando por fin llegué a casa, Sigmund, un perro mezcla de fox terrier y no sé qué más que rescaté de la perrera, me saltó encima, poniéndome las patas en el pecho y lamiéndome la cara. Lo abracé, y tras acariciarle repetidamente la cabeza, le puse la correa y  lo llevé al parque. Es quién más me quiere y quien menos pide: apenas algún paseo, y un poco de cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3002360309248781086?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3002360309248781086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/reaparicion.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3002360309248781086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3002360309248781086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/reaparicion.html' title='Reaparición'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7681158151758113558</id><published>2010-03-28T03:28:00.011+02:00</published><updated>2010-03-28T04:04:07.369+02:00</updated><title type='text'>Sólo se quiere una vez. O no</title><content type='html'>Hoy sé que tenía que haber hecho caso a los restos de mi sentido común y no haber salido de casa aquella mañana. Pero deseaba verla, como si me empujara una fuerza a la que mi voluntad no podía ofrecer resistencia. Quizás todo fuera porque simplemente no quería perderla para siempre, sin remedio, o porque tras nuestra separación luchaba sin éxito para no pensar en ella, o porque me gustaba engañarme pensando que algún acontecimiento del destino nos uniría de nuevo a su antojo. Hoy lo sé pero, aquél sábado, todavía estaba dispuesto a continuar engañándome. Aún quería creer que ella volvería conmigo, a socorrerme, a rescatarme de las ruinas de mi vida fallida, de mis enquistadas nostalgias por un amor extinguido y de los deseos abandonados convertidos en pesadillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ése día, que dividió mi vida en dos de manera irremediable, desperté feliz como un idiota, imbuido de una energía que no sabía de dónde brotaba (acaso algún mecanismo de defensa contra el nerviosismo que fermentaba en mi interior). Me duché parsimoniosamente, me vestí, y acicalé con esmero delante del espejo, sin desprenderme de un optimismo que crecía a medida que se aceleraba la cuenta atrás. &lt;br /&gt;Sabía que, como cada sábado por la mañana, ella acudiría a la facultad, donde seguía un curso de postgrado cuya finalidad nunca acabé de entender. Como no terminaba sus clases hasta las dos, me permití el lujo de ir dando un largo paseo, sin prisas e inventando todo tipo de diálogos durante el camino. Era mi modo de ir mitigando la amenazante angustia. Al llegar, miré mi reloj y comprobé que aún restaba una hora para que saliera, así que decidí esperarla en un Café del otro lado de la avenida, desde cuyas mesas pegadas a la ventana, tendría buena vista del objetivo; un edificio de principios de siglo necesitado de reformas. Aguardé impaciente, mirando la hora a cada rato y sintiendo como la ansiedad subía por mis temblorosas piernas para terminar atenazándome el estómago en un molesto cosquilleo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serían las dos y cinco cuando por fin la vi salir. Llevaba el pelo recogido en una coleta y vestía unos gastados jeans con una camiseta blanca sin mangas. Estaba igual de linda que siempre y su mera visión me provocó una inmediata sensación de vértigo y entusiasmo. Laura había sido lo mejor que me sucedió en la vida, y no me di cuenta de ello hasta que la eché de mi lado. Sólo cuando no la tuve, cuando padecí su ausencia, me di cuenta de lo mucho que la quería y necesitaba. Ahora, culpable por la injusticia cometida, pero optimista por haber vencido a mis miedos, venía desesperado a su encuentro, con el vivo ánimo de recuperarla y no soltarla. Tan excitado me encontraba ante la nueva perspectiva, que pagué mi consumición con un billete grande y salí disparado del local sin esperar el vuelto. Corrí hasta el semáforo de la esquina. No tenía tiempo que perder y me moría por declararle cuánto la quería, estrecharla en mis brazos y besarla en los labios.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ahí, detenido en la fatídica confluencia de Corrientes y Talcahuano aguardando a que el rojo cambiara al verde, vi lo que nunca hubiera querido ver, la más indeseable de las realidades que podía imaginar: vi a Laura abrazada a otro hombre. Los observé unos instantes, paralizado como una estatua, mientras ellos se tomaban de la mano y bajaban por Corrientes rumbo al Obelisco, tonteando, riéndose, indiferentes de cualquiera que no fueran ellos mismos y deteniéndose cada pocos metros para besarse en mitad de la calle. Derrotado, opté por lo más digno que podía hacer en semejante situación; tomar la dirección contraria a la suya. Desaparecí hacia el Once, sumergiéndome en la nada, en un estado de sin pensamientos, pero con el atisbo de consciencia suficiente para saber que debía escapar de Buenos Aires, encontrar otro lugar donde se completara mi final. Por eso tenía que huir, alejarme, en aras de una felicidad futura; la suya porque, para mí, ya no quedaba la mínima esperanza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres días más tarde, aterrizaba en Barajas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7681158151758113558?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7681158151758113558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/solo-se-quiere-una-vez-o-no.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7681158151758113558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7681158151758113558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/solo-se-quiere-una-vez-o-no.html' title='Sólo se quiere una vez. O no'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-829341517232788427</id><published>2010-03-25T19:41:00.005+01:00</published><updated>2010-03-25T19:57:20.688+01:00</updated><title type='text'>Fatalidad</title><content type='html'>Beppo Limentani vivía más en los silencios que en las palabras. Sin pareja, familia ni amigos, se marchitaba día a día sin remisión, centrándose en su ingrato trabajo y deseando un futuro que no fuera pretérito. Por más que ansiaba encontrar razones para bendecir cada nuevo amanecer, no lo conseguía y terminaba resignándose a soportar, estoicamente, el tedio de sus rutinas cotidianas. Existía sólo por inercia, y no dejaba de preguntarse hasta cuándo se dilataría su agonía en un mundo que lo excluía. Cuando llegaría, por fin, ese momento, fijado por D-os o la casualidad, en que por muriera, poniendo triste colofón a una historia tan vacía que sólo se compondría de dos fechas; la de su nacimiento y la su óbito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había mañana en que, Beppo, no sintiera el impulso de tirarse al paso del tren que lo llevaba hasta el trabajo, y tampoco había mañana en que no se confirmaba su cobardía. Carecía de valor para matarse, y pretendía autoengañarse diciéndose que su subconsciente tenía curiosidad por lo venidero, o que sus genes estaban inmunizados al suicidio gracias a las heroicas supervivencias de sus ancestros. A nadie engañaba, ni siquiera a sí mismo, y sabía, de sobra, que la verdadera razón era la pura y llana falta de valor. Así, de este modo que más emparentaba con la muerte que con la vida, se sucedían sus jornadas; sin anormalidad, constantes en lo intrascendente y en una angustia que no cedía. Siempre lo mismo. Nada cambiaba. Desde el trato impersonal con sus subordinados hasta la mesa solitaria en las comidas, el pesado trascurrir de las tardes o la hora de regresar a casa y encerrarse a solas con la nada absoluta. Todo se repetía con dolorosa uniformidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas veces, cada vez menos, se veía abordado por alguna súbita hemorragia de optimismo, de fe, de efervescencia existencial y sentía unas ganas casi violentas de ser feliz. En esos instantes creía que todo era posible si se deseaba con ganas; los azares venturosos acudirían a su desesperado llamado y su realidad sufriría una sacudida brusca que lo metería de lleno en la vida. Por desgracia, todo se derrumbaba casi de inmediato. Su yo interior imponía su dictadura, a golpe de realismo y la firme convicción en que el determinismo rige los destinos humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, no se qué habrá sido de él. Tal vez ya nos haya dejado, o acaso siga aún entre nosotros, intentando armarse de valor para quitarse de en medio. Ojalá tenga suerte y encuentre lo que busca: una positiva señal del azar, ése monstruo que lleva toda la vida esquivándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-829341517232788427?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/829341517232788427/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/fatalidad.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/829341517232788427'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/829341517232788427'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/fatalidad.html' title='Fatalidad'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8703977073037989848</id><published>2010-03-23T22:53:00.004+01:00</published><updated>2010-03-24T15:11:26.223+01:00</updated><title type='text'>Modales</title><content type='html'>Lisboa, mes de agosto del dos mil y pico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Notando en exceso el húmedo y pegajoso calor veraniego de esas fechas, mi entonces mujer y yo paseábamos por los aledaños del Castelo de Sâo Jorge. Acabábamos de escuchar un mini concierto de guitarra portuguesa dentro del recinto amurallado, y en nuestros oídos aún se mantenía un poso de acordes que evocaban conocidas composiciones del género. Por lo demás, el referido rigor de la canícula había despejado las calles y éramos escasos los sufrientes turistas que osábamos salir del hotel a esas horas (las cuatro y media de la tarde). Sólo se veían raquíticos grupos de japoneses con gorros blancos, algún alemán en bermudas, calcetines y sandalias, y poco más. Mejor así, pensaba yo, porque siempre detesté las multitudes y el calor se me antojaba un precio módico por librarme de ellas. Además, eran nuestras primeras vacaciones juntos con lo que, nuestro enamoramiento remontaba cualquier inconveniente o contratiempo que surgiera. En eso estábamos, en pasear, cuando de pronto mi mujer se detuvo en mitad de la calle (rua de no se cuántos)&lt;br /&gt;- ¿No hueles, querido? – me preguntó&lt;br /&gt;- Pues no – respondí, tras realizar un par de estériles movimientos olfativos con la nariz&lt;br /&gt;- ¿De verdad que no hueles a comida oriental? ¡Qué poco olfato tenéis los hombres! – rezongó, confirmando mi masculinidad en cuanto a la percepción de olores se refiere. Ella, por el contrario, tenía el sentido tan desarrollado como un ciervo.&lt;br /&gt;- Ven – indicó – y de la mano me guió hasta el lugar de origen del olor: un restaurante especializado en cocina de Goa (ex colonia portuguesa en la India).&lt;br /&gt;Parados ante la puerta del establecimiento, estudiamos con detenimiento la carta expuesta en una pequeña vidriera. &lt;br /&gt;- Podríamos cenar aquí esta noche, ¿no? – propuso ella&lt;br /&gt;- Dale – expresé decidido para, acto seguido, entrar en el local y hacer la reserva&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cumplido el trámite, regresamos andando al hotel. Caímos rendidos en la cama y nos quedamos dormidos al instante (ni en pedo pero, a efectos literarios, vamos a contar que fue así). Al despertar, nos dimos una reparadora ducha y nos arreglamos para la cena.&lt;br /&gt;Una vez en la calle, paramos el primer taxi que vimos y nos dirigimos al restaurante. Era un lugar muy pequeño, apenas seis o siete mesas cubiertas con manteles de cuadros y con paredes amarillas decoradas con telas indias. Parecía muy apropiado para parejas pero, por una de esas putas casualidades, al llegar nos encontramos que el salón estaba monopolizado por veinte o treinta bulliciosos pendejos holandeses. Digo yo que serían holandeses porque, aparte de que varios llevaban camisetas naranjas, sus rasgos fenotípicos se correspondían con la idea que tenía de ellos: altos, pelo rubio, cachetes sonrosados. En fin, los típicos especímenes criados con muchos cereales, miel, leche y cerveza, o sea, como las vacas de Kobe pero sin música clásica en sus rutinas. &lt;br /&gt;El atribulado encargado, un portugués bajito y apocado, nos rogó que aguardáramos un rato a ver si por fin se marchaban los salvajes. Le dijimos que no había problema y salimos a tomar algo para hacer tiempo. Tras dos oportos en un Café cercano, regresamos y encontramos nuestra mesa lista. Tomamos asiento, pedimos un robusto vinho de Dâo y aguardamos la llegada de nuestros platos: arroz con pollo al curry para ella y arroz con pescado y marisco para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco rato, el local se llenó (tampoco es decir mucho dado lo reducido de sus dimensiones) y cuando reparamos en nuestro entorno, absortos como estábamos en mirarnos a los ojos y hablar de cómo nos habíamos conocido, caímos en la cuenta de que no quedaba una silla libre. Todos los clientes parecían extranjeros y me llamó especialmente la atención una mesa muy próxima a la nuestra, ocupada por un muchacho, de inconfundible aspecto británico, y su novia, que podía ser de cualquier parte menos portuguesa.  Ella comía asintiendo con la cabeza, mientras él hablaba hasta por los codos, gesticulando en exceso y aparentando ser erudito en algo que yo no acertaba a adivinar. Pero lo que despertó mi interés,  no fueron sus dotes de papagayo, sino verlo comer con una sola mano, la izquierda, sin valerse de cubiertos y rebañando el plato, de lo que parecía arroz con no sé qué embadurnado con curry, en precisos y armónicos movimientos circulares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Quieres dejar de mirarlos! – me censuro mi mujer&lt;br /&gt;- ¿Es que no te diste cuenta..? ese tipo está comiendo con la mano...literalmente...&lt;br /&gt;- Bueno ¿y a ti qué más te da? &lt;br /&gt;- Sí, tenés razón...- concluí, mientras pensaba si por lo menos se las habría lavado antes de sentarse&lt;br /&gt;Tendría razón pero, a mí me costaba mirar a otra parte. La visión de un espectáculo tan grotesco tenía efectos hipnóticos sobre mí y no dejaba de imaginar al guiri acariciando a su pareja por debajo de la ropa y manchándole la lencería con salsa de curry. O el olor que darían sus manos en medio de la refriega sexual que seguramente sucedería a la cena…En fin, allá ellos, dije olvidándome del asunto. De lo que sí no tuve dudas, ni las tengo ahora, es que quizás, en la India, comer así le convierta a uno en purista pero ahí, en la occidental Lisboa, te metía de lleno en la categoría de guarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8703977073037989848?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8703977073037989848/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/modales.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8703977073037989848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8703977073037989848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/modales.html' title='Modales'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2261859527970580434</id><published>2010-03-22T00:40:00.009+01:00</published><updated>2010-03-22T02:28:14.413+01:00</updated><title type='text'>Acerca de otro</title><content type='html'>- Sin querer entrar en espinosas controversias, déjeme que le cuente, ahora que se cumplen veinte años de su fallecimiento, quién fue el Guille “Martillo” Gondini. No voy a ser tan soberbio de decir que le conocí mucho, apenas un poco, pero sí supe de él más que algunos de los que alardean de haber sido sus amigos. Para empezar, le diré que ni siquiera nació en la fecha que señalan sus biógrafos, el 24 de agosto de 1941, sino el 24 de marzo de entre 1935 y 1939. Tampoco lo hizo en Bs.As., sino en Villa Clara, provincia de Entre Ríos, bajo el nombre de Moshé Batvinik, siendo hijo de Runia e Isaak, oriundos de un pequeño pueblo en las cercanías de Kiev. Gondini se lo puso después, cuando se vino a la capital&lt;br /&gt;- ¿Me está diciendo que vivió casi toda su vida con documentos falsos? – preguntó asombrado el joven periodista&lt;br /&gt;- ¿Y vos, flaco, te pensás que con esa nariz aguileña y siendo pelirrojo, era tano? Si tenía una pinta de ruso que mataba…Mirá, pibe, olvidáte de todo lo que leíste sobre él. Casi todo es falso, pura mentira inventada por él mismo y repetido por otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo hizo una pausa larga, teatral, con una reflexiva mirada hacia el techo y un par de sorbos de grappa, antes de seguir hablando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no es cierto eso de que se metió a boxear por un desengaño amoroso… Se desmesuró el papel de Rosita Balmaseda, su primer amor. En realidad, lo que empujó al Guille a los cuadriláteros, fue el azar, como en casi todo lo que nos pasa en la vida. Una tarde, cuando tendría como catorce años, andaba por el Once con un amigo y de pronto se vieron rodeados por un grupito de ocho o nueve desgraciados de Tacuará, que andaban a la caza de judíos, exhibiendo su patrioterismo barato de bandera y escarapela hasta en el tujes, mientras los milicos miraban para otra parte y les dejaban hacer. Cobraron de lo lindo, y pudo ser peor de no haber acudido varios vecinos al rescate, pero varios fachistas se fueron calentitos tras probar el rigor de los puños de Moshé, porque entonces todavía era Moshé, o Moisés. Quiso la casualidad que uno de sus salvadores fuera preparador en un gimnasio de boxeo cercano quien, vivamente impresionado por cómo se defendió el entrerriano, lo invitó a que se pasara a dar una vuelta por el local.  El pibe fue y le gustó. Así que olvidáte de todas esas pavadas de que una mujer le hirió y se sacó la furia a puñetazos o que venía de un ambiente marginal marcado por la pobreza y los malos tratos.&lt;br /&gt;- Sin embargo, él mismo proclamaba esas cosas…- se quejó el periodista&lt;br /&gt;- El Guille decía lo que se le cantaba de las bolas. Y lo hacía porque podía hacerlo…porque para eso fue campeón mundial de los medios – explicó el viejo con un dedo índice en alto&lt;br /&gt;- ¿Y sobre su muerte? ¿qué me cuenta de su muerte? Parece fuera de toda duda que le mataron porque andaba encamado con la jermu del mafioso para quien laburaba de guardaespaldas, aunque nunca se pudo demostrar nada&lt;br /&gt;- Sí, eso cuentan pero, como ya te dije, olvidáte de todo lo que sabés sobre él y hacéme caso. El Guille no andaba con ninguna mina. ¡Con ninguna!… Lo liquidaron, por detrás, claro, pero por otro motivo…&lt;br /&gt;- ¿Qué otro motivo? – inquirió el joven&lt;br /&gt;- Por celos, pero no como vos pensás…- contestó enigmático&lt;br /&gt;- ¿Por celos pero no se encamaba con la mina? No entiendo nada &lt;br /&gt;- No podés entenderlo, así que dejálo estar, pibe, – sentenció el viejo, levantándose de su silla y antes de añadir un apresurado “tengo que irme”&lt;br /&gt;- ¿No se toma otra grappa?&lt;br /&gt;- Te lo agradezco, pero ando apurado&lt;br /&gt;- Una última cosa, don, y me va a perdonar porque yo no soy Einstein ¿vio? pero ¿Está dándome a entender que usted y el Guille…y que el mafioso…y que por eso lo mandó matar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo no respondió; se encogió de hombros, se dio la vuelta y, sin más, salió por la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2261859527970580434?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2261859527970580434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/acerca-de-otro.html#comment-form' title='26 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2261859527970580434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2261859527970580434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/acerca-de-otro.html' title='Acerca de otro'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>26</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-4562546356585005166</id><published>2010-03-19T02:17:00.005+01:00</published><updated>2010-03-19T02:24:06.752+01:00</updated><title type='text'>Doble entrega:  Por favor, no me lo digas - Idiota</title><content type='html'>POR FAVOR, NO ME LO DIGAS:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mirada enfadada, de soslayo, mientras preparaba la cena, presagiaba lo que ocurriría más tarde en la mesa. La materialización de sus temores más íntimos; de ese miedo a que, mirándolo, ella le dijera: “he dejado de quererte”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IDIOTA:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy actor - me dijo, con una sonrisa de injustificado orgullo que se expandía por la totalidad de su anodino rostro.&lt;br /&gt;Asentí con la cabeza y continúe con mi periódico, afanado en encontrar ofertas de trabajo más interesantes que las expuestas por Tecnocasa (encubierta fábrica de clones) y Mc Donald's.&lt;br /&gt;- Soy actor - reiteró con idéntica expresión.&lt;br /&gt;Cerré le periódico y lo observé detenidamente unos instantes. Llevaba sombrero, gafas de sol (a pesar de la escasa luz del local resultaban inocuas para sus retinas), camisa tipo militar abierta hasta casi el ombligo y por la que asomaba un rosario, pantalones caídos repletos de bolsillos, y unas sandalias, que no disimulaban la roña de sus pies ni las cortantes uñas que parecían mejillones.&lt;br /&gt;- ¿y qué otra cosa podrías ser? - le solté, con tono sereno y de sentencia más que de pregunta.&lt;br /&gt;El taradito lo tomó como un elogio y, con su sonrisa de estúpido a cuestas, se acercó a la barra a pedir dos cañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-4562546356585005166?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/4562546356585005166/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/doble-entrega-por-favor-no-me-lo-digas.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4562546356585005166'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/4562546356585005166'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/doble-entrega-por-favor-no-me-lo-digas.html' title='Doble entrega:  Por favor, no me lo digas - Idiota'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2800879867229309103</id><published>2010-03-16T17:38:00.005+01:00</published><updated>2010-03-16T17:53:47.451+01:00</updated><title type='text'>El nieto de mi abuelo</title><content type='html'>Una mañana de primavera, poco antes del mediodía, me senté a leer el diario en un banco del Parque Centenario. Pasaba las páginas con parsimonia, entretenido en sesudos artículos de opinión y noticias varias hasta que, en algún momento, me percaté de que un individuo sentado en el banco de enfrente me observaba con insistencia. Era un hombre mayor, vestido con un traje oscuro y gastado, camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados y unas zapatillas caras de cuero azul que parecían importadas. El pelo, canoso, lo llevaba peinado hacia atrás y le caía sobre una moderada melena lacia más típica de un cincuentón cancherito que un hombre de su edad. Tras este somero análisis, intenté concentrarme en la lectura, intentando no reparar más en él pero, enseguida me di cuenta de que esto no iba a ser posible. Sus miradas se volvieron cada vez más insistentes, hasta tal punto que no pude aguantar más y me acerqué:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe señor, ¿nos conocemos? – pregunté &lt;br /&gt;- Nos conocimos – contestó para mi sorpresa, e inmediatamente añadió – vos sos el nieto de Alberto Finzi ¿no?&lt;br /&gt;- Sí  –  respondí con cierta cautela&lt;br /&gt;- ¿No te acordás de mí verdad? … soy Abraham Zucker&lt;br /&gt;- ¡Abraham Zucker¡ - exclamé maravillado de estar ante uno de los más grandes escritores argentinos del siglo XX quién, además, había sido amigo de mi abuelo paterno. &lt;br /&gt;Unas cuantas décadas atrás, este hombre había irrumpido con fuerza en el panorama literario nacional al publicar, con apenas 22 años, su volumen de cuentos “El gaucho boleado”. Desde entonces, se convirtió en un autor de culto y sus sucesivas novelas “La novia fantasma”, “Indicios y vericuetos”, “El negociante” y “Muertes paralelas” no hicieron más que acrecentar su fama, ocupando un lugar de honor en el Olimpo de las Letras argentinas. Por desgracia para los lectores, tras estos cinco títulos, desapareció del mundillo intelectual y se dedicó a regentar una farmacia heredada de sus padres en Caballito Norte. Desde entonces, su pluma sólo hizo una excepción, y volvió a alzarse tras el atentado de la AMIA, en un extenso y formidable artículo donde se cebó de modo particular en la policía y los periodistas mercenarios como Bernardo Neustadt, a quien tildó de cobarde y renegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de estrecharnos la mano, nos dirigimos a un bar cercano, donde tomamos unos vinos. Me confesó que le habían agradado mis libros y me contó infinidad de anécdotas de mi abuelo, Borges, su íntimo amigo César Tiempo, Perón o Luis Sandrini. Sentí una sana envidia ante el relato de tantas vivencias ajenas de unos tiempos que se me antojaban fascinantes, y no pude reprimirme preguntarle por qué había dejado de escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mirá, pibe, me quedé sin ficciones y me dediqué a vivir. &lt;br /&gt;Me casé, tuve dos hijos; un varón, que es médico y vive en Florida y una hembra, que trabaja de publicista en Barcelona…ni siquiera cuando enviudé tuve la necesidad de volver a escribir. Sólo lo hice con motivo de todas las ignominias que leí y escuché después de la voladura de la AMIA, .y es que nunca me pude bancar a los pusilánimes...&lt;br /&gt;Cuando yo escribía, no lo hacía por cuestiones terapeúticas, catárquicas, ni pelotudeces parecidas. Para mí, la escritura era algo lúdico, algo que me producía goce y satisfacción, hasta que pasó a convertirse en algo casi obligado y dejó de interesarme. Fue entonces cuando me abandonaron las historias, y ya no tuve ganas ni necesidad de contar nada más…sobran escritores en el mundo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y farmaceúticos no? – solté con intención&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estalló en una sonora carcajada y me acarició la cabeza como cuando era un chico y acompañaba a mi abuelo de visita a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay mucha gente que piensa que desperdicié mi vida dejando de escribir y ocupándome de la farmacia de mis viejos pero te aseguro que nunca me arrepentí de la decisión tomada. Cumplí con la literatura escribiendo cinco libros y cumplí con la vida creando una familia. Ahora sólo me resta esperar el cumplimiento de mis días y la llegada del Malaj-a-Mavet (el Ángel de la Muerte).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez días más tarde, en el cementerio de Tablada y bajo una intensa lluvia, el hijo de don Abraham (Z''L) me hizo entrega de un sobre marrón y abultado que su padre había dejado para mí. Al abrirlo, me encontré con dos textos; un prólogo para mi próxima novela y un cuento titulado “El nieto de Alberto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2800879867229309103?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2800879867229309103/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/el-nieto-de-alberto.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2800879867229309103'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2800879867229309103'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/el-nieto-de-alberto.html' title='El nieto de mi abuelo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3165777467493670885</id><published>2010-03-10T18:07:00.021+01:00</published><updated>2010-03-14T21:32:43.049+01:00</updated><title type='text'>Nada que perder (Final)</title><content type='html'>Dejé que el teléfono sonara varias veces antes de levantar el tubo. &lt;br /&gt;-¿hola?-pregunté sospechando que sería ella&lt;br /&gt;- Hola, soy Liliana, ¿tenés algo que hacer ahora mismo?&lt;br /&gt;- No...no, nada – respondí vacilante, como si lo estuviera pensando.&lt;br /&gt;- ¿Te parece si vamos a correr un rato por el parque? Ando desentrenada, y como vos me dijiste que acostumbrás a hacerlo, pensé que podríamos…&lt;br /&gt;- Claro, ¿te va bien en veinte minutos en la puerta del Ombú? - propuse decidido&lt;br /&gt;- Perfecto, nos vemos ahí en un ratito&lt;br /&gt;- Chau &lt;br /&gt;Tras un recorrido de media hora, lo cual no estaba nada mal para su retorno a un hábito que tenía olvidado, nos sentamos en un banco a descansar. Verla sudada, empeñándose en recoger sus mojados mechones de cabello detrás de las orejas, con la ropa pegada a su cuerpo y las mejillas perladas de líquidas toxinas, me produjo una fuerte sensación de deseo. Inmediatamente comencé a divagar sobre cómo sería hacerle el amor en ese mismo momento, así como estaba, empapada y exhalando sexualidad por su poros abiertos. Imaginé mi lengua sintiendo el sabor acre de su piel húmeda recubierta de sudor, mis dedos palpando el adherido tejido de su ropa interior y todo mi cuerpo estremeciéndose ante la calidez de su piel y su pulso acelerado por el ejercicio. Me veía avanzando irreverente por su geografía, seducido por entrecortados gemidos, hasta conformar una maraña de sensaciones culminadas en un febril acoplamiento de cóncavo y convexo. Tranquilo y sin pausa descubriría sus formas y sus vértices confirmando que, en sus angulosidades, encontraría un lugar anhelado desde hacía tiempo y el porqué de mi retorno a una ciudad abandonada durante décadas. Comprendí que en la vida de un hombre, hay una imagen de mujer que es una explicación secreta de los triunfos y las derrotas, las claudicaciones o las ambiciones desbocadas. Noté entonces la atracción de sus ojos azul y no pude reprimir la necesidad de tocarla, acariciando su mejilla y rozando sus labios con los míos mientras mis dedos pasaron a hundirse entre los cabellos de su nuca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Querés venir a cenar a casa? – propuse de repente, apartándome&lt;br /&gt;- Me encantaría – contestó de inmediato&lt;br /&gt;Le di la dirección y establecimos la cita para hora y media más tarde. Justo antes de separarnos, cuando casi había perdido las esperanzas, me hizo la pregunta que yo llevaba aguardando, interesado, desde que me llamó por teléfono.&lt;br /&gt;- ¿Por qué ayer no me preguntaste si podías subir?&lt;br /&gt;- ¿Querés que sea sincero? Mirá, primero porque intuí que era una pregunta con trampa, una prueba a la que me sometías pero, sobre todo, porque pretendo ser una excepción en tu vida…..como ves, no puedo ser más franco, aún cuando a lo mejor me estoy excediendo en la sinceridad…&lt;br /&gt;- Me gusta que seas tan claro y que no utilicés subterfugios ni tácticas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se presentó a la hora convenida, sin retraso, y la recibí con unas rebanadas de pan tostado con tomate triturado, aceite de oliva y jamón mientras un tinto español se asentaba eliminando vapores en un decantador de cristal checo. En el horno, se asaban unas milanesas a la napolitana con papas, que más tarde untaríamos con manteca y sal, y un oporto vintage nos miraba fijamente parado junto a la cafetera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de la cena, charlamos de nuestras cosas, en tono de confidencia creciente, poniéndonos al día sobre aspectos de nuestro pasado. Ella había estado casada con un norteamericano del que se divorció porque quería un hombre y no un hijo. Yo, le conté, me había separado de mi ex por lo contrario; no me bancaba el maternalismo con me trataba y mi relación con ella pasó a ser como ése tipo de amistades que un hombre tiene con una mujer a la que no desea. Absortos ante el avance de las palabras por un sendero sin retorno, descorchamos una segunda botella de vino y nos despojamos de los restos de pudor y precauciones convencionales, dejándonos conducir únicamente por un gozoso ejercicio de imprudencias, antes de que Liliana me extendiera su mano sobre la mesa. Se la estreché y la conduje a mi cuarto para así cumplir dos destinos, al amparo de un murmullo de ilusiones y el merecimiento de ser queridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3165777467493670885?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3165777467493670885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder-final.html#comment-form' title='31 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3165777467493670885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3165777467493670885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder-final.html' title='Nada que perder (Final)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>31</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3286824846781265285</id><published>2010-03-10T18:06:00.020+01:00</published><updated>2010-03-11T17:42:44.104+01:00</updated><title type='text'>Nada que perder (continuación)</title><content type='html'>Era temprano, todavía no habían dado las nueve, y yo ya estaba sentado a una mesa del restaurante aguardándola. Apenas había mojado mis labios en el vino mendocino que pedí para matar la espera, cuando ella traspasó la puerta del local, circunstancia que me agradó, en el sentido de que no era de esas mujeres se hacen esperar adrede, perpetrando un comportamiento propio de su género y que siempre me pareció ridículo. Estaba magnífica, con su melena bíblica meciéndose esponjosa al vaivén de sus andares y una sonrisa deslumbrante que suavizaba la dureza que transmitían sus ojos azules y la seguridad de su porte. Lucía un delicado vestido de lino blanco que se ajustaba a su contorno y presagiaba un cuerpo atlético, de músculos fibrosos enroscados con huesos finos y duros. Si tuviera que definir la impresión que transmitía, diría que era la de una mujer iluminada por algún tipo de seguridad mística, capaz de arrugar al tipo más canchero y provocar la envidiosa admiración de las féminas. &lt;br /&gt;Como lo que parecía una costumbre, por el camino, se entretuvo con saludos al personal mientras yo la observaba despreocupado y encantado de que un ser tan extraordinario compartiera la velada conmigo. Cuando por fin llegó a mi mesa, me tendió la mano y la mejor de sus sonrisas. Sentí un placer casi sexual al tocar sus dedos, tan largos, flexibles , elegantes e insospechadamente cálidos.&lt;br /&gt;- soy Liliana&lt;br /&gt;- encantado……yo me llamo Guido&lt;br /&gt;La invité a sentarse con un gesto y me permití servirle vino en su copa. Lo cató y aprobó mi elección con un leve movimiento de cabeza. Enseguida, hicimos nuestro pedido y pasamos a intercambiar informaciones triviales sobre nuestras vidas. Así me enteré que era una fotógrafa de prestigio, formada en Estados Unidos y recién retornada a su Buenos Aires natal tras un largo peregrinar por las principales capitales europeas. No estoy seguro de los pensamientos que pasarían por su mente en esos momentos pero, en la mía, creía la supersticiosa convicción de estar viviendo un acontecimiento excepcional, el inicio de algo que tendría grandes repercusiones en mi vida. Alentado por una cierta inquietud inhabitual, decidí llevar la conversación a territorios más prósperos, eso esperaba, que los del mero formalismo.&lt;br /&gt;- ¿Te sorprendió mi nota del otro día?&lt;br /&gt;- Sobre todo me intrigó, y por eso estoy acá. Hoy en día ese tipo de actos son insólitos. Los hombres se suelen dirigir a mí de un modo tan poco original que siento hastío apenas adivino sus intenciones de acercarse, con las banalidades de costumbre y aparentando una seguridad de la que, mayoritariamente, adolecen. Por eso el otro día fingí indiferencia ante ti….una indiferencia casi insultante, tengo que reconocer.&lt;br /&gt;- De no haberte comportado así, no te habría escrito esa nota y hoy no estaríamos acá compartiendo mesa….y no es que me gusten las mujeres difíciles porque tenga que demostrarme algo a mí mismo, sino porque adiviné que sos una mujer nada ordinaria y tenés una personalidad desconcertante&lt;br /&gt;- ¿Sentiste un impulso de escribirme esa nota o lo estuviste madurando un rato?&lt;br /&gt;- Fue un impulso súbito, irrefrenable, o quizás no irrefrenable pero yo preferí darle salida&lt;br /&gt;- Mejor así; en los excéntricos hay fuerza mental, de carácter y cierto valor que por desgracia ya casi no se ve en nuestros días&lt;br /&gt;- Mirá, lo hice porque me sentí atraído por vos nada más verte y sé que seguro que te lo dijeron muchas veces pero, una vez más, no te va a hacer mal. Yo no soy un hipócrita y estoy demasiado viejo y cansado para seguir haciendo teatro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el resto de cena seguimos charlando en tonos parecidos, con intención de sincerarnos, seducirnos y expresarnos con agrado del otro y de nosotros mismos. No había prisa. Yo ya le había confesado mi atracción por ella y tenía los suficientes elementos para suponer que era correspondido. Por eso la velada se demoró con un whisky tras el postre y el café y por eso nos mirábamos con tanta atención, intentando adivinar qué pasaba por nuestras mentes. Finalmente, después de abonar la cuenta, salimos a la calle y nos pusimos a caminar hasta llegar a la puerta de su edificio, distante del restaurante no más de cinco cuadras. Nos dimos un beso en la mejilla y, cuando ya me volvía para  mi casa me preguntó:&lt;br /&gt;- ¿No me vas a preguntar si podés subir?&lt;br /&gt;- No – respondí con media sonrisa&lt;br /&gt;- Te lo agradezco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(segunda y penúltima entrega)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3286824846781265285?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3286824846781265285/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder-continuacion.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3286824846781265285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3286824846781265285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder-continuacion.html' title='Nada que perder (continuación)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6386757415705705186</id><published>2010-03-09T20:38:00.004+01:00</published><updated>2010-03-09T22:31:52.252+01:00</updated><title type='text'>Nada que perder</title><content type='html'>Llevaba una vida malsana, fumando demasiado, bebiendo en exceso, abusando de la carne roja y moviéndome apenas lo imprescindible. Mis ojeras eran ya un mal crónico, mis cabellos encanecían a toda velocidad y no recordaba la última mañana que había despertado con una erección. Escribía, escribía y no hacía otra cosa que escribir, sin permitirme el más mínimo deslice mental que me apartaran de mi novela. Los artículos que me demandaban del periódico, los despachaba en un santiamén, sin preocuparme en demasía por el contenido ni demorarme en piruetas estilísticas tan del gusto de los lectores. Descartaba las constantes ofertas que me hacían las productoras de televisión, daba largas a otras de la radio y mi vida social se reducía a escasas conversaciones telefónicas con mi editor. No existíaa más que para dar vida a unos cuantos personajes y tejer una enmarañada historia que los entrelazara. Ninguna otra cosa me importaba.&lt;br /&gt;Sólo cuando llegó el día en que la versión definitiva de mi novela entró en la imprenta, pude por fin relajarme y respirar aliviado. Decidí que mi vida entraba en una nueva dimensión y tal acontecimiento se merecía una metamorfosis. Fui a la peluquería, me afeité con esmero, compré ropa nueva, libros y elegí un restaurante cercano a mi domicilio, por cuya fachada había pasado en incontables ocasiones. Le tenía fé, más como premonición que por razones objetivas, así que a las nueve allá me presenté, vestido con mis mejores pilchas, empapado en caro perfume francés y con los zapatos relucientes como si fueran de charol. Siguiendo una tradición propia, busqué una mesa pegada a la ventana y pedí un regio vino tinto mientras llegaba la comida. Tras un pequeño sorbo, y aseverar con la cabeza ante la atenta mirada del mozo, dediqué unos instantes a escudriñar el local y la fauna humana allí reunida. Ni la decoración ni los diversos especímenes despertaron en mí mayor interés que el que pudiera tener un experimentado entomólogo ante la visión de una mosca común. Paredes lisas pintadas de blanco con cuadros que pretendían parecer abstractos, lámparas con cristales de colores y unas cuantas mesas ocupadas por matrimonios maduros que hablaban entre susurros. Nada del otro jueves, y estábamos a martes.&lt;br /&gt;Apenas llevaba unos cuantos sorbos del tinto mendocino, que amenazaba con enviciarme, cuando la vi aparecer por la puerta del restaurante. Treintañera avanzada, morena de piel, ojos azules y un pelo oscuro tendente a ondularse, la definían como una belleza de aspecto mediterráneo y bíblico. La sonrisa franca y el tiempo demorado en saludar a los empleados, denotaba que era habitual de la casa y que estaban encantados de tenerla de nuevo entre la clientela. Mientras departía, de pie en medio de la sala, yo no podía dejar de observarla, embelesado por su presencia y dejando que mi imaginación la moldeara como si fuera uno de mis personajes. La deseé al instante e imaginé que pasaba a formar parte de mi vida desde esa misma noche. Por eso, cuando se sentó a la mesa enfrente de la mía, pensé que mis deseos eran susceptibles de materializarse y que yo tendría potestad sobre ellos si lo deseaba con fuerza. Durante la cena, no podía dejar de mirarla. Ella, por el contrario, no reparó en mí en ningún momento, pareciéndome ésta, la señal más evidente de que yo no le resultaba indiferente, y que la elección de su mesa no había sido un gesto casual sino deliberado.&lt;br /&gt;Cuando terminé de cenar, me demoré con un whisky y complejas especulaciones sobre ésa mujer: ¿Qué hacía semejante bombón cenando sola un martes por la noche? ¿se sentó a ésa mesa esperando que yo hiciera algo? ¿vendría a menudo buscando compañía masculina?. Sea como fuera, siempre fui un hombre de impulsos excéntricos y confianza en la palabra escrita así que, arranqué una hoja de la libreta que siempre llevaba en la chaqueta y garabateé lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SOY EL FLACO DE LA MESA DE ENFRENTE; ÉSE CUYA MIRADA ESQUIVASTE DURANTE TODA LA CENA.&lt;br /&gt;SIN DUDA TENÉS A UN MONTÓN DE TIPOS MEJORES QUE YO INTENTANDO DARTE CAZA PERO, POR SI ACASO, Y CONFIANDO EN TU CURIOSIDAD O ALGÚN GENEROSO GUIÑO DEL AZAR, TE DEJO MI TELÉFONO: ************ . PODÉS LLAMARME A CUALQUIER HORA Y SINO, VOY A ESTAR ACÁ, MAÑANA EN EL MISMO HORARIO.&lt;br /&gt;C.&lt;br /&gt;Tras pagar la factura y añadir una generosa propina, me acerqué a la mesa de ella y le dejé la nota manuscrita, con disimulo y sin aguardar su reacción. Dominando el nerviosismo y el deseo de volverme, me encaminé con paso seguro hacia la salida, sabiendo que la suerte estaba echada y que sus ojos taladraban mi nuca.&lt;br /&gt;                                                                        (continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6386757415705705186?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6386757415705705186/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder.html#comment-form' title='32 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6386757415705705186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6386757415705705186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/nada-que-perder.html' title='Nada que perder'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-96471120409187318</id><published>2010-03-07T20:06:00.006+01:00</published><updated>2010-03-07T20:25:06.061+01:00</updated><title type='text'>Tan fácil</title><content type='html'>Una luna deslucida, que colgaba sin gracia del cielo prematuramente oscurecido, y una densa atmósfera de vapores de asfalto y humo de tubos de escape, era lo que menos precisaba para atenuar mi desasosiego. Acababa de huir del ambiente opresivo de mi departamento y me topaba con una estampa urbana que, lejos de levantarme el ánimo, me hundía en una anodina melancolía. La gente que me cruzaba me parecía fea, con rasgos anodinos y mal terminados, cacareando boludeces, y moviéndose como robots mal engrasados. Los edificios, otrora tan admirados, se mostraban ahora decadentes y vetustos, evidenciando fachadas de pintura cascareada y estúpidos grafitis obra de algún mogólico con problemas de autoestima. Por suerte, y a modo de compensación, en medio de aquella creciente dislexia estética, divisé a mi amigo Jaime Waxman sentado a una mesa del Ombú. No me había visto, entretenido en sus cosas, y lo observé unos instantes a través del ventanal. Su elegancia natural destacaba en el paisaje humano del entorno, y una aureola luminosa, como de electricidad, parecía bordearlo mientras garabateaba palabras en una servilleta. Jaime no sólo era uno de los tipos más inteligentes que conocía sino, además, una buena persona, por lo que no dudé un momento en entrar a saludarlo. Su conversación siempre reconfortaba y mi estado de ánimo andaba por el piso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés por acá? – me preguntó, sin levantar la vista de lo que escribía, en cuanto llegué a su mesa&lt;br /&gt;- Salí a dar una vuelta&lt;br /&gt;- ¿Todo bien? – inquirió escrutando mi rostro&lt;br /&gt;- Sí, bien&lt;br /&gt;- ¿Bien? Probá mejor a contarme la verdad. ¿Qué te pasó con Vilma?&lt;br /&gt;- ¿De dónde sacás eso? &lt;br /&gt;- Mirá, tenés esa cara porque no dormiste y si no dormiste es porque no dejaste de escribir y si no dejaste de escribir, es porque tenés problemas con ella. Ahora, andá y decíme que me equivoco&lt;br /&gt;- Tenés razón. Lo dejamos….no sé qué nos pasa….es como si la duda se instalara sobre todas nuestras cosas….no sé si me quiere como yo quiero que me quiera y no sé si yo puedo quererla de ese mismo modo que exijo&lt;br /&gt;- ¿Sabés cómo se llama eso?. Inmadurez. Ustedes son un par de pelotudos que están sufriendo una regresión. De un momento a otro hasta les va a salir acné…¡¡dejénse de joder, carajo ¡¡ . En esto del amor, hay que mojarse…como las gallinas…&lt;br /&gt;- ¿las gallinas?&lt;br /&gt;- Sí, las gallinas…..que aprendieron a nadar para cogerse a los patos – bromeó, antes de ponerse serio y añadir:&lt;br /&gt;Mirá, Guido, cuando yo tenía algo menos de 30, tuve una novia que quise mucho y a la que aún recuerdo cuando me asaltan la nostalgia y la culpa. Una morocha lindísima, con un cuerpo de escándalo, mucha clase y que, por si fuera poco, le encantaba a toda mi familia. Pues bien, un buen día, la dejé. Por nada en particular, simplemente la planté y listo. Ella no me preguntó la causa ni nada, sólo me dijo algo que fue el mejor consejo que me dieron nunca en mi vida y que, desde entonces, intento cumplir siempre: “Jaime, bancate el amor”. Y ahora, yo te lo traspaso a vos. Únicamente tenés que cambiar mi nombre por el tuyo, y ya está.&lt;br /&gt;- Tenés razón&lt;br /&gt;- Siempre la tengo y, ahora, pedí algo de tomar&lt;br /&gt;- ¿Dos Fernets?&lt;br /&gt;- Dale nomás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Bancarse= aguantarse&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-96471120409187318?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/96471120409187318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/tan-facil.html#comment-form' title='31 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/96471120409187318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/96471120409187318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/tan-facil.html' title='Tan fácil'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>31</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2190494338297166169</id><published>2010-03-05T11:32:00.006+01:00</published><updated>2010-03-05T12:28:21.989+01:00</updated><title type='text'>Proposición</title><content type='html'>Ahora vos, ahora yo, ahora vos, ahora yo. De este modo estuvimos un rato, mirándonos con intermitencia y comprobando, de soslayo, como nuestras señales llegaban a buen puerto. Ella era morocha, de treinta y tantos, vestía una elegante falda que insinuaba la musculada redondez de sus nalgas (me hacía recordar la contundencia del traje de Batman), y una camisa de seda donde un audaz escote realzaba la protuberancia de unos pechos no muy grandes pero sí bien puestos. Obviamente, su figura no pasaba desapercibida y, sin esfuerzo alguno, había despertado el interés de la concurrencia masculina.&lt;br /&gt;Dese el principio, tuve la certeza de que sus miradas hacia mí iban cargadas de intencionalidad, pero fueron las sonrisas posteriores las que disiparon cualquier atisbo de duda al respecto. Por eso, no fue hasta después de que me sonriera varias veces cuando, henchido de vanidad, me envalentoné y aproximé a su mesa, notando sobre mi espalda la curiosa mirada del resto de mis congéneres.&lt;br /&gt;- ¿Puedo sentarme? – pregunté, educadamente&lt;br /&gt;- Claro – contestó &lt;br /&gt;Inmediatamente nos enfrascamos en una conversación convencional, para romper el hielo, mientras ella bebía su té a diminutos sorbos (me llamó la atención que agarrara la taza con las dos manos) y yo apuraba mi cerveza. Sin embargo, no me gusta conformarme con tan poco y, en cuanto pude, fui un paso más allá, sacando a relucir mi vena sarcástica a la par que una comedida arrogancia. Esta táctica siempre se había mostrado efectiva, y en esa ocasión no tenía porqué ser diferente. Una mujer semejante, debía de estar más que aburrida de las charlas insustanciales y anodinas con la que la apabullarían los hombres a diario, por lo que yo tenía jugar la baza de ser “diferente” y eludir los comportamientos convencionales. Y me fue bien. Tanto, que me sentía no sólo agradecido ante el premio que la fortuna me estaba brindando, sino que mi mente no cesaba de imaginar todo tipo de satisfacciones físicas para mi gula sexual, tan deficitaria de un tiempo a esta parte.&lt;br /&gt;No debió de transcurrir ni media hora desde que me senté junto a ella, cuando un tipo, aparecido desde detrás mío, tomó asiento a nuestro lado y la saludó con un breve beso en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es Raúl, mi marido, y yo soy Raquel – explicó la mujer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, alto como palo de escoba y con rasgos blandos y delicados, me ofreció su mano. La estreché y la noté fría y flácida, como si estuviera agarrando a una anguila o algún tipo de reptil. Me pareció poca cosas para ella pero, al ir observándolo con más detenimiento me di cuenta que desprendía cierto aura burguesa, un aire mundano que se evidenciaba en la forma que encendía los cigarrillos o cómo movía el vaso de whisky. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba desconcertado y, si no enmudecido, las palabras comenzaron a salir de mi boca con menor afluencia que antes. La situación me era desconocida y escapaba por completo a mi control, provocándome un brote de desconfianza. De sentirme protagonista, había pasado a un papel secundario, traspasando a ellos la iniciativa de la nueva coyuntura. Así, en tanto ella hablaba con creciente desinhibición, interesándose por cuestiones privadas de mi vida, él mantenía un estudiado distanciamiento, evaluando el decaimiento paulatino de mi entusiasmo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vivimos cerca de acá. ¿Qué te parece venir a tomar a tomar algo con nosotros? - propuso ella, por fin – Allá  vamos a estar más cómodos&lt;br /&gt;- Claro – intervino él&lt;br /&gt;- No sé…es que quedé con unos amigos para cenar… - improvisé dubitativamente&lt;br /&gt;- Mirá que somos gente normal…no vayás a pensar que somos raros ni nada de eso – se justificó ella con aire de ofendida&lt;br /&gt;- Claro – repitió Raúl&lt;br /&gt;- No, no, ya imagino, es de lo más normal que un matrimonio vaya por los Cafés del centro buscando compañeros de cama – repliqué con ironía&lt;br /&gt;- Esto lo hace más gente de lo que vos pensás…es muy habitual hoy en día – me aleccionó Raquel &lt;br /&gt;- Además, por mí no tenés que preocuparte. Sólo me gusta mirar – apuntó el marido&lt;br /&gt;- A lo mejor lo que te pasa es que sos un reprimido…- señaló ella, mirándome fijamente&lt;br /&gt;- ¿Sabés que sí? Creo que se trata de eso, de que soy un reprimido – volví a ironizar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante mis reticencias, optaron por no seguir insistiendo, y me dejaron su tarjeta de visita antes de retirarse.&lt;br /&gt;- Bueno, si te animás, ya sabés. Vamos a estar toda la noche en casa – expuso con picardía la mina&lt;br /&gt;- Me lo voy a pensar &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No bien salieron por la puerta, abrazados, como si quisieran demostrar lo mucho que se querían, hice señas al mozo para que me trajera otra cerveza. La necesitaba y aunque estaba inquieto, la bebí con placer, despacio, disfrutando de cada trago mientras giraba la cartulina impresa en mi mano y un pensamiento concreto pasaba por mi cabeza: a la vida le gusta imitar al cine. Lástima que, en esta ocasión, no me convenciera el argumento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2190494338297166169?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2190494338297166169/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/proposicion.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2190494338297166169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2190494338297166169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/proposicion.html' title='Proposición'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7225361701112247390</id><published>2010-03-01T20:13:00.019+01:00</published><updated>2010-03-05T11:41:15.045+01:00</updated><title type='text'>Favor de amigo</title><content type='html'>Nunca me había gustado el Café Brenan. Aún cuando su amplitud permitía un gran espacio entre las mesas, otorgando privacidad y discreción a las conversaciones, el lugar era de lo más insulso. Paredes pintadas en color durazno, desabridos cuadros abstractos, enormes sillones de mimbre y repetitiva música new age (con predilección por la insufrible arpa electroacústica del suizo Andreas Volenweider) conformaban un eclecticismo que no decía nada y a mí, personalmente, incomodaba. Sin embargo, cuando mi amigo Adrián me llamó para citarme ahí, no puse ninguna objeción y me presenté a la hora convenida.&lt;br /&gt;Al llegar, ya me estaba esperando, y se puso en pie en cuanto me presenté a su mesa.&lt;br /&gt;- Gracias por venir, Guido – dijo, ofreciéndome la mano - ¿te sorprenderá que te haya hecho venir, no?&lt;br /&gt;- La verdad es que no. Vos siempre llamás cuando querés algo – respondí con cierto resentimiento, ya que hacía meses que no sabía nada de él&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mueca en su boca delató que había acusado el golpe, pero disimuló y esbozó una falsa sonrisa. Enseguida me ofreció asiento y entramos en materia.&lt;br /&gt;- Mirá, no me voy a andar por las ramas. Ni quiero ofender tu inteligencia ni hacerte perder el tiempo. Te llamé porque necesito que me ayudés.&lt;br /&gt;- Dale, decíme – contesté, con tono conciliador y apartando cualquier atisbo de rencor&lt;br /&gt;- ¿Te acordás de la noticia que salió la semana pasada, sobre ese policía retirado que apareció muerto en un parque de Banfield con la cabeza rota?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquel entonces, yo sobrevivía escribiendo crónicas de sucesos para un importante diario nacional, y aunque no había cubierto personalmente el caso, lo recordaba perfectamente. &lt;br /&gt;- Sí, un policía jubilado al que habían querido robarle…lo llevó Pellegrini. Yo andaba en Mar del Plata, ocupándome de lo de la modelo que fue asfixiada por su amante ¿por?&lt;br /&gt;- Lo maté yo - me confesó&lt;br /&gt;- ¿Qué? – pregunté  alarmado&lt;br /&gt;- Escuchá, esto no se lo conté a nadie. Ese tipo no era un simple policía jubilado que se dedicaba a pasear al perro y plantar rosas, sino el hijo de puta que, con otro compinche, nos asaltaron en casa hace poco más de tres meses…a Graciela, además, la violaron. Conmigo se contentaron en darme una paliza y mandarme al hospital… Menos mal que, por lo menos, los nenes se habían ido a pescar a Chascomús con mi hermano Rodolfo porque si no…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me quedé mudo, y no sabía realmente qué decirle porque ¿qué se dice en una situación como ésta?  No se me ocurrió mejor cosa que levantarme y darle un abrazo, torpe pero sentido, y como tal lo debió notar, porque los ojos se le humedecieron al instante. Al igual que a mí.&lt;br /&gt;- Gracias – musitó cuando nos separamos - ¿Todavía tenés aquella pistola de tu viejo? – quiso saber Adrián &lt;br /&gt;Nada más regresar a Buenos Aires, mi padre me había regalado una pistola belga que tenía desde hace muchos años. Se la compró a un comisario, al contado y sin papeles (siguiendo la costumbre) y durante todo el tiempo hasta que llegó a mis manos, la tuvo criando polvo encima del armario de su cuarto. Ni siquiera sabía si funcionaba.&lt;br /&gt;- Sí - susurré, intuyendo lo que iba a pedirme&lt;br /&gt;- La necesito para matar al otro tipo. No la tenés registrada, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me contó que los había identificado gracias al tatuaje que lucía uno de ellos en el antebrazo (un puma o una pantera) y la casualidad de una charla vecinal. Los criminales, resultaron ser los pintores de una casa a mitad de cuadra y, curiosamente, habían terminado el encargo el mismo día del asalto. A partir de esos datos, Adrián hizo averiguaciones hasta dar con ellos en las afueras de la capital. Y los comenzó a seguir pacientemente. A uno, pudo finalmente matarlo golpeándolo con un caño en la cabeza en la oscuridad de un parque cercano a su domicilio. Al otro, continuó vigilándolo de cerca, esperando la oportunidad de agarrarlo solo y desprevenido. Afortunadamente para su salud mental, la espera no llevó mucho tiempo y, apenas tres días después de nuestro encuentro, lo mató a balazos en las cercanías de la estación de trenes de Lanús. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a ver a mi amigo, pero sé que está bien. Todos los años me manda una tarjeta por Navidades desde una localidad bien al sur, donde hay un gran lago azul en cuyo fondo yace la pistola belga que fuera de mi padre. Yo, aunque no las celebre, se lo agradezco igualmente, y le deseo lo mejor. Porque para eso estamos los amigos; para acordarnos los unos de los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7225361701112247390?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7225361701112247390/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/favor-de-amigo.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7225361701112247390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7225361701112247390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/03/favor-de-amigo.html' title='Favor de amigo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2323868045041419356</id><published>2010-02-26T11:56:00.029+01:00</published><updated>2010-02-26T18:47:32.426+01:00</updated><title type='text'>Malo conocido</title><content type='html'>Si yo la invité a tomar un cafecito y charlar un rato, no fue por iniciativa propia sino accediendo al ruego desesperado de Valentín. Mi amigo me instó a que indagara sobre las motivaciones que la llevaron a abandonarle después de diez años de matrimonio. Y yo, cedí a sus súplicas.&lt;br /&gt;Celia no mostró sorpresa ante mi invitación, ni siquiera preguntó sobre el objeto de la cita, y se presentó en el Café Moldavia con puntualidad suiza. Yo lo hice con cierto adelanto, apenas cinco minutos, así que tuve tiempo de elegir una mesa contra la ventana y verla aparecer por la puerta.&lt;br /&gt;Me puse en pie cuando llegó a mi lado, y me dio un beso antes de ofrecerle caballerosamente una silla. Se quitó el abrigo, colgó el bolso sobre el respaldo, y tomó asiento. Cruzó las manos sobre el mármol y me miró directamente a los ojos.&lt;br /&gt;- Vos dirás – dijo directamente&lt;br /&gt;- Mejor pedimos, y después te explico – contesté, haciendo señas a un mozo que aguardaba educadamente a escasos metros&lt;br /&gt;Mientras llegaban nuestras bebidas; una ginebra para mí y té con lecha para ella, intercambiamos los habituales comentarios sobre el tiempo y las previsiones meteorológicas. Cuando finalmente tuvimos nuestras consumiciones delante, entré en materia, intentando no mostrarme dubitativo ni parecer que llevaba un guión establecido&lt;br /&gt;- Mirá, Celia…vos sabés que yo soy amigo de Valentín desde hace mucho, ¿no? &lt;br /&gt;- Ah, era eso – me interrumpió, como si esperara que el motivo de vernos fuera otro&lt;br /&gt;En ese momento no supe interpretar su reacción y no le di mayor importancia, por lo que proseguí con lo que estaba&lt;br /&gt;- Como te decía, somos amigos desde hace tiempo y la verdad, lo veo mal, muy mal. Anda como boleado, ¿víste? Como un alma en pena y tengo miedo de que le de por hacer una locura – exageré – vos sos la mujer de su vida, lo que más quiere,  y que ahora no estés con él, es algo que no entiende. La vida se le dio vuelta de repente y no lo termina de encajar…&lt;br /&gt;- ¿Te mandó él que hablaras conmigo? &lt;br /&gt;- No, ¡ por favor ¡ - mentí - ¿por quién me tomaste?&lt;br /&gt;- Con él me ahogo, Guido, me aburro. Nunca una sorpresa, una transgresión, sino que todos los días lo mismo, como si nuestra convivencia fuera un plan de cuyas estrechas coordenadas no nos pudiéramos salir. A su lado me siento que no vivo la vida y que mis mejores años se me escapan en medio de la nada, como a esas mujeres de antes, que no tenían más entretenimiento que pasarse las horas tejiendo, salir a comprar a la mercería o escuchar los seriales radiofónicos. Yo no quiero una vida tan chata ni chota. ¡Quiero vivirrr, Guido, Vivirrrr¡&lt;br /&gt;- ¿Y todo esto se lo dijiste?&lt;br /&gt;- Claaro, mil veces, pero es inútil. La gente no cambia, y menos él, que tiene que planificar hasta las veces que va al baño. A mí me gustaría que fuera distinto, un tipo aventurero como….como vos ¿entendés? – explicó, alargando sus manos hacia las mías y mirándome con provocación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al notar el contacto, sentí una súbita oleada de vértigo. El corazón me latía con fuerza y la adrenalina empezaba a circular violentamente por el torrente sanguíneo.&lt;br /&gt;- ¿Sabés lo que te quiero decir? – inquirió &lt;br /&gt;Más que saberlo, lo intuía: la mujer de un amigo me estaba intentando seducir. Y no estaba mal el asunto porque, dejando de lado los aspectos morales, Celia era una madura espléndida que a sus cuarenta y monedas, resultaba más excitante que cualquier pendejita rubia de piernas largas y culito respingón. &lt;br /&gt;- Perfectamente – volví a mentir, ésta vez a medias y disimulando con una sonrisa mi nerviosismo&lt;br /&gt;El diálogo no se extendió más allá de lo imprescindible y, un rato después, estábamos revolcándonos en un telo cercano, excitados por la infidelidad suya y la traición mía. &lt;br /&gt;Nos volvimos a ver al día siguiente, en el mismo Café y a la misma hora, y terminamos, nuevamente, perdiendo la verticalidad entre sábanas alquiladas. La única diferencia, y notoria, fue la despedida. Celia se sentía asaltada por la culpa y sus últimas palabras, regadas con lágrimas menudas, fueron: “Esto no va a funcionar, Guido”.&lt;br /&gt;No dije nada. No tenía nada que decirle, así que la dejé marchar, sabiendo perfectamente adónde iba a ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados unos días, paseando por Independencia, me encontré con Valentín. Llevaba a su perro con la correa y vino apurado a mi encuentro en cuanto me vio. Me abrazó y, con una gran sonrisa de contento en la cara, me dijo:&lt;br /&gt;- ¡Sos un fenómeno, Guido, un auténtico fenómeno! &lt;br /&gt;Arqueé las cejas interrogativamente, haciéndome el sonso. Comprendía de sobra a qué se refería, pero quería ver por dónde seguía.&lt;br /&gt;- No sé qué le dijiste a mi jermu, pero la mataste. Volvió a mi lado como un corderito – explicó – No sabés cuánto te lo agradezco, che&lt;br /&gt;- Bueno, ya sabés cómo son las minas...Todas unas piantadas - bromeé, sin entrar en  explicaciones sobre el funcionamiento de la histeria y la culpa.&lt;br /&gt;- jajaja tenés razón. Sos un amigo macanudo, flaco. Pedíme lo que querás&lt;br /&gt;- No, ¡qué te voy a pedir¡ ¿para eso estamos los amigos, no?- respondí, pero pensando en pedirle dos cosas; que no fuera tan pelotudo y que, si volvía a tener el mismo problema, me mandara a Celia de vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2323868045041419356?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2323868045041419356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/malo-conocido.html#comment-form' title='34 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2323868045041419356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2323868045041419356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/malo-conocido.html' title='Malo conocido'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>34</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-272065825350632922</id><published>2010-02-23T10:25:00.027+01:00</published><updated>2010-02-24T12:57:35.822+01:00</updated><title type='text'>Otro caso de azar</title><content type='html'>Fue la noche del pasado jueves. Yo volvía de lo de mi hermano, bajando por Yatay y doblando por Díaz Veléz, cuando un auto me tocó la bocina y se detuvo a mi lado, subiéndose en dos ruedas sobre el cordón de la vereda. Era un viejo Ford Falcon que parecía nuevo; pintado en rojo brillante y con relucientes cromados plateados. A pesar de la siniestra imagen que arrastraban de la época de los milicos, a mí siempre me habían gustado esos autos. Éste en concreto, rojo y tan bien cuidado, tenía algo que lo asemejaba a los legendarios Mustang, a cuyo volante siempre iban tipos cancheros que fumaban Marlboro, llevaban anteojos de sol aunque fuera invierno e, invariablemente, la compañía de una rubia espectacular. Yo, para mi desgracia, de canchero tenía lo justo, el cigarrillo me parecía una forma de goce infantil (una añoranza del pezón materno)  y las rubias espectaculares cada vez escaseaban más en mi vida. Claro que tampoco manejaba un Mustang. Ni siquiera un Falcon sino un pequeño Suzuki Swift. Menos mal que, por lo menos, era de color negro porque, de lo contrario, no hubieran faltado los malintencionados que me tacharan de puto o de trabajar en el teatro. Para muchos, casi lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del auto, enseguida descendió su único ocupante, viniendo hacia mí con los brazos abiertos y una amplia sonrisa en la boca.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés, flaco? &lt;br /&gt;Hacía años que no veía a “Conejo” Bertarelli y, aunque le reconocí inmediatamente, me sorprendió lo bien que le había tratado el tiempo. Mejor que el pasado. No sólo mantenía todo el pelo que de joven sino que estaba flaco como un pibe. Incluso sus dientes, que hacían honor a su apodo, parecían haberse achicado. O quizás era la cabeza que le había crecido de forma que su mandíbula resaltara menos. O yo qué sé. El caso es que estaba bárbaro a sus cuarenta y dos años. &lt;br /&gt;Nos dimos un abrazo sincero y me propuso tomar algo. &lt;br /&gt;- Claro, viejo - acepté. &lt;br /&gt;Cruzamos la avenida y nos metimos en un Café esquinero que frecuentábamos de jóvenes. A pesar de la hora, el local estaba muy concurrido y tomamos asiento a la única mesa libre. “Después dicen que hay crisis. Crisis las pelotas” comentó Bertarelli mientras nos sentábamos. &lt;br /&gt;Pedimos una cerveza negra y comenzamos a hablar de nuestras respectivas vidas. No nos veíamos desde hacía muchos años. Apenas licenciado como arquitecto, él se había marchado a los Estados Unidos, concretamente a Denver, para trabajar en una empresa de un amigo de un amigo de su tío. Poco después, yo partiría para España, para dedicarme, insospechadamente, a la Publicidad. Desde entonces, no habíamos vuelto a vernos, a pesar de nuestras seguidas visitas veraniegas a la ciudad.&lt;br /&gt;Me contó que se había casado con una norteamericana y que tenía una hija grande, casi señorita. Se había divorciado hacía escasamente un año, y se vino para acá, donde abrió un pequeño estudio. Llevaba seis meses viviendo en el departamento que fuera de sus padres&lt;br /&gt;- ¡Mirá lo que son las cosas¡ Estamos a no más de cinco cuadras el uno del otro y no nos vimos hasta esta noche…&lt;br /&gt;- Y vos no sabés… - dijo con una incontenible sonrisa de nene travieso que se ríe solo&lt;br /&gt;- Yo conozco esa expresión tuya. Dále, contá, que se ve que te morís de ganas – le tiré de la lengua&lt;br /&gt;Hizo un breve parón dramático, esforzándose en ponerse serio y enseguida me soltó la noticia:&lt;br /&gt;- Ando medio ennoviado con Berta. ¿Vos te acordás de Berta Santini? &lt;br /&gt;- Y claro, negro, ¡Cómo no me voy a acordar si fue tu novia durante todo el secundario¡ - exclamé sorprendido – ¿pero no estaba casada con un médico de Bahía Blanca?&lt;br /&gt;- Se separó casi hace un año, como yo, y ahora vive acá al lado, en Franklin&lt;br /&gt;- ¡No te puedo creer¡ ¡qué increíble¡ &lt;br /&gt;- Sí – respondió, mostrando su incontenible entusiasmo asintiendo con la cabeza y sonriendo de oreja a oreja&lt;br /&gt;- ¿Y? , ¡dale, contá¡ – le animé&lt;br /&gt;- Me la encontré hará cosa de un mes en Porcio, comprando pescado ¿viste? y nos quedamos de piedra, parados como dos boludos el uno frente al otro sin saber qué decir. La gente nos miraba y al final, nos dimos la mano. Sí, la mano, como si nos acabáramos de conocer ¿qué te parece? Menos mal que enseguida se nos fue la vergüenza…Al final, no sólo nos tomamos un cafecito donde el tano Conti, sino que comimos juntos en la parrillita ésa que está en Ángel Gallardo, justo cruzando el parque ¿sabés la que te digo?&lt;br /&gt;- Sí, claro, La Pava&lt;br /&gt;- Ésa… Y bueno, el caso es que una cosa llevó a la otra.  Empezamos a quedar para cenar, ir al cine y…&lt;br /&gt;- Muy bien, hermano, los felicito – le interrumpí, palmeándole el hombro amistosamente&lt;br /&gt;- Gracias, flaco - contestó antes de abrazarme conmovido&lt;br /&gt;Brindamos y seguimos conversando un rato más, maravillados por los azares que se dan en la vida y que uno siempre piensa que les pasa a otros. Normalmente a personajes del cine y la literatura a los que uno envidia. Antes de irnos, intercambiamos nuestros teléfonos y nos peleamos para ver quién pagaba la cuenta. &lt;br /&gt;- Dejá, pago yo, vos me invitás otro día a un sitio caro - sentencié, extendiéndole un billete al mozo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos volvimos a abrazar junto al auto y nos separamos con un hasta pronto, prometiendo quedar para cenar los tres cualquier noche. El revelado suceso, me había imbuido de cierto ánimo metafísico, quitándome las ganas de volver de inmediato a casa, por lo que decliné su invitación de acercarme. Lo vi meterse en el auto y alejarse en la oscuridad de la noche, no sin antes despedirse sacando la mano por la ventanilla y dar un par de bocinazos cortos. &lt;br /&gt;Pensativo, me eché a caminar Díaz Vélez abajo, preguntándome qué habría sido de mis novias de juventud y lo lindo que sería, rencontrarme con alguna en el barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-272065825350632922?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/272065825350632922/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/otro-caso-de-azar.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/272065825350632922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/272065825350632922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/otro-caso-de-azar.html' title='Otro caso de azar'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5391538789042556499</id><published>2010-02-16T10:59:00.014+01:00</published><updated>2010-02-16T12:25:22.054+01:00</updated><title type='text'>Flor de mina</title><content type='html'>El lugar era deprimente. Apenas un bodegón por el que los años no habían pasado, sino que se le quedaron todos encima. El techo, otrora blanco, mostraba círculos marrones de humedad, las mesas rengueaban, las sillas estaban desparejadas y los azulejos definitivamente amarillentos. Por lo demás, contaba con una barra de estaño salpicada de abolladuras, un suelo de baldosas gastadas,  y paredes recargadas de afiches variados, pósters de celebridades y banderines de equipos de fútbol. Un entorno decadente con cierto aire kitsch, que atraía a un elenco humano escaso y muy surtido; desde viejos que hablaban solos hasta algún pituco que buscaba el encanto de lo “auténtico”, pasando por los que nos importaba un carajo las apariencias y acudíamos porque sabíamos que allí preparaban las mejores empanadas de la ciudad. El dueño era un petiso gallego, entrado en años y canas, al que todos llamaban Manolo. Me caía bien el tipo. Servicial y rápido, poco hablador y serio, no gastaba mucho en sonrisas. La mayoría de las veces, saludaba con un movimiento de cabeza o el alzamiento de una mano. Yo no precisaba de más. Al contrario, lo agradecía. Nunca me gustaron esos mozos que te atienden con una familiaridad tal que pareciera te conociesen de toda la vida y hubieran sido amigos de tu viejo. Aparte de las referidas empanadas (las de choclo son espectaculares), le agarré el gusto a un vino tinto, común, fuertón, salteño y servido en unas pequeñas jarras de barro. Así que, un día sí y otro también, me dejaba caer por allí. Después de escribir desde la mañana temprano, necesitaba cenar algo y despejarme. Desconectar de mis personajes. Al menos durante un rato porque, más tarde, volvía a la carga, entregándome con fructífero ahínco al desarrollo de la novela que me traía entre manos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche como tantas, tomé asiento a una mesa con un platito de empanadas y mi vino. El local estaba semivacío, para no variar, y afuera llovía a mares. Yo pensaba en nada y mis ojos se fijaban distraídamente en las luces de los autos brillando en la oscuridad. Me sentía relajado, concentrando en disfrutar de una modesta cena y nada más. Y en eso andaba, cuando una mina, salida de no sé dónde se plantó a mi lado e interrumpió la tarea:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo andás flaco? – me preguntó a bocajarro&lt;br /&gt;La reconocí de inmediato, aunque la miré con atención unos instantes antes de contestar. Paola Lavalle era una de las mujeres más hermosas que había visto en mi vida y coincidimos en la facultad durante varios cursos. Nunca mantuvimos mucho trato. Apenas el obligado saludo y alguna conversación, casi compartida con amigos comunes. Aún así, como todos, yo no dejaba de admirar con deseo su generosa fisonomía. Su cuerpo era espléndido y su rostro evidenciaba una belleza difícil de igualar &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Seguís linda – respondí con admiración, comprobando como los años, no sólo le habían restado atractivo, sino que  habían asentado sus rasgos conformando una espléndida madurez&lt;br /&gt;Sonrió complacida a mi cumplido y tomó asiento. Vestía con elegancia y sacó un paquete de Benson &amp; Hedges de su bolso de marca. Encendió un cigarrillo, me ofreció otro, y recorrió con la mirada el local.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés en un sitio como éste? ¡apesta a frito y humedad! &lt;br /&gt;- Vivo a la vuelta y cuando me canso de escribir, vengo a comerme unas empanadas y descansar un poco. ¿Y vos?&lt;br /&gt;- Yo entré porque te vi al pasar sino, ni drogada me meto acá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice señas a Manolo y ordené vino blanco para ella y más tinto para mí. Antes de que nos lo trajera, Paola ya me estaba contando su vida. Los hombres siempre habían sido su especialidad y los utilizaba a su antojo, con un sentido práctico que me distanciaba sin remedio de ella. Su hermosura iba a la par que su ostensible falsedad, y la conjunción la convertía en una mujer muy peligrosa y por eso, por miedo, yo nunca me le había acercado. En los tiempos de estudiantes, supe de algunos de sus novios oficiales, como el hijo del gobernador de la provincia, o el nieto del rector, y de un sinfín de amantes circunstanciales. Ahora, me contó, estaba casada con el director, para toda Latinoamérica, de unos importantes laboratorios suizos pero el suyo era un matrimonio moderno, libre, y su marido no era celoso. Lo dijo como quien confiesa una travesura, sonriendo provocativa y reteniendo mis ojos con los suyos. Yo no sabía qué decir así que me limité a esbozar una tenue sonrisa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabés que vos siempre me gustaste? –  me reveló, acercando su cara a la mía, modulando la voz a modo de susurro y echándome encima su aliento a menta – tan tímido, correcto…tenés un lado delicado, casi femenino ¿no te dijeron nunca? Claro que mí, en aquél tiempo, me iban más otro tipo de hombres…más brutales&lt;br /&gt;- ¡Mirá vos de qué cosas se va a enterar uno! – exclamé con fingido énfasis &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paola volvió a sonreírme, insinuante, y comenzó a acariciar mi pierna mientras me acercaba su boca al oído: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No te gustaría llevarme a un lugar más tranquilo? Vos y yo solos…por los viejos tiempos, para no quedarnos con las ganas - propuso &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me volví hacia ella y le sonreí, del mismo modo, antes de ponerme de pie y, agachando la cabeza, replicarle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Sabés lo que pasa, flaca?, que las putas nunca me gustaron. Ni las que cobran al contado, ni las que son como vos. Pero no te preocupés, que tipos para cogerte, hay de sobra. Ah, y pagá esto, que seguro que tenés más guita que yo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella reaccionó tarde, con un marcado parpadeo que reflejaba su sorpresa y un “hijo de puta” cuando yo ya salía por la puerta. No me volví, me subí el cuello del saco y bajé hacia Corrientes sabiendo que, era el primer hombre que le había dicho que no a Paola Lavalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5391538789042556499?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5391538789042556499/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/flor-de-mina.html#comment-form' title='34 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5391538789042556499'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5391538789042556499'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/flor-de-mina.html' title='Flor de mina'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>34</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6052303122477355080</id><published>2010-02-12T13:05:00.010+01:00</published><updated>2010-02-12T21:55:53.938+01:00</updated><title type='text'>Última vez</title><content type='html'>Había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había visto y me alegró, cuando volvimos a encontrarnos, comprobar que en ése intervalo no parecía haberse producido ninguna mejora en su aspecto, sino más bien lo contrario. Sus ojos se habían vuelto opacos y perdido inquietud, su boca parecía demasiado grande para su cara y encajada en un inmovilismo que hacía pensar en los efectos secundarios de una fallida cirugía estética, el pelo evidenciaba falta de aseo y una red de arrugas de escasa profundidad se extendía por los contornos de sus acentuadas facciones como si presagiaran un futuro agrietamiento. En conjunto, transmitía una sensación de abandono, vicios y mala vida, acentuada aún más por su extrema delgadez y descuido en el vestir. A pesar de todo, tenerla delante, me provocó cierta morbosa atracción sexual, insana y decadente, que quizás tuviera más que ver con mis recuerdos pretéritos que con cualquier otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo estás? – me preguntó al acercarse a mi mesa de El Ombú donde yo intentaba escribir algo&lt;br /&gt;- bien, bien - ¿querés sentarte?&lt;br /&gt;- claro&lt;br /&gt;Llamé al mozo y pedí otra cerveza para mí y un escocés para ella.&lt;br /&gt;- te vi desde la calle y decidí entrar a saludarte…no todos los días se encuentra una con un escritor famoso….y mucho menos con uno que fue  mi…&lt;br /&gt;- ¿pareja?&lt;br /&gt;- sí, eso…pareja&lt;br /&gt;En ese momento reapareció el mozo con las bebidas, interrumpiendo la conversación y derivándola hacia unos derroteros que escapaban de nuestro pasado en común. Me contó que era actriz, que andaba de novia, y que tenía una serie de proyectos para televisión y cine pero prefería no revelarme nada para evitar que se le gafaran. No me creía nada, por supuesto, pero le seguí la corriente intentando imaginar en qué andaría metida y porqué carajo había tenido que ingresar, hacía ya una década, en aquella secta que acabó con nuestra relación y marcó tan perniciosamente su vida. Durante la sarta de mentiras que fue soltando, se tomó otros dos whiskys y no cesó de mirar la puerta con ansiedad, como si estuviera esperando a alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- esto… ¿me podrías dejar algo de plata? –  se decidió por fin  - Es que el cajero se quedó mi tarjeta y como hasta mañana no abren los bancos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que era una milonga pero no quise hacerle más difícil el trámite así que, eché mano a mi bolsillo y le di un par de billetes grandes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- tomá, el resto me lo quedo para pagar las consumiciones&lt;br /&gt;- mil gracias, dame tu teléfono y te llamo para devolvértela enseguida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lo di, con las últimas cifras cambiadas y la vi desaparecer hacia la calle, donde le esperaba un tipo semienano, vestido de negro y con un peinado que le asemejaba a un híbrido entre Pitingo y el Pájaro loco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos semanas más tarde, repasando las necrológicas del Clarín, me topé con la de ella. Le faltaban apenas ocho días para cumplir los 39 y no figuraba la causa del fallecimiento. La familia, rogaba una oración por su alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6052303122477355080?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6052303122477355080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/ultima-vez.html#comment-form' title='34 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6052303122477355080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6052303122477355080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/ultima-vez.html' title='Última vez'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>34</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8053956906845038272</id><published>2010-02-06T00:42:00.005+01:00</published><updated>2010-02-06T03:43:40.314+01:00</updated><title type='text'>Con Malena</title><content type='html'>Desde que me había abandonado mi última novia hasta la aparición de Malena, mis días transcurrieron en medio de un hastío desbordado, apenas combatido a base de paseos febriles, deseosas lecturas para vivir a través de la empatía con personajes ideados por otros, y un aletargamiento de los sentidos que temía terminara convirtiéndome en un ser inanimado. Nada me satisfacía, mi tiempo pasaba gris y pesado, arrollándome sin piedad con su nada esencial y la mortandad de sus minutos estériles. Sin estímulo alguno, todo me cansaba y apenas lograba sobrevivir gracias a un poso de esperanza que constituía toda mi reserva vital. En él brillaba, con apagado fulgor, la trémula certeza de que, en algún lugar, alguien estaba hecho para mí y su mera aparición en mi presente bastaría para insuflarme de vida. Esto, y sólo esto, era lo que me hacía levantar cada mañana. Por eso, cuando mi amigo Kalman me presentó a Malena, la reconocí de inmediato. Supe al instante que ella era la elegida, la esperada y la ansiada, y que todas las mujeres anteriormente conocidas no eran más que frustradas experiencias, meros espectros que apenas iluminaron fugazmente mis oscuros y tortuosos caminos hasta encontrarla. Comprendí que mis súplicas no formuladas sino interiorizadas, habían encontrado eco en alguna parte…allá donde el azar se moldea para definir nuestros destinos o donde nuestros sueños presentan sus solicitudes de veracidad. Pero no quiero seguir recreándome en cuestiones metafísicas ahora que la tengo durmiendo a mi lado, disfrutando de la visión de su piel morena con brillos dorados contrastando con las sábanas de raso blanco y oliendo el cóctel de esencias, que conforman sus aromas corpóreos, y la artificialidad de su perfume habitual. Huele a mujer, a sexo compartido y a vainilla. A una realidad tan palpable que me empuja, como un insecto atraído por un sugerente polen, a hundir mi cabeza entre sus cabellos, buscando su nuca con mi boca y acariciando los contornos de su figura con las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No podés dormir, querido? –  pregunta sin abrir los ojos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpá – me aparté brevemente y añadí – si querés, te dejo dormir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, pero eso después. Ahora, vení.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8053956906845038272?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8053956906845038272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/con-malena.html#comment-form' title='32 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8053956906845038272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8053956906845038272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/con-malena.html' title='Con Malena'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8620757312107807874</id><published>2010-02-06T00:32:00.004+01:00</published><updated>2010-05-17T18:51:27.748+02:00</updated><title type='text'>Entrevista a M. M. (rescatado de un cajón del escritorio)</title><content type='html'>Fragmento de la entrevista que el conductor de la tv argentina Andrés Haddad (coloquialmente conocido como “el turco”), realizó al célebre escritor Mario Padovani, durante la última emisión (13/05/2010) del programa “Café con Letras”; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué lleva a un autor tan notorio como usted, mimado por crítica y con extraordinario éxito de ventas, a adentrarse en el sendero de la novela negra? ¿Y por qué la elección de un pseudónimo de reminiscencias tan obvias como Tabaré Rabinowitz? &lt;br /&gt;- Bueno, en primer lugar quiero aclarar que nunca he considerado a la novela negra un género menor y añadir que, ya desde mi temprana adolescencia, me ví seducido por esos personajes marcados por la soledad, el whisky y cierto aura de derrota y desengaño. Luego, de grande, relegué estas lecturas a las esperas en aeropuertos o estancias en hoteles hasta que un buen día, hace poco más de un año, repentinamente, comenzó a crecer en mí el deseo cada vez más intenso de escribir una. Enseguida, el ansia se transformó en la convicción de que podía hacerlo, y así fue cómo publiqué dos títulos bajo el pseudónimo de Tabaré Rabinowitz. En lo referente a éste, le diré que tiene que ver con un chiste que me contaron hace tiempo en el que una sexóloga revela a un compañero de viaje curioso, que los hombres que tienen el pene más largo son los judíos y de mayor grosor, los uruguayos. Entonces, el tipo, con ánimo de impresionarla se tira el lance: Permítame que me presente, soy Tabaré Rabinowitz. (risas) &lt;br /&gt;- En la listas de los libros más vendidos en medio mundo, aparecen los suyos de un modo recurrente ¿no tiene miedo que, a pesar de la evidente calidad de los mismos, haya gente que deje de leerlos por una mal entendida idea de elitismo y huída de los gustos mayoritarios? &lt;br /&gt;- La verdad, ése es un hecho que me resulta irrelevante, aunque debo señalar que encuentro un poco absurdo, y acaso ridículo, permitir que prejuicios tan simplistas se impongan al inteligente criterio literario pero…allá cada uno con sus lecturas. &lt;br /&gt;- En Italia, España y otros países europeos, usted es considerado una especie de "enfant terrible", no sólo por su negativa a aceptar puestos académicos en reputadas universidades sino por su declarado desprecio por la literatura que se hace actualmente en el Viejo Continente… &lt;br /&gt;- Cierto, leo a muy pocos autores de dicha procedencia y salvo honrosas excepciones, principalmente del Este, me decanto por escritores del continente americano, de punta a punta. &lt;br /&gt;- Tampoco resultan novedosas sus manifestaciones elogiosas acerca de la mujer argentina… ¿qué es lo que le fascina tanto y qué es lo que la hace distinta de las demás? &lt;br /&gt;- Le voy a decir que, si bien no tengo un prototipo claro de mujer, siento cierta debilidad por las argentinas de piernas largas. Aparte de esto, y entrando ya en la generalización de nuestras hembras, me gustan porque tienen mucho garbo, un toque de histeria y un mundo que no encontré en féminas de otras procedencias. No sé en qué medida esto tiene que ver con el psicoanálisis, la mezcla de razas o condicionantes ambientales…Además, como apuntó un personaje de mi querido y admirado Antonio Muñoz Molina, no es lo mismo llamarse Mariluz Padilla Soto que Carlota Fainberg, ¿no le parece?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8620757312107807874?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8620757312107807874/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/en-directo-rescatado-de-un-cajon-de-mi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8620757312107807874'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8620757312107807874'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/en-directo-rescatado-de-un-cajon-de-mi.html' title='Entrevista a M. M. (rescatado de un cajón del escritorio)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3668374574241624871</id><published>2010-02-03T04:17:00.004+01:00</published><updated>2010-02-03T17:43:33.135+01:00</updated><title type='text'>Un encuentro cualquiera</title><content type='html'>La primera vez que lo ví no lo reconocí, aunque tuve la sensación de que no me resultaba del todo desconocido. Sentado en un banco del Parque Centenario, se servía vino en una copa de fino cristal veneciano de color verde, con la mirada extraviada y dando la impresión de estar un poco aburrido. Su semblante era la de un dandy, de un burgués bohemio que llevaba una existencia desocupada y solitaria, al margen de los apuros que impone la vida moderna y ajeno a las miradas curiosas o reprobatorias. Vestía traje negro y una camisa blanca sin corbata, calzaba unos zapatos de inconfundible diseño italiano y no aparentaba más de sesenta y pocos (más tarde me enteraría que pasaba con holgura los setenta), favorecido por un bronceado playero que contrastaba con sus cabellos canosos muy cortos y una barba desarreglada del mismo color. Con miedo a pasar por maleducado, desvié mi mirada de él y continué mi paseo, impresionado por una imagen que se me antojaba muy literaria o cinematográfica y reafirmado en la sospecha de conocerlo de algo. “En cuanto llegue a casa, me pongo a investigar”, me dije a mí mismo.&lt;br /&gt;Al día siguiente, olvidado el propósito de búsqueda, volví a encontrarlo, en el mismo banco y en idéntica actitud, con la variante de que entonces lucía pantalón de lino beis con remera negra y la botella de vino era de otra marca. Nada más regresar a mi departamento me puse a buscar ansioso en las solapas de los libros, presintiendo que podría ser algún escritor. Mi pálpito resultó acertado y después de un breve registro reconocí, con moderado asombro, sus actuales facciones la vieja foto de un hombre joven de rostro aniñado y sonrisa tímida en una primera edición de “Amor voluble”. Junto a este ejemplar, se encontraban apilados otros títulos del mismo autor, como: “Historias de rufianes rioplatenses”, “Sudestada”, “Amores súbitos”, “Eras vos”, “Tiempo de prejuicios” y “El testigo escondido”. Los extendí sobre la mesa del living y observé con atención las distintas fotos del autor, que correspondían a los años 1954, 1959, 1962, 1967, 1974, 1980 y 1992. En ésta última no quedaba mucho de aquel muchacho aunque seguía persistiendo un aire reconocible en la mirada y los rasgos angulosos que comenzaban a adivinarse.&lt;br /&gt;Al tercer día, acudí nuevamente al parque con el libro “Amor voluble” bajo el brazo. Decidido en mis dudas, tomé asiento en una esquina del banco donde él se encontraba, con su habitual botella y copa. Simulando leer, me esmeraba en inclinar el libro de tal modo que pudiera ver con claridad la portada y esperar así su posible reacción. Al principio parecía hacer caso omiso de mi presencia hasta que, por fin, pude apreciar su mirada de soslayo y una sonrisa dibujándosele en los labios. Consciente de mis intenciones, aún me hizo aguardar unos minutos, encendiendo un cigarrillo y fumándolo con parsimonia antes de dirigirme la palabra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando le parezca bien se lo firmo joven – me dijo con voz un tanto áspera&lt;br /&gt;- Discúlpeme, pero no sabía cómo abordarlo. No todos los días se encuentra uno a Rodolfo Sigal en un parque&lt;br /&gt;- Está bien, no se preocupe, dígame como se llama y le garabateo una breve dedicatoria – Sentenció tomando el libro entre sus manos y sacando una lapicera del saco, con una naturalidad extraña dada su prolongada desaparición de la vida pública&lt;br /&gt;Cuando le confesé mi nombre se me quedó mirando, con las cejas arqueadas y gesto interrogativo. Sin duda, tenía referencias mías y, en mi vanidad quise incluso imaginar que había leído alguna de mis obras. Resultó ser así porque lo siguiente que me dijo fue:&lt;br /&gt;- Me gustó su libro de cuentos “Decíme mentiras”&lt;br /&gt;- ¿En serio? - inquirí con falso asombro&lt;br /&gt;- Sí, soy muy sensible a ésas historias donde se evidencia que en el amor no existe el libre albedrío y uno no puede decidir de quién va a enamorarse…&lt;br /&gt;- Gracias – balbuceé - y dígame don Rodolfo, ¿para cuando una nueva novela?&lt;br /&gt;- No, joven, mi época de escritor ya pasó. Me cansé de escribir y ya no tengo historias interesantes para compartir. Ahora disfruto como lector y únicamente me permito, de tanto en tanto, la travesura de escribir sesudos artículos de filosofía, política internacional o deportes, valiéndome de pseudónimos como Jaime Puig, Osvaldo Varela o Julio Shaffer. A fin de cuentas, como tengo la cuestión económica solucionada (él y su hermano heredaron las célebres Ferreterías Austral y varios miles de hectáreas en la Patagonia), puedo dedicar mi tiempo al ocio indiscriminado, la contemplación serena de la cotidianidad, el ejercicio aleatorio de excentricidades y mi gusto por el vino. En definitiva, soy un espíritu libre al servicio de mis impulsos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras una parada teatral, añadió:&lt;br /&gt;- O eso, o es que me quedé sin ingenio y sin nostalgias, y no se puede ser artista sin haber perdido algo. Soy viejo pero no un viejo choto, así que reivindico lo gerundial, no lo pretérito&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, me ofreció un cigarrillo y continuamos hablando pero ya no de él sino de otros escritores, mujeres y fútbol, hasta que la conversación se agotó y nos quedamos en silencio mirando el entorno. Finalmente, nos despedimos con un apretón de manos y una sugerencia de su parte:&lt;br /&gt;- Por cierto, joven, el próximo día traígase una copa porque la mía no la comparto. Manías de viejo ¿sabe usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3668374574241624871?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3668374574241624871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/un-encuentro-cualquiera.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3668374574241624871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3668374574241624871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/02/un-encuentro-cualquiera.html' title='Un encuentro cualquiera'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8545652105251436127</id><published>2010-01-31T21:17:00.005+01:00</published><updated>2010-01-31T21:22:20.386+01:00</updated><title type='text'>Lencería fina</title><content type='html'>Mauricio miró a Silvia, que dormía con placidez a su lado, y pensó que se había dejado llevar, una vez más, por sus impulsos en lugar de su conciencia. Acababa de cometer una locura y ahora, que ya estaba hecho, se preguntó cómo podía ser tan previsible en sus actos. Apartó entonces las sábanas y salió de la cama. Buscó un cigarrillo en la mesita de luz, lo encendió y empezó a fumar, mirando a esa mujer que con tanta facilidad despertaba su incontrolable deseo. Entrada ya en la cuarentena, de estatura mediana, figura atlética y voz cálida, no pasaba inadvertida. Sin embargo, no era únicamente su atractivo lo que le seducía de ella, sino también una cierta candidez y la simplicidad con que encaraba la vida. Para Silvia todo resultaba sencillo y él, en cambio, ni siquiera tenía el temple suficiente para resistir sus ganas de acostarse con ella. Pero esto debía acabar. No podía ser que, tanto tiempo después de haber sido novios, no pudiera oponerse al capricho de ella por tenerlo en su cama. Estaba harto de sucumbir al antojo ajeno y le atormentaba ver flaquear su voluntad en cuanto ella le acariciaba el pelo o lo besaba. En esos instantes comenzaba a imaginar la lencería que llevaría puesta, rememoraba las curvas de su cuerpo, escenarios donde se habían amado y detalles íntimos que espoleaban su erotismo hasta la urgencia, traspasando el punto de inflexión del no retorno. Siempre se repetía la misma dinámica; ella lo provocaba y el se rendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Me prendés un cigarrillo, querido? – le pidió ella, recién despertada y sacándolo de sus meditaciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hacélo vos, yo voy a preparar café – contestó Mauricio, tirándole el paquete y el encendedor sobre la cama&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresó de la cocina, portando la cafetera y dos tazas, Silvia había terminado de fumar y lo esperaba destapada, con las piernas flexionadas y las manos cruzadas tras la nuca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te gusto? – preguntó tentadora e insinuante&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tomá – le alcanzó sonriente una taza de café eludiendo la pregunta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acabar de bebérselo volvió a la carga donde lo había dejado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me contestaste&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Querés otro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Después, ahora quiero otra cosa – respondió, poniéndose en pie de un brinco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con erótica maestría, Silvia pegó su cuerpo al de su amante y empezó a besarle el cuello mientras con las uñas le acariciaba suavemente el torso. Sabía lo que le gustaba a Mauricio y no tardó en advertir, de un modo inequívoco, que él ya estaba preparado para el ejercicio copulativo. Tomándolo de la mano, lo condujo a la cama, sin poder contener el agrado que le producía la docilidad masculina y su ingenuidad: el pobre, pensaba que esto no era amor sino, sólo sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8545652105251436127?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8545652105251436127/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/lenceria-fina.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8545652105251436127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8545652105251436127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/lenceria-fina.html' title='Lencería fina'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2843591861183318921</id><published>2010-01-29T15:08:00.011+01:00</published><updated>2010-01-29T22:09:13.297+01:00</updated><title type='text'>Pedigrí</title><content type='html'>Como cada mañana había salido a caminar y, de regreso,  me detuve en un parque cercano a casa. Acababa de comprar el diario y me apetecía sentarme a leerlo, disfrutando del tibio sol primaveral, el trino de los pajaritos y las furtivas miradas a muchachas en pantalón corto que hacían footing. Así que elegí un banco cualquier y, siguiendo con la costumbre, comencé la lectura por atrás, a lo hebreo. Tras echar un vistazo a la Programación, Espectáculos, Cultura, Necrológicas y pasando por alto Economía, iba a abordar los Deportes cuando una voz cercana me interrumpió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Mimí, no molestes al señor!&lt;br /&gt;Alcé los ojos y me encontré con una cincuentona avanzada que reprendía a un bulto peludo, y marrón oscuro, sobre el que destacaba un trozo de tela en color fucsia.&lt;br /&gt;- ¿Le ha molestado? – se interesó la señora dirigiéndose a mí&lt;br /&gt;- No, no pasa nada &lt;br /&gt;- Se ve que a usted le gustan los perros…&lt;br /&gt;Asentí tímidamente sonriente, pensando dónde estaría el perro porque allí,  lo único yo veía, era una rata de pelo largo con un ridículo lazo en la cabeza olisqueando mis zapatos&lt;br /&gt;- Mimí tiene pedigrí ¿sabe usted?  - me informó orgullosa&lt;br /&gt;- Ah – respondí por educación&lt;br /&gt;- Su madre fue campeona de España.....Es una perrita ¿sabe? Y le puse Mimí en recuerdo de mi madre, que falleció hace ya cinco años&lt;br /&gt;- Ah – volví a repetir, reprimiendo las ganas de decirle que me importaba un bledo la perrita, su pedigrí y la madre que la parió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté retomar la lectura pero fue imposible, porque enseguida volvió a la carga&lt;br /&gt;- Tengo que tener mucho cuidado y vigilarla. Aquí vienen muchos perros mestizos, y no quisiera encontrarme con un embarazo indeseable ¿sabe?-“Pues como no la embarace el ratón Mickey” pensé – Así que no le quito ojo y muchas veces, tengo que traerla con correa…&lt;br /&gt;- Qué interesante - exclamé sin entusiasmo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contrariamente a mi intención, de se esfumara y dejara leer en paz, la jovata tomó asiento al lado mío y comenzó a aleccionarme sobre temas perrunos; desde los pormenores de los concursos de belleza, hasta  las enfermedades específicas de cada, pasando por los precios de los diferentes tipos de pienso o las nuevas colecciones de ropa. Yo la escuchaba sin prestar atención, por mera cortesía, y más ocupado en inventarme una excusa para largarme que en cualquier otra cosa.  Por suerte, cuando más agobiado me sentía, el azar vino a mi rescate en forma de inesperada llamada a teléfono móvil. Atendí presuroso y ansioso como un naufrago ante un salvavidas, mientras ella se apartaba un par de metros y me concedía una mayor intimidad. Nada más terminar (era mi madre pero daba igual quien fuera, porque ya me sabía salvado) la pesada volvió a acercarse, sonriente y con la memoria sin duda refrescada con nuevas anécdotas de Mimí para compartir. A esas alturas, yo ya había aguantado más de lo soportable, y no iba a cometer un nuevo error desaprovechando la oportunidad presentada  por lo que, poniéndome en pie, le solté sin mayores miramientos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Discúlpeme, señora, pero me tengo que ir urgentemente. Trabajo en una perrera ¿sabe? (le tomé la interrogación prestada) y acabamos de recibir una remesa de perros con pedigrí a los que tenemos que sacrificar sin demora..&lt;br /&gt;La reacción fue inmediata, y no hizo falta ahondar en más detalles. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y en la cara se le dibujó una torcida mueca de espanto. Alarmada, agarró presurosa a Mimí en brazos y salió disparada. Me quedé mirándola, satisfecho de mi ocurrencia y sorprendido de que, a esa edad, se pudiera correr tan rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2843591861183318921?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2843591861183318921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/pedigri.html#comment-form' title='37 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2843591861183318921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2843591861183318921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/pedigri.html' title='Pedigrí'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2130787110972213630</id><published>2010-01-26T18:46:00.043+01:00</published><updated>2010-01-26T23:51:26.964+01:00</updated><title type='text'>En el Bristol (un día de lluvia)</title><content type='html'>Sobre la ciudad caía una lluvia mansa que me empujó a la calle. En semejantes días siempre sentía el impulso de pasear, respirar el sano aire limpio de contaminación y notar sobre mi cabeza la fina llovizna tan buena para el pelo, según la creencia popular. Sin embargo, como si algún demonio celara de mi sencillo placer, de pronto se desató una tormenta que me hizo imaginar lo que vería Noé al mirar por el ojo de buey de su camarote en el arca, e imitando a los demás transeúntes corrí a refugiarme en el Café más próximo; el Bristol.&lt;br /&gt;El local, tenía cierto abolengo destartalado, con espejos manchados, madera oscurecida por el tiempo, mesas de mármol carentes de brillo y un suelo ajedrezado en baldosas blancas y negras que me recordaba al de mi cocina. Por lo demás, no dejaba de ser uno de esos Cafés que un día tuvieron esplendor y ahora conservaban el encanto de la decadencia, muy apreciada por bohemios y soñadores.&lt;br /&gt;A pesar de que afuera llovía, había un gran número de mesas desocupadas por lo que no me costó encontrar una vacía. Me senté, eché una ojeada a la clientela y enseguida encendí un cigarrillo mientras esperaba al mozo. No fue hasta el primer trago de whisky que caí en la cuenta que la gente hablaba en voz baja, como si el fenómeno atmosférico les hubiera asustado, evidenciando la supervivencia de nuestro lado animal ante miles de años de civilización. Al siguiente trago, reparé en una treintañera morocha, distante a apenas dos mesas y que tomaba lo mismo que yo: jugo de Escocia. Tal vez por la coincidencia, o acaso porque estaba muy buena o quizás porque a ambas cosas se añadía el hecho que me miraba, de inmediato sentí una corriente de simpatía hacia ella. En vano intenté dejar de mirarla pero, era extraordinariamente atractiva y me pareció un verdadero desperdicio verla allí sola, con la única compañía de un vaso de whisky. Armado de valor y contraviniendo a mi carácter (soy habitualmente tímido), me acerqué hasta ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Te puedo invitar a otro whisky? – le pregunté mostrando mi vaso tan vacío como el suyo. – te aseguro que es la primera vez que hago esto - añadí&lt;br /&gt;- ¿por qué no?&lt;br /&gt;- Me llamo…..&lt;br /&gt;- Sé cómo te llamás – me interrumpió – Yo soy Alma, Alma Franckel, y te digo mi apellido porque yo conozco el tuyo…..¿vos creés en las casualidades?&lt;br /&gt;- Prefiero creer que todo ocurre por algo..&lt;br /&gt;- Claro, por eso hoy es la primera vez que entro en este lugar y justo ayer empecé a releer tu antología de cuentos “Señor, dáme una tregua”…así que me gusta pensar en la sucesión de azares, complementarios, que permitieron este encuentro, cuyo significado escapa a mi capacidad de comprensión porque, desgraciadamente, no tengo dotes de vidente…&lt;br /&gt;- Entonces tendremos que tomarlo como un desafío, ¿no te parece?&lt;br /&gt;- Sí, pero primero me tomaría otro whisky&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos un segundo, un tercero y charlamos largo y tendido hasta despedirnos, con un apretón de manos, intercambio de tarjetas y una cita para cenar dos días más tarde. &lt;br /&gt;Camino de mi casa, reviviría el encuentro muchas veces, acariciando el relieve de su nombre impreso, y procurando no pisar charcos.&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2130787110972213630?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2130787110972213630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/en-el-bristol-un-dia-de-lluvia.html#comment-form' title='38 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2130787110972213630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2130787110972213630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/en-el-bristol-un-dia-de-lluvia.html' title='En el Bristol (un día de lluvia)'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>38</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-1945982333443401574</id><published>2010-01-24T15:35:00.016+01:00</published><updated>2010-01-24T16:19:21.915+01:00</updated><title type='text'>Ruptura</title><content type='html'>Frente a frente, en una mesa de Café, se miraban a los ojos sintiendo el temor ajeno y el incómodo nerviosismo propio. Tenían que hablar pero temían hacerlo. Aún cuando eran conscientes del trayecto recorrido desde su amor inicial hasta esta actual situación, su interior anhelaba no dar vida al doloroso “Qué lástima….todo hubiera podido ser de otra manera”. Cada uno guardaba algo que decir y cada uno deseaba que el otro expresara una opinión contraria y una declaración de fe por arreglar las cosas. Ella se moría por que él le agarrara la mano y la acariciara con sus dedos fuertes siempre cálidos. El, dominaba las ganas de besar esos labios que tanto había besado sin cansancio. &lt;br /&gt;- Yo no puedo esperarte mientras estés fuera del país – dijo ella de repente &lt;br /&gt;- Estás en tu derecho&lt;br /&gt;- No es que no te quiera sino justamente por eso, porque te quiero, pero Ya y Ahora. Estoy cansada de esperar…..esperé por demasiadas cosas en la vida y me cansé.&lt;br /&gt;- Está bien, pero yo no puedo desaprovechar esta beca. Es mi oportunidad para un futuro mejor&lt;br /&gt;- Entendéme, yo dejo la puerta abierta pero no puedo garantizarte de que, cuando regresés, ésta no esté cerrada para vos&lt;br /&gt;- Te quiero, y no soy tan egoísta como para pedirte que ralenticés tu vida por mí. Respeto tus decisiones y no quiero interferir en ellas pensando únicamente en mí. Vos tenés que hacer lo que querás hacer…fuiste dependiente demasiado tiempo y te toca, ahora o nunca, romper con esa tendencia&lt;br /&gt;- Lo sé&lt;br /&gt;- Voy a guardar un cariñoso recuerdo de vos&lt;br /&gt;- Yo también&lt;br /&gt;Se pusieron de pie, se dieron la mano y ella corrió hacia la calle para que no ponerse a llorar allí mismo. El, volvió a sentarse y pidió un whisky doble; necesitaba apagar lo que le quemaba por dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;PD: La repetición de "no puedo", tres veces en tan poco espacio, fue a propósito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-1945982333443401574?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/1945982333443401574/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/separacion.html#comment-form' title='31 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/1945982333443401574'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/1945982333443401574'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/separacion.html' title='Ruptura'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>31</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6331841960374022511</id><published>2010-01-21T14:52:00.014+01:00</published><updated>2010-01-22T11:19:00.002+01:00</updated><title type='text'>Sucedió una tarde</title><content type='html'>Pasar las tardes encerrado en mi pequeño apartamento me resultaba algo insufrible. Por eso, apenas el sol daba una tregua, salía afuera y perdía el tiempo vagabundeando por las muchas callecitas laterales que brotaban de la ancha avenida que partía el barrio en dos. Fuera del circuito de lerdas caravanas de vehículos, riadas de viandantes apurados y vistosas fachadas de edificios del XIX, me reencontraba con el encanto del Madrid de antaño, con sus pequeños comercios, viejitos con boina y  amas de casa que paseaban a sus pequeños perros. Cada tanto, hacía parada en alguno de esos bares de toda la vida, donde servían vermú de grifo rebajado con seltz, café helado en frascas de vidrio y el camarero se llamaba invariablemente Manolo, antes de continuar con mis caminatas. Cuando por fin regresaba a casa, lo hacía con una agradable fatiga que no sólo me ayudaba a dormir mejor por las noches sino que, también, mitigaba mi desasosiego existencial perpetuo (en realidad yo salía a caminar esperando encontrar estímulos imprevisibles para mi vida). &lt;br /&gt;Una de ésas tardes, encontré en mi camino un restaurante argentino que acababa de abrir hacía pocas semanas. Había pasado por la puerta en varias oportunidades pero nunca me había decidido a entrar. Ése día por fin lo hice, movido por el estímulo inmediato de comerme una empanada de carne. El local en sí, no tenía nada de extraordinario: paredes brillantes en pintura plástica blanca, mobiliario moderno de líneas redondeadas en colorida trilogía amarilla, roja y azul, un aparato de aire acondicionado que se anunciaba en forma de viento polar y un par de afiches con fotos de Cataratas y Calafate. Era todavía temprano y casi no había clientes. Tomé asiento a una mesa que daba a la calle y encargué dos empanadas de carne y una cerveza Quilmes. Mientras comía, descubrí sobre una de las mesas un diario argentino, concretamente El Clarín.  Pedí permiso para agarrarlo y me puse a leerlo, comenzando por las tiras cómicas de la última página, siguiendo por las Necrológicas, Cultura, Internacional y Deportes. Pasé por alto Economía y justo iba a empezar con Nacional cuando noté que una chica me observaba. Esta primera impresión me desconcentró y, a pesar de que disimulaba, se me hicieron evidente sus reiteradas miradas. Estaba seguro de no conocerla de nada, por eso no pude evitar inquietarme un poco cuando la ví, con una copa de vino en la mano, acercarse hasta donde yo estaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpá que te moleste ¿vos no sos Marcelo Treves? – preguntó con acento porteño para, a continuación añadir – ¿el autor de “Vanidades vetustas y otros cuentos”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años atrás, en mi país, yo había ganado un importante premio literario con ese libro, recibiendo todo tipo de lisonjas por parte de la crítica especializada: “una imaginación fértil, cargada de matices que producen un resultado fascinante” (Sergio Petrocci, de Página 12), “Treves interpreta la realidad de un modo singular y personalísimo dotando a sus cuentos de una musicalidad que entronca con la mejor tradición argentina” (Esteban Kaminsky, en Clarín), “una brillante incursión por la ironía” (Carlos Casanova, Letras con Mayúsculas).&lt;br /&gt;Por desgracia, los buenos augurios y las expectativas unánimes no encontraron confirmación futura y mis siguientes títulos pasaron sin pena ni gloria, relegando mi nombre a un merecido olvido y provocando la atrofia definitiva de mis impulsos creativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No me digás que vos lo compraste?  – respondí, un tanto engreído y fingiendo más sorpresa de la que en realidad sentía.&lt;br /&gt;- Sí, me lo regaló mi mamá. Después yo me compré “Ordinaria Ordinariez; cuentos para el colectivo” y tu única novela: “Alma”&lt;br /&gt;- Mirá vos ¡ yo pensé que sólo mis tías compraban mis libros!, y decíme ¿qué cuento te gustó más de “Vanidades vetustas”?&lt;br /&gt;- “Pena Grande”, sin duda. Me encanta cómo diseccionás psicológicamente al protagonista, cómo, ante la desintegración de su mundo, éste va aceptando estoicamente todo lo que le pasa…y te tengo que confesar que según iba leyéndolo, miraba una y otra vez tu foto en la solapa del libro, especulando sobre cuánto podría tener de autobiográfico o si se trataba de mera empatía hacia la problemática de un personaje &lt;br /&gt;- ¿Y a qué conclusión llegaste?&lt;br /&gt;- Bueno, mi mamá decía que, aún cuando utilizabas la tercera persona, en realidad estabas hablando de vos mismo pero yo me decantaba por la segunda opción. Eso sí, con la sospecha de que algunas de esas sensaciones no te eran del todo ajenas.&lt;br /&gt;¿Tengo razón?&lt;br /&gt;- O no. En todo caso comprenderás que, como autor, no puedo resolverte el dilema. Sería como una traición hacia mi mismo y sobre todo hacia mi personaje, una especie de violación de la confidencialidad que le debo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuamos hablando un rato más de libros antes de pasar a otras cuestiones. Me miró con gran desconcierto cuando le dije que había cambiado la literatura por la seguridad de un trabajo fijo y, bastante menos, al enterarse que estaba soltero porque, según ella, un individuo con un universo interior como el mío debía verse asfixiado conviviendo con alguien, salvo que ésta persona fuera alguien muy especial, lo cual sucedía en contadas ocasiones. Además, hacía rato que se había dado cuenta de que no llevaba alianza y apenas prestaba atención a las mujeres que pasaban por la calle, al otro lado del cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Siempre sos tan observadora?&lt;br /&gt;- Si tengo interés, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, más allá del atractivo que saltaba a la vista (morena, no muy alta pero bien proporcionada, ojos verdes, pelo oscuro y un sugerente lunar junto a la boca) era pediatra, llevaba apenas un par de semanas en Madrid y a principios del siguiente mes se incorporaba a una conocida clínica privada del barrio de Salamanca. En Buenos Aires, acababa de sufrir el asalto a su departamento y el robo de su coche a punta de pistola, lo que la decidió a un cambio aires para recuperarse del trauma sufrido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, fue un inmenso placer conocerte pero, me tengo que ir – dijo al cabo de un rato&lt;br /&gt;- ¿Te voy a volver a ver? &lt;br /&gt;- Si tenés interés, sí aunque, tengo que advertirte de una cosa; si eso sucede, yo voy a hacer que volvás a escribir.&lt;br /&gt;- Me estás asustando&lt;br /&gt;- Todo tiene un porqué – contestó enigmática  para después anotarme el número de su móvil en una servilleta de papel y darme un beso en la mejilla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de salir por la puerta se volvió para mirarme, sonriente y dejándome con una duda hoy felizmente despejada: Saber cómo le quedaría un bebé nuestro en los brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6331841960374022511?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6331841960374022511/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/una-tarde-cualquiera.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6331841960374022511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6331841960374022511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/una-tarde-cualquiera.html' title='Sucedió una tarde'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-3091024753879119239</id><published>2010-01-19T18:05:00.007+01:00</published><updated>2010-01-19T19:22:06.251+01:00</updated><title type='text'>Cuando más lo necesitas</title><content type='html'>Por aquél entonces, dejaba pasar el tiempo, los días, sin preocuparme por existir. Me sentía ligero, impermeable a todo aquello en que no quería pensar (prefería olvidar tristezas y no ofender a la vida), flotando en enormes nubes oníricas alimentadas por el alcohol y sucumbiendo a ensoñaciones diurnas de más que dudosa materialización. Era un hombre totalmente libre, en el sentido que me sentía totalmente desposeído. En mis poco más de cuarenta años de vida, lo había ido perdiendo todo y por fin había aceptado, de modo estoico y resignado, la fatalidad de un destino impuesto. Divorciado, con un hermano viviendo a miles kilómetros y sin otros parientes, ni amigos ni siquiera un animal de compañía, mi única responsabilidad radicaba en entregar puntualmente los artículos en el periódico que me pagaba. No tenía más necesidades que las puramente fisiológicas y mis ambiciones de antaño reposaban en cadáveres de novelas apilados en algún oscuro cajón de mi escritorio (me acometía una terrible fatiga intentar resucitarlas y mis juveniles recuerdos de lograr la fama literaria eran algo tan lejano como la última vez que me dijeron “te quiero”).&lt;br /&gt;Inmerso en semejante plenitud de la nada y con los sentidos cada vez más aturdidos, un suceso, en apariencia inocuo, vino a sacudir mi existencia de un modo insospechado: a la redacción de “El heraldo porteño”, llegó un sobre a mi nombre. No era muy habitual que me remitieran correo a la dirección del diario pero, ocasionalmente, algún lector me escribía unas letras, generalmente para insultarme. Por eso, no tuve prisa en abrirlo y lo dejé con cierta aprensión sobre un montón de papeles que se apilaban temerarios sobre mi mesa. No fue hasta casi el mediodía que volví a acordarme de él. “Dale, abrílo, lo peor que te puede pasar es que lleve polvos de ántrax y con un poco de suerte, no pasa de ser otro loco que te llama comunista o judío maricón”. Sin embargo, no lo abrí inmediatamente sino que demoré unos instantes en observarlo con mayor atención: marrón claro, con mi nombre, la dirección del periódico y un reducido remitente de tres letras R.A.L. escritos a máquina. Hasta ahí, nada llamó mi atención, hasta que caí en la cuenta de un detalle que hasta entonces había pasado por alto; del sobre emanaba un ligero aroma de vainilla. “¿Qué clase de perturbado envía un sobre perfumado”?. Para concretar más, aspiré ostentosamente un par de veces y determiné que era un perfume de mujer, probablemente de la marca Calvin Klein. “Al menos es una loca con buen gusto”. Por alguna razón, me tranquilizó que el remitente fuera una mina y sin más dilaciones procedí a abrirlo. Corté uno de los laterales con las tijeras y del interior extraje tres finas hojas cuidadosamente dobladas, numeradas en el margen superior derecho y escritas con una elegante letra que de inmediato me hizo pensar en una persona equilibrada e inteligente. Leí con interés el texto y volví a releerlo antes de volver a mirar en el interior del sobre. En la PD, junto a una dirección de correo electrónico, se me advertía de la existencia de una foto suya que rescaté del fondo, donde se había quedado pegada. En ella, vi a una mujer entrada en la treintena, más atractiva que linda, con el pelo claro recogido en una coleta, anteojos de fino cerco dorado e inmaculada camisa blanca leyendo El heraldo. Había sido tomada de cerca y mostraba a la cámara uno de mis artículos, con mi y nombre impreso en el papel. Pero más que eso, lo que de verdad me gustó, fue poder analizar en detalle los rasgos de esa mujer que momentos antes era una completa desconocida y que, a partir de entonces, me pareció conocer desde siempre. No voy a revelar lo que ponía la carta pero sí diré que desde ese mismo instante, mi vida cambió por completo. Me casé con ella (Romina), tuvimos un par de hijos, retomé mis novelas yacentes y terminé publicándolas, junto con otras nuevas, en el mismo sello editorial. &lt;br /&gt;Con esto, no pretendo dar envidia a nadie, sino alentar a todos aquellos cuya vida se quedó corta en comparación con su ideal porque, las desventajas cambian merced al destino y porque, como escribió alguien más listo que yo: “La vida es tantas cosas y la mitad nadie las sabe”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-3091024753879119239?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/3091024753879119239/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/cuando-mas-lo-necesitas.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3091024753879119239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/3091024753879119239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/cuando-mas-lo-necesitas.html' title='Cuando más lo necesitas'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6836840776143473526</id><published>2010-01-17T19:54:00.001+01:00</published><updated>2010-01-17T20:07:23.074+01:00</updated><title type='text'>No son horas de llamar</title><content type='html'>Llevaba meses sin trabajar, viviendo de los ahorros y quedándose todo el día en la cama, leyendo, abanicándose y bebiendo cerveza fría. Había perdido más de diez kilos de peso y la ropa le sentaba como si me la hubiera prestado un amigo entrado en carnes aunque tampoco importaba mucho, porque apenas si salía de casa. Nada le importaba y su única pretensión era escapar de la indiferencia y el sopor insensible derivado de una pena de amor mal curada. Sin embargo, no sabía cómo hacerlo y sus actos iban en dirección opuesta a sus intenciones declaradas, poniendo de manifiesto su incapacidad para zafarse de una dinámica ya patológica. Era cada vez más consciente de estar alejándose de la realidad (y de los demás) y temía, en angustiosos arrebatos de conciencia, traspasar irremediablemente el umbral de la locura. No olvidaba, que una hermana de su padre había muerto en un psiquiátrico y sacudía la cabeza para no especular acerca de los inescrutables caminos de la genética y la insania mental. Ser infeliz no era poco, y él se conformaba con no ser pretencioso.&lt;br /&gt;Una noche, intoxicado de alcohol más que de costumbre (la ingesta de cerveza y whisky aumentaba a medida que disminuía sus esperanzas) llegó hasta el teléfono, arrastrado por su anormalidad emotiva y unos impulsos no reprimidos. Marcó un número memorizado y esperó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Hola? – contestó una voz femenina&lt;br /&gt;-  Hola, querida – dijo conteniendo la risa&lt;br /&gt;- ¿quién te dio éste número? – preguntó alarmada y casi gritando&lt;br /&gt;- Aahhhh, yo no soy ningún soplón&lt;br /&gt;- ¿Estás borracho? &lt;br /&gt;- Nooo, para naaada, estoy lúcido como si no existiera, que escribió el poeta&lt;br /&gt;- Mirá, no se cómo conseguiste el número ni porqué llamás pero nosotros ya no tenemos nada de que hablar&lt;br /&gt;- Eepa, ¡qué suspicaz que me saliste¡ sólo quería saber cómo andás, de buena onda&lt;br /&gt;- No tengo nada que decirte, así que te voy a colgar. Olvidáte de que existo y….&lt;br /&gt;- ¿Estás sola? – la interrumpió &lt;br /&gt;- Eso no es asunto tuyo&lt;br /&gt;- Dale, pasámelo que quiero darle unos consejos para cuando esté con vos en la cama ¿estáis en la cama ahora mismo?&lt;br /&gt;- Dejáme en paz, chau&lt;br /&gt;- No colgués, no colgués – imploró, antes de añadir – sólo quería decirte que todavía pienso en vos y que podríamos quedar algún día, como amigos nomás, para tomar un cafecito y ponernos al día ¿no?&lt;br /&gt;- Mirá, vos estás en pedo por partida doble si te pensás que quiero volver a verte. Para mí no sos nada, estás muerto, aunque ahora te mamés unos tragos y te de por telefonearme. Andá a dormir la mona y mañana empezá a cambiar de vida o moríte, pero desaparecé para siempre de la mía&lt;br /&gt;- O sea, ¿Qué ya no me querés? Mirá vos, qué pena, che porque iba a contarte un secretito que te iba a encantar. Bueno, mirá, te lo voy a contar igual, por los tiempos pasados ¿viste?. Me estoy cogiendo a tu amiga Mabel – mintió - ¿no decís nada? – interrogó tras una pausa. No sabés cómo se mueve, nada que ver con una frígida como vos. Lástima que no la hubiera conocido antes, porque seguro que ahora tendríamos dos o tres chicos correteando por la casa. Uy, perdón, qué poco tacto por mi parte, me olvidaba que vos no podés tener hijos. Bueno, no te preocupés, ahora eso de las adopciones es mucho más fácil que antes&lt;br /&gt;- ¡Andáte a la puta que te parió y hacéte un enema, pelotudo! – colgó con violencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, amaneció con una intensa resaca y la certeza de haber hecho el imbécil. La angustia de la culpabilidad crecía a cada momento y de poco valían los Alka Seltzer y el jugo de tomate con sal para los males del alma. Tenía ganas de morirse y se debatía con vergüenza ante la perspectiva de volver a telefonearla para pedirle perdón. No sabía qué hacer, así que no se le ocurrió otra que echarse a dormir, olvidarse de sí mismo y de lo sucedido, como si no existiera, como si lo de anoche no hubiera pasado nunca. Cuando despertó, seis horas más tarde, comprendió que ya había tocado fondo, que esa llamada supuso un punto de inflexión, un antes y un después en el mal que le aquejaba de unos meses a esta parte (desde que ella le había dejado) y que si no se levantaba en ese momento, nunca más lo haría. Las oportunidades de redención no se presentan a diario y menos cuando la puerta está casi siempre cerrada. &lt;br /&gt;Súbitamente lúcido y animado, se duchó, vistió y bajó a la calle a tirar todas las botellas y el teléfono al tacho de la basura. Sentía que quizás sus días aún no se habían cumplido pero debía protegerse y no recaer; las noches sin ella eran muy largas y las nostalgias, jodidamente traicioneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-6836840776143473526?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/6836840776143473526/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/no-son-horas-de-llamar.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6836840776143473526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/6836840776143473526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/no-son-horas-de-llamar.html' title='No son horas de llamar'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-65199528517010860</id><published>2010-01-14T20:18:00.016+01:00</published><updated>2010-01-15T08:31:02.519+01:00</updated><title type='text'>Ernesto y Sebastián</title><content type='html'>El bar era oscuro, largo y en él siempre hacía frío, como si se dejaran abiertas las puertas de entrada y del fondo y se creara corriente. A estas incomodidades, se sumaba una atención indolente, un decorado pobre que invocaba a la tristeza y el mal hábito de no tener las bebidas del todo frías. Si el local tenía algo bueno, era que casi siempre estaba vacío, razón por la cual Ernesto continuaba visitándolo de tarde en tarde. &lt;br /&gt;En aquella ocasión, nada más entrar se encontró a su amigo Sebastián Levi-Minzi apoyado en el mostrador, con una copa de vino blanco delante y mirando hacia arriba en busca de terapia (“el mejor psicoanalista en un techo” había dicho o escrito alguien).  El flaco se mantenía bárbaro: conservaba el pelo de un pibe, no marcaba barriga y podía pasar más por cuarentón avanzado que por cincuentón recién estrenado. Por lo demás, era uno de los más reputados directores teatrales del país y la amistad entre ambos se remontaba a los lejanos días de compartida vecindad y escuela, partidos de fútbol en la vereda y sinagoga los sábados por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés, Sebas? – lo abordó palmeándolo el hombro&lt;br /&gt;- Nada, acá estamos, pensando un poco ¿sabés? – contestó con cierto misterio&lt;br /&gt;- Y, no, si no me contás, no sé &lt;br /&gt;- Dale, pedíte algo y nos sentamos allá – propuso señalando una mesa pegada a al ventanal &lt;br /&gt;- Bueno, ahora contá – lo animó Ernesto instantes más tarde&lt;br /&gt;- Ayer me fui de casa – confesó ceremonioso el otro&lt;br /&gt;Se detuvo ahí y fue Ernesto quién tomó la palabra:&lt;br /&gt;- A ver, dejáme adivinar; conociste a una mina, actriz, por supuesto y de la edad de tu hija, que te hace sentir importante y devolvió la pasión por vivir. A su lado te sentís otro, más joven y capaz de todo. Ah, sí y además, la pendeja no es ninguna boluda y lo vuestro no es sólo sexo, porque es muy inteligente y tiene vida interior&lt;br /&gt;- ¿Por qué no te vas a la concha de la lora?!&lt;br /&gt;- ¿Y qué querés? ¿Que te diga que no sos un sonso que cometés los mismos errores que cualquier pelotudo de mediana edad falto de maduración, que cambia a una mujer como la tuya porque no sabe qué carajo quiere en la vida y tiene miedo a envejecer?. Mirá, yo no te voy a dar la absolución y Mónica menos todavía. Dejá eso para los católicos. Vos bancáte la culpa y pagá lo que te toca. &lt;br /&gt;- Es que ustedes no lo pueden entender &lt;br /&gt;- No, a mí no me faltés el respeto y me contés milongas. Prefiero que me digás que la mina coge divinamente y que con ella descubriste el lado animal y salvaje del sexo, a que me vengás ahora con eso de que no puedo entenderlo. ¿Te pensás que sos un caso especial?. Ahí afuera está lleno de tipos en situación parecida a la tuya. Lo que pasa, es que yo pensé que vos eras más inteligente que ellos, viste. Se ve que me equivoqué, pero no pasa nada: me ocurre con frecuencia. &lt;br /&gt;- Tenemos planes, ¿sabés?&lt;br /&gt;- Querrás decir que ella tiene planes y vos te dejás llevar, no?. A no ser que seas tan ingenuo que pensés que sos vos quien toma las decisiones. Por favor, Sebas, que sos grande, y ser tan gil te queda feo. Es ella quien te eligió y lo mismo que te eligió te va a dejar plantado cuando le convenga. &lt;br /&gt;- ¿Tan descreído sos que ya ni creés en el amor? &lt;br /&gt;- ¿Vos estás en joda o me lo decís en serio?. Porque si es lo primero te lo paso pero, si es lo segundo, te mando de urgencia a mi terapeuta. No mezcles el amor con esto, que esto se llama de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió con un lado de la boca, en una mueca a medio camino entre la ironía y la amargura antes de apurar su copa y ponerse de pie.&lt;br /&gt;- Bueno, me tengo que ir, que se me hace tarde - se excusó tras mirar su reloj- No se si tenés razón, Ernesto,  pero no puedo evitarlo. La amo y quiero otra vida. Puede que me salga bien o no pero lo que tengo claro es que, si no lo intento, me voy a arrepentir para siempre. &lt;br /&gt;- Entonces te deseo suerte; porque todo el mundo se la merece, y porque te va a hacer mucha falta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se estrecharon la mano y Ernesto se quedó pensativo, mirando fijamente a la puerta después de que su amigo hubiera salido por ella. Sí, tal vez tuviera razón, pero era lo único que tenía. &lt;br /&gt;- ¿Le sirvo otro vino? – le interrumpió el mozo viendo la copa vacía&lt;br /&gt;- Dele. Total, yo no tengo quien me espere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-65199528517010860?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/65199528517010860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/ernesto-y-sebastian.html#comment-form' title='56 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/65199528517010860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/65199528517010860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/ernesto-y-sebastian.html' title='Ernesto y Sebastián'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>56</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7368155637523375118</id><published>2010-01-10T20:59:00.014+01:00</published><updated>2010-01-10T22:14:20.058+01:00</updated><title type='text'>Apenas una carta</title><content type='html'>En cuanto Mario tomó aquel sobre azul en sus manos, se fijó en varios detalles que le provocaron intriga y una creciente premura por abrirlo: la ausencia de estampillas, de remitente y ver su nombre escrito en mayúsculas, con trazo inseguro y autoría inequívocamente femenina (la redondez de las letras así lo atestiguaba). Sin embargo, controló el impulso inmediato y lo guardó en el bolsillo de su saco antes de dirigirse al ascensor. Durante la subida, se entretuvo imaginando una ambientación adecuada para la lectura ansiada, que presentía tan interesante como el misterio que proponía el anonimato. Determinó que lo más idóneo sería poner algo de música, quizás Brahms, servirse un excelente oporto vintage y tomar asiento cómodamente en el mullido sofá del living. Sólo entonces estaría en condiciones de encarar la apertura de aquel sobre, rasgándolo con un abrecartas por un lateral y teniendo cuidado de no dañar el interior.&lt;br /&gt;Cuando por fin cumplió con todos los requisitos previstos, extrajo una cuartilla, en color rosa aromatizada con perfume de vainilla, y leyó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Estimado Mario:&lt;br /&gt;Tal vez no me recuerdes, puesto que sólo nos vimos en pocas ocasiones pero aún así guardo la esperanza de lo contrario porque, en todas ésas oportunidades, me pareció advertir en tu mirada una notoria curiosidad hacia mi persona. Yo soy Gabriela, amiga de tu ex novia Silvina y te ruego no me tomes ni por una loca ni una desubicada. A mi edad, no puedo permitirme demoras absurdas por culpa de obsoletos convencionalismos. Tengo prisa, apuro por ser feliz, por aprovechar las coyunturas que la vida me presenta y no voy a dejar que un orgullo desmesurado o una lealtad mal entendida me impida manifestar mis sentimientos: Me gustás, Mario. Me gustás mucho. Desde el primer día que te vi e incluso de antes, cuando mi amiga me contaba cosas de vos y me refería lo especial que eras y lo feliz que la hacías. Ahora que ya no estáis juntos decidí jugármela por vos porque, de no ser así, me arrepentiría siempre. Intuyo que a tu lado puedo volver a enamorarme y sentirme como una mujer plena, recuperando esa sensación de efervescencia existencial que perdí hace tanto tiempo. No quiero presionarte y únicamente te pido me des una oportunidad, que nos conozcamos, sin prejuicios, sin complejos ni reticencias. Sólos vos y yo, con un mantel de por medio y enfrentados el uno al otro. ¿Qué me decís? ¿aceptás la proposición?. Dále, no eludás el reto…..arriesgáte. A lo mejor, ni tenés que arrepentirte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un beso. Gabriela&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pd: te adjunto mi mail: gabiheller@gmail.com”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó de leer la carta y volvió a hacerlo nuevamente, intentando rastrear, en ese proceder tan inhabitual en cualquier fémina, alguna clave que le indicara el camino a seguir. Por un lado, admiraba la extravagante valentía de la mina, de quien se acordaba muy bien (no pasaba desapercibida) y por otro, recelaba e imaginaba que todo obedecía a una confabulación entre ella y Silvina, como si la primera quisiera demostrar a la segunda lo acertado de sus advertencias sobre él en particular y todos los hombres en general, convirtiéndolos así en víctimas de su traumático divorcio y malogradas relaciones posteriores. Finalmente, desistiendo de estériles especulaciones psicológicas, dobló el papel, lo guardó en un bolsillo y se echó a dormir, sonriente y con la satisfacción de estar viviendo algo que por lo normal, jamás sucede.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7368155637523375118?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7368155637523375118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/apenas-unacarta.html#comment-form' title='25 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7368155637523375118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7368155637523375118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/apenas-unacarta.html' title='Apenas una carta'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>25</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5923884368100730712</id><published>2010-01-05T14:26:00.015+01:00</published><updated>2010-01-30T01:20:40.815+01:00</updated><title type='text'>Tintero azul</title><content type='html'>Mientras se concretaba alguno de mis proyectos de documentación presentados, mataba las sucesivas jornadas de parado sin prestación desayunando fuera, repasando la prensa y descubriendo autores nuevos en mi librería de referencia y títulos descatalogados en otras de lance. Me hartaba también de vagar por las calles mojadas, sin llevar nunca paraguas y soportando las estúpidas miradas reprobatorias de alguna vieja chota (como si mi actitud les afectara en algo) o del típico pelotudo a quien en su casa no enseñaron que es de mala educación quedarse mirando a la gente. Con uno de éstos, un tipo con menos carnes que un híbrido entre Patti Smith e Iggy Pop, no me aguanté más y le espeté con mi mejor cara de ogro: “¿Y vos qué mirás, tarado?”. Desvió la cabeza y aceleró el paso. Mejor para él. Por lo demás, apenas nada que reseñar; no me atraía tomar cañas solo en los bares, mi colección de películas porno tailandesas había quedado obsoleta hacía rato y mis ex amantes ni se tomaban la molestia de responder a los mensajes más o menos sutiles que les mandaba al celular. En resumen, estaba en crisis así que, para adecuarme a mi estado decadente, me resistía a afeitarme, vestía con poco esmero y sólo consumía platos enlatados. Para compensar, mermaba a conciencia mi bodega y remataba mis comidas con café a granel y una religiosa copita de oporto.&lt;br /&gt;Sin embargo, en medio de un panorama donde se movía entre el color negro y una amplia gama de grises, tuve la luminosa fortuna de toparme en Internet con una entrevista al magnífico escritor argentino Pablo Rosensztein. Casi me emociono por el hallazgo. Yo siempre fui un fiel seguidor suyo, desde que descubrí su primer libro de cuentos “Variaciones de lo parecido” (que remonta el paso del tiempo a lomos de una exquisita ingenuidad juvenil) hasta su última novela “Más al norte” (2009) pasando por la elegante “Sutilezas” (1999), la que está considerada su obra maestra “Premoniciones” (2001) o las más que dignas “Maquinaciones de un cómodo” (2003), “Aburrido” (2005) y el grueso compendio de relatos bélicos “Locos son los otros” (2007) por eso, me tumbé en la cama con el portátil entre las piernas y dispuse a escuchar sus palabras.&lt;br /&gt;Dado que Rosensztein es un autor de sobra conocido por los amantes de la buena literatura, paso directamente a reproducir algunos de los pasajes más interesantes de la citada entrevista. La misma, tuvo lugar en los estudios de Canal 13, en el marco del programa literario Tintero Azul, la conducción del espacio corrió a cargo del “turco” Sergio Alaluf y la fecha, corresponde al 19 de Septiembre del pasado año:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A la gente le resulta curioso su empeño en no presentar ninguna de sus obras a concurso literario alguno ¿es una fijación, una promesa o una estudiada pose?&lt;br /&gt;* No es ninguna de las tres cosas. Simplemente tengo arreglada la cuestión económica y por tanto no necesito prestarme a intrigas ajenas a mi ética. Además, yo escribo para mí y para algunos lectores, no para ganar a nadie. &lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;- En su obra, los personajes suelen ser individuos en busca de remisión, con ánimo de engancharse a la vida cuando parece que los trenes dejaron de pasar y de pronto asoma una locomotora allá por el horizonte ¿por qué de esta constante?&lt;br /&gt;* Y bueno, supongo que arrastro influencias de la novela negra, un género que siempre me gustó y que nunca abandoné y también porque me resultan más seductores los perdedores que quieren cambiar de condición, que los eternos ganadores. Son más humanos, se prestan mejor a los matices y despierta mi curiosidad observar cómo se aferran desesperados a luchar contra los envites del azar y los rigores de una realidad poco gratificante para poder ganar, aunque sólo sea por una vez.&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;- Su padre es un superviviente del Holocausto de origen polaco, su madre una afamada pintora norteamericana y usted pasó varios años en un kibbutz de Galilea ¿en qué medida piensa que este bagaje multicultural ha influido en su obra, bien apreciada en el exterior, por cierto…?&lt;br /&gt;* Míre….yo soy de Letras, por lo tanto soy un hombre de metáforas y no de divisiones. Esto queda para las precisiones matemáticas, pero no para mí….Con esto le quiero decir que me sobran las etiquetas….La obra de todo autor brota inevitablemente de sus vivencias y sus circunstancias vitales. En mi caso, tuve la fortuna de vivir en varios países y tratar desde pequeño con gente de toda condición étnica y cultural, con lo cual, no me siento ajeno en casi ninguna parte del mundo pero, de en cualquier caso, le aseguro que, en el fondo, nos parecemos más que lo que indican nuestras formas. El hombre no cambia a la misma velocidad que la tecnología, y no es nada extraño que los anhelos de un indígena de Nueva Guinea coincidan bastante con los de un bombero de New Jersey.&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;- Para terminar, ¿cómo ve el futuro del libro? &lt;br /&gt;* Jodido, lo veo jodido. Por un lado, es cierto que cada vez se editan mayor número de  títulos pero….los chicos parecen crecer cada vez menos interesados en la lectura….prefieren otros tipos de ocio que requieren menos esfuerzos, ante la casi total indiferencia de los progenitores quienes, con tal de que no les molesten cuando regresan de la oficina, los dejan hacer lo que quieren, sin implicarse activamente en su educación. Hoy en día, a un pibe de trece años le regalás “La isla del tesoro” y te lo tira a la cabeza después de mandarte una puteada…..Y si hablamos de los lectores adultos, qué quiere que le cuente ! Vió usted la lista de los más vendidos el último mes?....&lt;br /&gt;- Sí, y estaba usted&lt;br /&gt;- Jajajaja por eso !&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5923884368100730712?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5923884368100730712/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/tintero-azul.html#comment-form' title='33 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5923884368100730712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5923884368100730712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/tintero-azul.html' title='Tintero azul'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>33</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5230287903641991800</id><published>2010-01-04T05:02:00.047+01:00</published><updated>2010-01-05T04:50:06.210+01:00</updated><title type='text'>Matador</title><content type='html'>Silvio Viterbi es argentino, soltero, tiene cuarenta y tantos años y alterna su profesión de publicista con la docencia en una universidad privada. Sus padres, dos judíos italianos que recalaron en Bs.As. huyendo de Mussolini, provenían de la burguesía Toscana (un abuelo terrateniente, otro médico) y residen a escasas tres cuadras de su departamento. No tiene más que una hermana, cuatro años menor; Adriana y desde siempre que recuerda, hubo perro en casa. Por lo demás, nada que resulte anormal o llame particularmente la atención:&lt;br /&gt;Estatura: 1,78 m&lt;br /&gt;Color de ojos y cabello: miel y castaño claro, respectivamente&lt;br /&gt;Número de pie: 42&lt;br /&gt;Signo astral: Aries, con ascendente Capricornio&lt;br /&gt;Mujeres con las que se acostó: 18&lt;br /&gt;Libros que sostienen sus estanterías:  2.997&lt;br /&gt;Auto que maneja: Peugeot 307&lt;br /&gt;Cantantes preferidos: Andrés Calamaro y Bob Dylan&lt;br /&gt;Actores favoritos: Cary Grant, Edward Norton y Billy Bob Thornton; Actrices: Mel Streep y Soledad Villamil (no sabe si es de las mejores pero sí con la que más sueños eróticos ha tenido)&lt;br /&gt;Postres que le encantan: tiramisú con helado de sambayón y casi todos los que lleven frutillas, aunque sea de putos&lt;br /&gt;Amigos que tiene: 3 fijos y otros tantos en órbita permanente&lt;br /&gt;Zapatillas que usa: Adidas&lt;br /&gt;Pantalones que más se pone: unos Levi’s etiqueta roja&lt;br /&gt;Manías confesables: arrancar las etiquetas de las botellas de cerveza, leer el diario comenzando por atrás, forrar los libros, tener los lápices siempre afilados, quedarse dormido con la radio encendida&lt;br /&gt;…………………………………………………………………&lt;br /&gt;.........................&lt;br /&gt;Sin embargo, y obviando lo anterior, que por indicar indica muy poco, el tal Silvio arrastra una peculiaridad que le distingue del resto de sus coetáneos (a no ser que mañana surja alguien que me desmienta y pueda documentarlo). Algo que le convierte en único en su especie y que le hace temible: puede provocar cáncer en el prójimo. Sí, así es, a pesar de que resulte casi inverosímil. Desde hará unos diez años, el tipo viene comprobando cómo, la gente que odia va muriendo de diferentes cánceres en menos de seis meses. Al principio, Silvio no asociaba el fallecimiento de estos indeseables a otra causa que no fuera el azar pero, poco tardó en decirse a sí mismo que eran muchos muertos para que únicamente interviniera la casualidad. Los números cantaban y, de esta manera, se sucedieron: el atorrante que estafó a su viejo en un negocio, la ex mujer del tío Arrigo (al que arruinó para luego largarse con otro), el desgraciado que le robó la cartera a punta de pistola, aquél catedrático antisemita que casi le impide licenciarse o ése novio que tuvo su hermana y que resultó que estaba casado. A pesar de su horror, y no cierta satisfacción que por motivos morales eludía reconocer, esos poderes, lejos de desaparecer se acentuaron, y las siguientes víctimas fueron alcanzadas aunque el odio no se mostrara más que como algo pasajero. Así, pasaron a mejor vida; el gordo pelotudo que siempre rompía las bolas en las reuniones del consorcio, la funcionaria que no le atendió convenientemente en la Municipalidad, un tipo de la otra cuadra que maltrataba a su mujer, el coreano de al lado que dejaba la vereda llena de escupitajos, la vieja chota del cuarto A que se no hacía más que chismear o el mecánico atorrante que le arreglaba una cosa al auto y estropeaba otra para hacerle volver. Estos que supiera… porque, del fallecimiento de otros más anónimos ni se enteró, como del taxista que le quiso cobrar de más aquél día que tenía el auto en el taller y fue a ver a una novia que vivía en la Loma del Orto, el colectivero chanta que le salpicó a propósito un jueves tormentoso, el pendejo al que descubrió pintando una esvástica en la pared del edificio donde vivían sus padres o el maricón que le miraba lo que tenía entre manos mientras meaba en el baño de un cine de Corrientes, por citar unos pocos y no alargar la relación.&lt;br /&gt;Voy a omitir cómo conocí yo éste secreto de Silvio Viterbi, porque es algo que queda entre los dos pero, les voy a dar un buen consejo: si lo encuentran, aléjense de él y sino, no le ofendan. De lo contrario, vayan haciendo testamento. Ah, y no lo divulguen, porque nadie va a creerles. La gente no es tan crédula... ¿o sí?.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5230287903641991800?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5230287903641991800/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/matador.html#comment-form' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5230287903641991800'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5230287903641991800'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2010/01/matador.html' title='Matador'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-5806081380440099556</id><published>2009-12-31T02:24:00.034+01:00</published><updated>2009-12-31T13:07:10.667+01:00</updated><title type='text'>Tropiezo</title><content type='html'>Salí contento de la peluquería, pasándome gustosamente la mano por mis cabellos recién rapados, buscando el reflejo en los cristales con que me cruzaba e intentado observar alguna reacción en las mujeres que pasaban. Siempre me había quedado bien el pelo tan corto, en particular si lo combinaba con una perilla blanquinegra y sobre todo, si añadía camisa o camiseta en tonos oscuros. Ese día en concreto, lucía un polo Burberrys (siempre me gustaron más que los Lacoste) azul marino, no me había afeitado desde la semana anterior y me vi obligado a ponerme las gafas de sol, conformando un conjunto que me hizo caer en la cuenta que tenía “el guapo subido”. Vanidoso y animado, caminaba despreocupado rumbo a casa, canturreando algo del viejo Bob Dylan y repasando mentalmente la compra que debía hacer. Debía de estar realmente concentrado porque no reparé en ella hasta que fue demasiado tarde y no había escapatoria. Hacía ocho años que no nos veíamos y, sin embargo, apenas la reconocí, el corazón comenzó a latirme con fuerza y un amago de vértigo amenazó mi cabeza.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo estás, Guido? – me preguntó tras recibirme con una breve sonrisa y dos besos&lt;br /&gt;- No tan bien como a vos por lo que veo – repliqué con mi mejor cordialidad fingida mirándola de arriba a abajo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susana fue la mujer más importante que pasó por mi vida y uno de esos recuerdos dolorosos que uno aparca en la parte más recóndita de la memoria, allá donde está el desagüe por el que echamos lo que sobra. Nos habíamos conocido apenas aterricé en Madrid y compartimos cuatro años de nuestra vida. Si por mi fuera hubiéramos estado más tiempo juntos pero, ella pensó que era una mejor opción de vida liarse con su jefe en la empresa bursátil que trabajaba desde que se había licenciado y a mí no me quedó otra alternativa que salir de escena, en silencio y sin hacer reproches.&lt;br /&gt;Ahora, después de tanto tiempo, la tenía otra vez delante y me fastidiaba (mentiría si dijera lo contrario) comprobar que seguía estando igual de buena que siempre, o incluso más, dado que si antes no era del todo consciente de los estragos que podía provoc&lt;br /&gt;ar su cuerpo, su actual madurez la hacía estar de vuelta y media. Sí, estaba radiante; con la piel bronceada, el pelo brillante, los dientes blanquísimos y un traje sastre oscuro conjuntado con un bolso y zapatos caros. &lt;br /&gt;- Será que tu siempre me has visto con buenos ojos – reanudó la conversación&lt;br /&gt;No le pegaba la falsa modestia pero no iba a darle el gusto de volver a alabar su belleza&lt;br /&gt;- Será eso, entonces&lt;br /&gt;- Bueno, tú tampoco estás nada mal, y esas canas te dan un toque muy interesante...¿Te has casado? &lt;br /&gt;Me sorprendió la pregunta y sentí como mi corazón volvía a acelerarse. Temí que se me notara y ensayé mi mejor sonrisa a modo de distracción.&lt;br /&gt;- No, ¿por qué? ¿ vos me ves cara de casado?&lt;br /&gt;- La verdad es que sí, aunque no tienes barriga y con ése corte de pelo pareces más gay que otra cosa&lt;br /&gt;- Qué cosas más lindas me decís ¡ Y yo que andaba tan contento…&lt;br /&gt;- Yo sí me casé ……y me separé….por suerte, no tuvimos hijos.........&lt;br /&gt;¿Tienes tiempo para tomarte un café y así charlamos con más calma? - propuso tras un incómodo silencio&lt;br /&gt;No comprendía de qué teníamos que hablar después de ocho años y aún cuando la proximidad de su cuerpo me despertaba la líbido, algo dentro de mí me alertaba de debía largarme cuanto antes. &lt;br /&gt;- Mírá, la verdad es que me encantaría  - mentí - pero dejé al perro solo en casa y tengo que llevarlo al veterinario porque se pasó la noche vomitando el pobre…y estoy un poco asustado – seguí mintiendo .&lt;br /&gt;- Ay, pobrecito(como si se lo hubiese creído ¡)...bueno y...¿otro día? ¿te apetece que quedemos otro día? Yo ahora vivo por aquí cerca y ...&lt;br /&gt;- Ah, sí, me parece perfecto - respondí simulando interés y sacando a relucir el hipócrita que ni sabía que llevaba dentro&lt;br /&gt;- ¿Quieres que te de mi teléfono?&lt;br /&gt;- No, dejá, mejor te doy yo el mío&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más despedirnos, con dos besos y la promesa de encontrarnos de nuevo, me volví para observarla de espaldas  “¡qué hija de puta!,¡está cada día más buena! , me dije a mí mismo, evocando viejas sesiones de cama y preguntándome si había hecho bien al darle un número inventado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-5806081380440099556?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/5806081380440099556/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/tropiezo.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5806081380440099556'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/5806081380440099556'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/tropiezo.html' title='Tropiezo'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-8660276238617666724</id><published>2009-12-29T01:40:00.002+01:00</published><updated>2009-12-29T02:21:18.407+01:00</updated><title type='text'>Hotel</title><content type='html'>Le gustaba ése hotel. Construido inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, presentaba una apariencia sólida y duradera, con mucha piedra caliza por fuera y rojizo mármol italiano en el interior. A cada paso, una palpable materialidad de añeja distinción se veía reafirmada por detalles como el brillo de embellecedores de bronce o los tonos oscuros de las maderas nobles del mobiliario. Incluso el personal parecía tener un aspecto vetusto, desde lo físico hasta en el vestir, como si ahí adentro el tiempo transcurriera a distinta velocidad que en el mundo exterior. Por eso, cada vez que Daniel entraba en el Majestic, se sentía invadido por gratas ensoñaciones de otras épocas y a su mente acudían maharajás y cabareteras, espías de potencias extranjeras, millonarios con amantes y decadentes actrices que se entregaban a vicios inconfesables en la penumbra de sus habitaciones. Recién cuando pasaba al elegante bar de la planta baja y echaba un primer trago a su whisky conseguía desprenderse de sus alucinaciones y centrarse en la realidad. Estaba allí, como cada semana, para encontrarse con una mujer y si bien no temía la cancelación de la cita, miraba el reloj con cierto nerviosismo, más propio de su natural impaciencia que de temores fundamentados. Por fin, cuando apenas pasaban cinco minutos de la hora fijada, Natalia irrumpió en la refinada estancia, vestida con un elegante abrigo de visón, un traje sastre negro con medias a juego y el pelo, aún húmedo, recogido en una coleta. La precisión de sus gestos y la energía de su andar, potenciaban su imagen de cuarentona burguesa y desenvuelta, dinámica y tan segura de su atractivo que consentía con desprecio las deseosas miradas de los hombres con que se cruzaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Querés tomar algo? – le preguntó él&lt;br /&gt;- No, mejor subamos – contestó ella con media sonrisa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cuarto, el 310, mientras Daniel abría la ventana y bajaba la persiana, Natalia se desprendía de sus prendas hasta quedarse únicamente engalanada con una sedosa combinación negra. Sabía que el negro contrastaba con su blanquecina piel y evidenciaba aún más sus aparentes encantos, inflamando la líbido de un amante deseoso de tomar posesión de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás tomando algo para estar tan buena?&lt;br /&gt;- Sí…….a ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la ducha, mientras se vestían, no podían evitar ver su satisfacción por el buen sexo compartido empañada por la frustración de tener que marcharse. Pero pronto se consolaban; la promesa de futuros encuentros les dibujaba una sonrisa sólo borrada cuando, al llegar a la calle, consultaban con aprensión sus respectivos relojes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Uy, se me ha hecho tardísimo querido, me voy corriendo a recoger a los chicos al colegio&lt;br /&gt;- Sí, yo también me voy volando que tengo una reunión con un cliente&lt;br /&gt;- ¿Podrías traer uno de esos panes de centeno tan buenos de al lado de tu oficina para la cena?&lt;br /&gt;- Claro&lt;br /&gt;- Te quiero, mi vida&lt;br /&gt;- Y yo a vos, corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PD: Él es argentino; ella, no.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-8660276238617666724?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/8660276238617666724/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/hotel.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8660276238617666724'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/8660276238617666724'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/hotel.html' title='Hotel'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-7017088623611728375</id><published>2009-12-25T23:02:00.000+01:00</published><updated>2009-12-26T20:02:44.476+01:00</updated><title type='text'>Morbo doméstico</title><content type='html'>- Decíme ¿vos me querés? – me espetó mi esposa con su mejor cara de enojo&lt;br /&gt;- ¿Perdón? - respondí arqueando las cejas y haciéndome el boludo&lt;br /&gt;- ¿Que si vos me querés - reiteró la pregunta alzando aún más la voz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que yo tuviera tiempo a contestarle, retomó la palabra y se embaló en sus reproches:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Porque si me quisieras no te portarías así y no me avergonzarías ante mis amigos…pero quién te pensas que sos, querido ¡ te sentís demasiado inteligente para ellos? … me tenés podrida con ese sentirte superior a los demás…&lt;br /&gt;- Sí, ahora que lo decís, sí , me siento más inteligente que ellos y que muchos de mis amigos incluso pero, con todo mis amigos son mis amigos y a los tuyos no tengo porqué aguantarlos…..&lt;br /&gt;- Pero por qué no te mirás un poquito a vos mismo.....no entiendo porqué te hacés el insociable, cuando en realidad sos un tipo de conversaciones brillantes, que encandilás a la gente a tu antojo y dejás la sensación de ser alguien encantador y seductor….decíme ¿ lo hacés para joderme, no ? …porque sino, te juro que no lo entiendo&lt;br /&gt;- ¿Esos son tus amigos? dejáte de joder, flaca ¡¡.. …si son una banda de forros, snobs menguados de inteligencia que no tienen de qué hablar….ellas no son más que unas calienta braguetas que me tocan con sus pies por debajo de la mesa o me pasan su teléfono cuando vos te vas al baño y ellos unos pelotuditos más vacíos que la palabra D-os en labios de un descreído…sobre todo el taradito de tu jefe, con ese pelo de virulana y dándoselas de enólogo desde la cabecera de la mesa diciendo: “nmmm, está afrutado” tras catar el vino ……pues claro, pelotudo, cómo no va a estar afrutado si sale de la uva …¡¡¡¡ No me banco a esa gente….arquitectos de medio pelo .…con la Bauhaus siempre prendida en los labios y disertando sobre Jamaica y otros sitios exóticos a los que en su puta vida viajarán…&lt;br /&gt;- ay, claro, y como vos sos el intelectual, el bohemio, el escritor….el porteño canchero y cosmopolita, estás por encima de todo eso, no ? …no sé cómo te aguanto…sos sos…..&lt;br /&gt;- ¿Soy qué? decímelo ….¿soy qué? – estallé fuera de mí&lt;br /&gt;- Sos…..no sé lo que sos pero cuando te ponés así, me das asco – me escupió con cara de desprecio&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿qué te doy asco? – pregunté indignado – vení acá, vení acá, que te voy a dar asco de verdad, turra…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La agarré del brazo y la arrastré violentamente hasta el dormitorio. La tiré sobre la cama y tumbándome encima de ella comencé a arrancarle la ropa sin miramiento alguno y despreciando sus repetidos y desesperados gritos de NO.&lt;br /&gt;Apenas media hora después, recuperando la respiración todavía entrecortada por el esfuerzo y el cuerpo perlado de sudor, fumábamos mirando al techo e intercambiábamos unas breves palabras post-coito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- me encantan estos juegos, mi vida – me dijo pasándome las uñas por el pecho&lt;br /&gt;- a mí también – contesté con orgullo de macho complacido&lt;br /&gt;- pensáte algo para la semana que viene y volvemos a dejar a los nenes en casa de mis viejos..…porque esto de la esposa enojada ya dió mucho de sí..&lt;br /&gt;- ¿no querés repetir con el lobo y caperucita, el señor y la mucama, María Antonieta y el lacayo o la amiga de mi hermana que viene a dormir a casa?&lt;br /&gt;- No, mejor algo nuevo, ¿no te parece?&lt;br /&gt;- Sí, tenés razón….... vos no te preocupés y dejámelo a mí, que mañana o pasado seguro que se me ocurre algo...&lt;br /&gt;- Te quiero, querido&lt;br /&gt;- Y yo a vos…..&lt;br /&gt;- ¿apago la luz?&lt;br /&gt;- Por favor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CLIC&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-7017088623611728375?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/7017088623611728375/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/morbo.html#comment-form' title='29 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7017088623611728375'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/7017088623611728375'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/morbo.html' title='Morbo doméstico'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>29</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-2454381399405277243</id><published>2009-12-25T13:21:00.001+01:00</published><updated>2009-12-25T13:40:31.742+01:00</updated><title type='text'>La misma piedra</title><content type='html'>Se terminó enamorando. Por casualidad, como ocurre siempre en estos casos pero, una vez más, de la persona equivocada. Su natural tendencia a aproximarse sentimentalmente a las mujeres menos convenientes se había vuelto a manifestar, reiterándose en el error. En las ocasiones que, dejando de lado su vocación de picaflor no profesional, se involucró en historias pretendidas de largo alcance y profundo calado, retornó a la amargura del fracaso personal, a la irascibilidad del optimista decepcionado y a su existencia errática de solitario maldito. &lt;br /&gt;Sin embargo, ahora las cosas eran muy diferentes. Hacía tiempo que había dejado de ser un adolescente de frágil corazón y espíritu excesivamente sensible. Atrás quedaron los goces sórdidos y el apego enfermizo, los cuestionamientos sin pausa y la muerte a cuotas que sucedían temporalmente a cada uno de sus reveses amorosos. Ya no tenía tiempo para lamentaciones, aún cuando la herida hubiese sido inesperada. Debía borrar inmediatamente cualquier vestigio de la presencia del otro, de ella, y sostenerse con entereza y dignidad, evitando la más mínima idealización que envenenara su conciencia. &lt;br /&gt;Mientras pensaba en esto, una iniciativa ingenua le vinó a la mente provocándole una mínima sonrisa. ¿Por qué no te duchas, te vistes con tus mejores pilchas y sales a la calle a dar una vuelta?. Lo meditó un instante, sin siquiera cambiar el gesto, fumando plácidamente junto a la ventana de su cuarto y mirando el espeso tráfico de la calle. Con la última calada la decisión ya estaba enteramente tomada. &lt;br /&gt;Apenas media hora después, empapado en perfume y reafirmado en la lúcida superación del dolor, se encaminó a la av. Corrientes, tentado por un desmesurado optimismo y algún encuentro predestinado en forma de mujer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8734284943872873777-2454381399405277243?l=dulceycolorada.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/feeds/2454381399405277243/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/la-misma-piedra.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2454381399405277243'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8734284943872873777/posts/default/2454381399405277243'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dulceycolorada.blogspot.com/2009/12/la-misma-piedra.html' title='La misma piedra'/><author><name>Guido Finzi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01210042547428959853</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-UsdLqAK2U_w/TzTbn6yMIjI/AAAAAAAAANU/WiGgFqb-TCs/s220/100_3177.JPG'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8734284943872873777.post-6139662709819088988</id><published>2009-12-22T16:45:00.001+01:00</published><updated>2009-12-22T18:15:48.906+01:00</updated><title type='text'>Casi igual</title><content type='html'>Caminé hacia la ducha, semidormido y resacoso, abandonando la insana y hostil penumbra de mi cuarto. La oscuridad y los densos vapores de alcohol y tabaco retrocedieron al abrir la ventana y levantar la persiana, dejando paso a una poderosa bocanada de aire fresco y un agradable olor a tierra mojada. Afuera llovía con insistencia y el cielo mantenía un tono plomizo como de algodón sucio, conformando un conjunto que, lejos de entregarme a la melancolía, me provocaba una moderada alegría y una creciente efervescencia existencial. Desde niño me gustaba la lluvia y a estas alturas de la vida pocas cosas son las que cambian. Tras bañarme, tomé un café bien cargado y un par de aspirinas, notando al instante cómo mi cabeza se aliviaba de un molesto martilleo en las sienes y el conjunto de mis músculos aceleraban su respuesta a mis órdenes. &lt;br /&gt;Salí de casa y, apenas un cuarto de hora más tarde, ya  me encontraba sentado a una mesa en un Café cercano a mi domicilio. El local, contrarrestaba su aspecto decimonónico, de aires añejos y pretensiones palaciegas, con modernos afiches de representaciones teatrales y retratos de estrellas del celuloide cargados de mucho colorido, sobre todo rojo y amarillo. Aparte del decorado, a mí me gustaba el lugar, porque  me permitía deleitarme en especulativas elucubraciones sobre los eclécticos personajes que por él transitaban; desde viejos degenerados de pelo teñido con betún hasta jóvenes pichicateros, pasando por jovatas que te mandaban guiños o retirados oficiales de la Bonaerense que se reunían con otros indeseables para maquinar oscuros negocios. De todo había y, los viernes al anochecer, se congregan puntualmente no menos de una docena de adolescentes vestidos de negro, de esos que escuchan a los Bauhaus o The Cure, toman Bloody Mary y se saben al dedillo los cuentos de Poe, Lovecraft y la biografía de Bela Lugosi. &lt;br /&gt;Sintiéndome algún sesudo personaje de Borges, pedí un café con leche y medialunas mientras me entretenía emborronando mi libreta con notas para la novela que estaba escribiendo. No lograba pasar del capítulo VI y cuanto más me empeñaba en encontrar una solución, más me empantanaba, poniendo en duda todo lo escrito hasta entonces y sopesando la posibilidad de comenzar de nuevo desde el principio. Aburrido y desmoralizado, me dejé distraer por las voces que me llegaban de la mesa contigua. No hablaban de nada especialmente atrayente sino de cuestiones pragmáticas sobre el pago del alquiler, domiciliación de gastos y otros similares, hiriendo mortalmente mis expectativas de escuchar teorías interesantes que después pudiera sacar a relucir como propias en medio de cualquier reunión. Así que, más aburrido de lo que ya estaba, me decanté por encender un cigarrillo y mirar por la ventana. Durante un rato, me entretuve mirando a la gente correr bajo la lluvia y contando cuantos coches negros cruzaban el semáforo de enfrente cada vez que se ponía en verde. Semejante ejercicio de entretenimiento, no daba para mucho pero menos me apetecía retornar a mi departamento y sumirme en las sombras. Fue justo entonces, cuando un ruido de sillas arrastradas me sacó del ensimismamiento; a escasos metros de donde yo estaba, una belleza morena y treintañera, se abría paso hacia la única mesa que quedaba libre. Enseguida se sentó, hizo su pedido al mozo y comenzó a leer el libro que llevaba bajo el brazo. Me gustó nada más verla, así que la observé con interés, seducido por la salud que emanaba su tez bronceada, la finura de sus rasgos faciales y las curvaturas de su cuerpo que, de inmediato me hicieron imaginar placeres concretos. Como soy un tipo educado, mi observación era disimulada y si me cazó en varias ocasiones mirándola fue por razones que nada tenía que ver con la casualidad sino con una innata atracción mutua. A la tercera coincidencia, ninguno apartó la vista, y nos sonreímos, dándonos a entender que ya éramos grandes para ser tan boludos. Visto que además había cerrado el libro, interpreté la escena como una invitación y, ni corto ni perezoso, me acerqué y pregunté si podía sentarme a su mesa. &lt;br /&gt;- claro, sentáte – contestó sin perder la sonrisa &lt;br /&gt;- no sé si viniste a leer o no pero, en cualquier caso, está claro que te impresioné &lt;br /&gt;Por un instante pareció sorprendida pero no se ofendió lo más mínimo y me siguió el juego a la par:&lt;br /&gt;- podría decirte que no y hacerme la interesante pero, prefiero ser sincera y decirte que sí; me impresionaste…..me gusta tu estilo&lt;br /&gt;- como decía una vieja propaganda de cierto perfume: “la primera impresión es la que cuenta” y, en tu caso, también la segunda, porque es una grata sorpresa ver que estás leyendo a Clarice Lispector&lt;br /&gt;- en realidad la estoy releyendo, porque hace tiempo que leí toda su obra….me gusta leer para aprender más sobre la vida y no simplemente por entretenimiento o adquirir más cultura….eso me parece demasiado simple….y con el cine me pasa tres cuartos de lo mismo&lt;br /&gt;Continuamos cambiando pareceres sobre las diferentes formas de arte y la vida, la decaden
